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Rajoy y sus amigos

Estas actuaciones no le saldrán gratis en un futuro inmediato. Los casos de corrupción que afectan al PP le han pasado y le seguirán pasando factura.

Cayetano González
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José Manuel Soria y Mariano Rajoy | EFE

Que el presidente del Gobierno en funciones es amigo de sus amigos quedó meridianamente claro el pasado viernes por la noche, cuando, sólo dos minutos después de perder su investidura y de haber abandonado a toda prisa el Congreso de los Diputados, el Ministerio de Economía hizo pública su decisión de proponer al exministro de Industria, José Manuel Soria, para un puesto directivo del Banco Mundial.

No es la primera vez que Rajoy da muestras de esa fidelidad en la amistad a las personas que aprecia. La más conocida quizá sea el famoso sms -¡en buena hora se le ocurrió escribirlo!- a su amigo Bárcenas: "Luis, lo entiendo, sé fuerte, mañana te llamo", que le ha costado tantos quebraderos de cabeza. Posteriormente se resistió contra viento y marea a destituir a su amiga, Ana Mato, a la sazón ministra de Sanidad, cuando se vio salpicada por el caso Gürtel, hasta que no tuvo más remedio que dejarla caer. Por no hablar de su amigo el ministro de Interior, Jorge Fernández, que sigue en su puesto después de haber sido grabado en su despacho oficial manteniendo conversaciones poco claras con el entonces responsable de la Oficina Antifraude de Cataluña.

Por eso no es verdad que Rajoy entendiera todas las partes del no que desde el pasado mes de diciembre le ha dado Pedro Sánchez. Rajoy no quiere aceptar que el rechazo que su persona, desde el punto de vista político, produce en la mayor parte de los partidos del arco parlamentario es la verdadera causa del bloqueo institucional. Y lo que es más importante: con los hechos demuestra que no ha entendido el hartazgo que en la ciudadanía produce la corrupción de los políticos, el abuso de poder o la prepotencia en el ejercicio del mismo.

Porque en el nombramiento del exministro Soria hay una mezcla de todo eso: hay una utilización política de los mecanismos legales para promocionar a un puesto ejecutivo importante en un organismo internacional relevante a una persona que tuvo que dejar su silla en el Consejo de Ministros por haber mentido acerca de lo que tenía o dejaba de tener en paraísos fiscales. Y quien está éticamente incapacitado para seguir siendo ministro también lo está para ocupar un cargo ejecutivo importante en el Banco Mundial, remunerado con 226.000 euros al año libres de impuestos. Hay abuso de poder y prepotencia en el ejercicio de este, porque de sobra sabía Rajoy que el nombramiento de Soria iba a producir escándalo y estupor en la opinión pública, incluso dentro de su propio partido; pero da toda la impresión de que al presidente en funciones eso le da igual.

Estas actuaciones no le saldrán gratis en un futuro inmediato. Los casos de corrupción que afectan al PP le han pasado y le seguirán pasando factura. Con nombramientos como el de Soria, seguir manteniendo que su Gobierno es el que más ha luchado contra la corrupción no son más que palabras vacías, y sus promesas de regeneración democrática no tienen ninguna credibilidad. Por eso Rajoy debería entender de verdad el no de Sánchez, o que su socio de investidura, Albert Rivera, le espetara en el debate que no se fiaba de él, lo cual no deja de ser también un cierto ejercicio de masoquismo por parte de Ciudadanos: pactar con alguien con el que no irías ni a la vuelta de la esquina no se entiende bien.

Rajoy se puede empeñar en seguir al frente del PP e intentar de nuevo su investidura. Pero eso no es incompatible con que transmita una imagen de político acabado, en tiempo de descuento, sin ninguna capacidad ni credibilidad para liderar la regeneración política que España necesita. A lo mejor es precisamente por eso por lo que se atreve a llevar adelante nombramientos como el de Soria. Pero el espectáculo no deja de ser lamentable y bochornoso.

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