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PP vasco: De derrota en derrota hasta...

El PP tiene su sentido en el País Vasco y en Cataluña si da la batalla política e ideológica al nacionalismo

Cayetano González
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En las elecciones europeas del pasado 25-M, el PP obtuvo en el País Vasco 77.476 votos (10,40%), uno de los peores resultados de su historia. Para hacerse una idea de la debacle de los populares vascos baste comparar ese resultado con el mejor que ha tenido el PP: en las elecciones autonómicas vascas de mayo de 2001, la candidatura a lehendakari encabezada por Jaime Mayor Oreja tuvo 327.000 votos (23,12%). Y para los que sostienen que no se deben comparar resultados de elecciones diferentes pongamos otro ejemplo: en las europeas del 2009, la candidatura popular, que también encabezaba Mayor Oreja, sacó en el País Vasco 117.057 votos (16,03%). Es decir, en trece años, el PP vasco ha perdido 249.500 votos respecto a su mejor resultado y 40.000 respecto a las anteriores elecciones europeas.

Siendo ya de por si los anteriores datos bastante elocuentes del desastre electoral en el que se han instalado en los últimos años los populares vascos, se puede profundizar un poco más en el con algunas otras anotaciones. El PP, en las elecciones europeas de hace dos semanas, al igual que ya sucedió en las últimas elecciones autonómicas, fue la cuarta fuerza política del País Vasco, a gran distancia del PNV (208.000 votos), de Bildu (177.000) e incluso por detrás del PSOE (104.000). Pero es que la formación de Pablo Iglesias, Podemos, quedó a sólo 25.000 votos de los populares en el conjunto de la Comunidad Autónoma Vasca, viéndose reducida esa distancia a tan sólo 3.500 votos en el caso de Guipúzcoa, donde el PP con el 8,05% de los votos va camino de convertirse en un partido extraparlamentario. ¡El PP de Guipúzcoa! que lideró Gregorio Ordoñez y que ahora está en manos de Borja Semper, ese que dijo que el futuro de Euskadi hay que construirlo con Bildu y al que La Sexta promociona en sus programas como el nuevo rostro de los populares.

No se sabe por cuál de los anteriores datos, por el conjunto de ellos o por alguna otra razón, la actual Presidenta de los populares vascos, Arantza Quiroga, ha dicho este domingo en Deia, el periódico del PNV, que "se va a ver un cambio de actitud en el PP vasco". Temerosa quizás de que se le hubiera ido la mano en tan atrevida afirmación, la lideresa vasca del PP añadió, quizás para tranquilizar a su cada día más exigua parroquia electoral: "eso no quiere decir que nos vamos a convertir en nacionalistas o apoyar el derecho a decidir". Los sufridos militantes y votantes del PP vasco habrán podido respirar tranquilos tras esa aclaración, pero sólo eso, porque por lo demás nadie sabe muy bien lo que ha querido decir la señora Quiroga.

El PP vasco empezó su declive ideológico, político y por supuesto electoral en mayo de 2008 cuando María San Gil, harta de la vaciedad política de Rajoy, de su temor –confirmado luego por los hechos- que iba a dejar hacer y posteriormente a heredar el "proceso" de negociación política de Zapatero con ETA, y de sus veleidades con los nacionalistas que pretendía plasmar en la ponencia política del Congreso de Valencia con la ayuda de José María Lasalle, Alicia Sánchez Camacho y el actual ministro José Manuel Soria, decidió irse a su casa. A San Gil le sustituyó un "voluntas" de la política, Antonio Basagoiti, que no tuvo los arrestos suficientes para frenar a los Oyarzabal, Semper y Maroto de turno, auténticos propulsores de lo que ellos mismos llamaron el PP "guay", moderno, simpaticón, al que, decían, había que sacar de las catacumbas y abrirse a la sociedad, al mismo tiempo que abominaban de todo lo que pudiera sonar al PP de la etapa de Jaime Mayor, Carlos Iturgaiz o la propia San Gil.


Tras la debacle electoral de las autonómicas de 2012, Basagoiti cogió la maleta y se fue a México donde actualmente vive a resguardo de un trabajo en una importante entidad bancaria de nuestro País. Basagoiti dejó como sucesora a Arantza Quiroga que al cabo de unos meses quiso ser revalidada como lideresa en un Congreso celebrado el pasado mes de marzo y que fue noticia no por lo que allí se debatió, que no fue nada, sino por la bronca que produjo su decisión de sustituir a Iñaki Oyarzabal como secretario general. Desde entonces, la guerra interna entre Quiroga y los populares alaveses comandados por Alfonso Alonso se mantiene abierta, mientras que la presidenta busca el amparo y el apoyo en la cada vez más debilitada organización del PP en Vizcaya. Pero los alaveses la esperarán en próximas contiendas electorales y seguramente la pasarán factura.

Con todos estos dimes y diretes entre unos dirigentes políticos bastante mediocres, el PP vasco ha dejado de ser un referente ético y moral para muchos ciudadanos en toda España y un partido útil para todos aquellos ciudadanos vascos que no son nacionalistas y que tampoco quieren votar a un partido como el PSE capaz de negociar con ETA un mal llamado "proceso de paz" o de apoyar –lo veremos más pronto que tarde- a Bildu sin ningún rubor. Y cuando un partido pierde el sentido de utilidad para sus potenciales votantes, el fracaso está asegurado.

Por eso, a expensas que Quiroga explique con detalle en que consiste ese "cambio de actitud", debería tener en cuenta que el PP en el País Vasco, al igual que en Cataluña, tiene su sentido en la defensa de los valores constitucionales, de la unidad de la Nación, de la igualdad de los ciudadanos de esa Comunidad Autónoma sin que el hecho de no ser nacionalistas suponga una discriminación. Es decir, el PP tiene su sentido en el País Vasco y en Cataluña si da la batalla política e ideológica al nacionalismo, porque si no lo hace lo que sucede es que acaba confundiéndose en el paisaje con este. Y ya se sabe que entre el original y la fotocopia, la gente elige el primero, que es justamente lo que le está pasando al PP a la vista de los resultados electorales cosechados por los populares en las citadas Comunidades Autónomas. Una última duda: ¿le importa algo de esto a Mariano Rajoy, o le da lo mismo pensando que es mejor entenderse con el PNV y CIU, aunque sea a costa de que su partido sea políticamente irrelevante en el País Vasco y en Cataluña?

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