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Los líos del PSOE

Tras cosechar el pasado 20-D los peores resultados de su historia, Pedro Sánchez y el PSOE se enfrentan el 26-J a unas elecciones muy complicadas.

Cayetano González
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EFE

Que el debate de los últimos días en el seno del PSOE haya sido si Eduardo Madina debe ir en el número 5 de la lista por Madrid en lugar de en el 7 en las elecciones del 26-J da una idea muy exacta de cómo está el partido fundado por el verdadero Pablo Iglesias. Y lo gracioso es que ese debate lo ha suscitado y alentado la principal responsable de la derrota de Madina en las primarias del PSOE celebradas en julio de 2014. La gente ya no recuerda que fue Susana Díaz la que, enrabietada por que el político vasco mantuviera su exigencia de primarias –ella aspiraba a ser llevada en volandas a la secretaría general tras la marcha de Rubalcaba–, decidió castigarle y dar su apoyo y el de la federación andaluza a Pedro Sánchez. Se puede colegir que a Susana Díaz le ha pasado con Sánchez lo mismo que a Aznar con Rajoy: con el paso del tiempo, ambos se han arrepentido de la elección que hicieron.

Es evidente que el PSOE no resolvió bien en su momento, 1997, la sucesión de quien había sido su líder desde el Congreso de Suresnes, Felipe González. Y desde entonces ha ido dando tumbos, también durante los siete años en que Zapatero fue presidente del Gobierno. Muchos de los males actuales de los socialistas son consecuencia directa de la radicalidad en el discurso y en las políticas del expresidente.

Tras cosechar el pasado 20-D los peores resultados de su historia (5,5 millones de votos y 90 diputados), Pedro Sánchez y el PSOE se enfrentan el 26-J a unas elecciones muy complicadas, en las que ambos se la juegan. Nadie duda de que si Sánchez baja, aunque sólo sea un escaño, tendrá que irse a su casa y el PSOE elegir un nuevo secretario general.

Pero ese no sería el principal problema si no viniese acompañado por el temor a dejar ser, electoralmente hablando, el referente de la izquierda. El famoso sorpasso de la coalición Podemos-IU es algo que está ahí, y la única manera de entender por qué Pablo Iglesias ha dejado pasar la oportunidad de pactar con el PSOE y optado por unas nuevas elecciones. El líder de Podemos cree que puede conseguir superar a los socialistas y convertirse de esa manera en el primer partido de la izquierda en España.

Por eso se explican muy mal los líos y los enredos en los que el PSOE se metió en la semana en que el Rey, tras su tercera ronda de consultas, constató que no había posibilidades para proponer un candidato a la investidura y que, por tanto, no quedaba otra que disolver las Cortes y convocar nuevas elecciones.

Que el PSOE haya sido noticia estos días no sólo por el sitio que debe ocupar Madina en las listas sino por el abandono del barco –una vez más, habría que subrayar– de Carme Chacón o la espantada de Irene Lozano, un fichaje muy personal de Pedro Sánchez para la candidatura de Madrid el pasado 20-D, no es una buena forma de encarar el 26-J.

No le faltaba razón a Sánchez cuando en el Comité Federal del sábado pedía unidad a los suyos y que dejaran de proyectar una imagen de división. El problema es que quien más atiza periódicamente esas peleas y esos líos internos es Susana Díaz, que, por otra parte, no se ha atrevido a dar el paso al frente y venirse a Madrid, como le pedían varios barones de su partido, por un puro cálculo electoral en clave personal: el temor a perder unas elecciones generales con Rajoy.

El PSOE tiene muy poco tiempo para intentar elaborar y plantear un discurso que pueda atraer y recuperar a ese electorado que en una proporción importante le ha ido abandonando en las últimas citas electorales y se ha ido a Podemos. Y, desde luego, con las peleas internas, las posibilidades de que Podemos-IU dé el sorpasso serán mayores.  

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