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Carmelo Jordá

Rita Maestre nos toma por gilipollas

Pasarse ocho días contando 200.000 votos no es un "éxito rotundo y sin paliativos", sino una demostración de incompetencia sólo al alcance de los podemitas.

Carmelo Jordá
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Pasarse ocho días contando 200.000 votos no es un "éxito rotundo y sin paliativos", sino una demostración de incompetencia sólo al alcance de los podemitas.
EFE

Que haya que montar una votación para decidir determinados aspectos de la política municipal es como mínimo discutible. Personalmente, creo que las cosas importantes deben ir en los programas electorales, y ya entonces la gente las votará o no; y para las cosas que no son importantes… pues no hace falta ir molestando a la gente e ir gastando dinero. No obstante, estoy dispuesto a escuchar y aceptar algunas razones a favor de la participación ciudadana y todo eso.

Como les digo, me parece que es un tema del que se puede hablar, aunque este artículo no lo vamos a dedicar a esa cuestión.

Lo que no es discutible es que si montas un sarao al que llamas "la gran votación", te gastas más de un millón de euros en ello –eso que se haya reconocido, en realidad el coste ha sido mucho mayor–; si abres el censo a los menores de 18 años que habrían podido hacer algo parecido a votar por primera vez en su vida; si llenas la ciudad y las redes sociales de publicidad… Si haces todo eso, digo, y luego te vota menos del 8% del censo, no has tenido un "éxito de participación rotundo y sin paliativos".

Lo que es innegable es que ese 7%, menos de la mitad de los que votaron a Podemos en las pasadas elecciones municipales, no demuestran que "los madrileños tenían ganas de participar", más bien lo contrario.

Lo que no es discutible es que pasarse ocho días contando 200.000 votos no es un "éxito rotundo y sin paliativos", sino una demostración de incompetencia sólo al alcance de un grupo de políticos especialmente amateur, como es Ahora Madrid.

Lo que es difícil de defender con lógica es que permitir que 2.500 personas decidan cambiar el nombre a un parque sea la mayor votación ciudadana de la historia. Será, eso sí, el juguetito de un grupo de comunistas que sólo ha aprendido una cosa de la historia de los totalitarismos: cómo manipular mecanismos aparentemente democráticos para hacer lo que les da la real gana.

Me habría parecido razonable que Maestre y Ahora Madrid dijesen que ese millón gastado –cinco euros por cada voto– ha sido un primer paso positivo, algo en lo que hay que profundizar… En fin, que nos hubiesen tratado de convencer de que la cosa no ha estado mal del todo y de que puede estar mejor en el futuro. Pero que con las cifras en la mano intenten que compremos eso como un gran éxito de participación –¡del 7%!– es la demostración definitiva, si es que hacía falta, de que nos toman por gilipollas.

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