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Aznar y el voto cautivo del PP

¿Ha respetado el PP a su electorado a lo largo de estos últimos cuatro años? ¿Ha cumplido sus compromisos? ¿Ha escuchado a los ciudadanos?

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El pasado 28 de junio, el denostado, por los actuales dirigentes de su partido, presidente de honor del PP, José María Aznar, hacía a lo largo de una entrevista en ABC un demoledor diagnóstico de la situación de la formación política que él refundó en el Congreso de Sevilla de abril de 1990 y con la que gobernó España durante ocho años.

A doce días de unas trascendentales elecciones generales para el futuro de nuestra nación y con unas encuestas que dan al PP como el partido más votado pero con una considerable merma de escaños respecto a los 186 que consiguió en 2011, lo cual le complicaría mucho la posibilidad de formar Gobierno, no está de más recordar algunas de las cosas que dijo en esa entrevista el expresidente Aznar. A la pregunta de los motivos por los que el PP había perdido 2,5 millones en las elecciones municipales del pasado mes de mayo, el otrora líder del PP decía:

No hay electorados cautivos, no hay votos cautivos, ni siquiera el mío. Mi voto no es cautivo. Los electorados se respetan. Los compromisos se cumplen. Al ciudadano se le escucha. No hay votos prisioneros.

Y más adelante, en esa misma línea, añadía:

El mensaje de "nos vais a votar porque no tenéis más remedio" es inaceptable. Mucha gente no está dispuesta a que su voto se considere cautivo.

El gran problema que tiene el PP para recuperar una parte importante de esos aproximadamente 2,5 millones de votos que se ha ido dejando en el camino en esta última legislatura es precisamente el que señala Aznar: hay mucha gente que les votó en el 2011 que no se reconoce en este PP, en el PP de Rajoy o de Soraya, porque ya no se sabe quién es el candidato, o mejor dicho, sí se sabe: si las cosas vienen mal dadas, el actual inquilino de La Moncloa será invitado por los suyos a dar un paso atrás, y entonces su elegida será la actual vicepresidenta. La duda que puede existir es si otros dirigentes del partido con muchos más trienios que Soraya permanecerán impasibles ante esa designación a dedo o pedirán un Congreso abierto "sin tutelas ni tutías", que diría el difunto Fraga.

¿Ha respetado el PP a su electorado a lo largo de estos últimos cuatro años? ¿Ha cumplido sus compromisos? ¿Ha escuchado a los ciudadanos? Las respuestas a estos tres interrogantes planteados por Aznar son tres noes como tres soles, por mucho que ahora intente Rajoy arreglar en quince días el desaguisado que ha provocado en su electorado en estos cuatro años que lleva en La Moncloa.

Respecto a la segunda parte del argumento de Aznar, lo del voto del miedo, en los últimos días, y ante el imparable ascenso de Ciudadanos, es algo que los Moragas y Arriolas de turno están intensificando con diversas formulaciones: votar a Ciudadanos es votar a Pedro Sánchez, Rajoy encarna la experiencia frente a estos candidatos novatos, el PP es un partido sólido que no se ha formado en tertulias de café o en platós de televisión, y así sucesivamente.

Apelar al voto del miedo es tomar por tontos a los ciudadanos, considerarles unos menores de edad sin capacidad ni criterio para discernir qué es lo mejor para el futuro de nuestro país. Las recientes elecciones en Cataluña ya pusieron de manifiesto que, si hubo un voto útil de los no nacionalistas, este se agrupó en torno a Ciudadanos y no en torno al PP. ¿Por qué piensan los dirigentes populares que eso no puede tener una traslación, en todo o en parte, al resto de España el próximo día 20?

Al hilo de la reflexión hecha por Aznar hace cinco meses sobre el voto cautivo, "no hay votos cautivos, ni siquiera el mío", uno podría preguntarse si el 20-D el expresidente va a votar o no a su partido. Dando por sentado que eso es algo que corresponde a su ámbito de decisión personal y que solo el propio interesado, si lo considerara oportuno y necesario, podría desvelar, las dudas sobre lo que puedan votar dentro de doce días no sólo el ciudadano José María Aznar López, sino todas aquellas personas que han votado en el pasado al partido de la gaviota y que tienen muy claro que el PP de Rajoy no se parece en casi nada al PP de Aznar, son más que razonables. Y debería ser, si no lo es ya, un motivo de seria preocupación en Moncloa y en la calle Génova.    

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