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Cristina Losada

Artur, el ajedrez y los osos panda

Mas engaña doblemente a los ciudadanos de Cataluña. Porque la secesión los dejaría fuera de la UE y el ingreso exige dar más de dos mil pasos.

Cristina Losada
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Los euroescépticos no abundan a este lado del Canal de la Mancha, y es por ello que Artur Mas y sus correligionarios pregonan a diario que una separación de Cataluña de España no afectaría en nada a la pertenencia a la Unión. Saben bien que el favor de que goza su proyecto secesionista se desinfla si ello implica –como implica– salir de la sociedad europea y ponerse a la cola detrás del último. Nadie quiere quedarse a la intemperie. Nadie salvo los cuatro gatos dispuestos a volver a la Edad de Piedra si tal fuera el precio de levantar un telón de acero entre Cataluña y el resto de España. De ahí que Mas insista en que no habrá problema alguno, pese a evidencias y antecedentes. Y por qué cortarse. Los grandes manipuladores saben que, por paradójico que parezca, antes cuela una mentira gorda que un embuste de andar por casa.

Tan es así que Mas llegó a decir que el ingreso en la UE de un futuro Estado catalán sería un trámite de 24 horas en Bruselas. Nada, un papeleo de poca monta que se resuelve entre un desayuno y el siguiente. O sea, lo nunca visto en el laberinto europeo, y menos cuando se trata de ingresar. Pues las negociaciones son tan prolijas y los acuerdos necesarios tan numerosos, que el proceso recuerda a la leyenda de los granos de trigo y el ajedrez. Se cuenta que el inventor del ajedrez pidió al rey como recompensa un grano de trigo por la primera casilla, el doble por la segunda, el doble de eso por la tercera y así, en similar progresión, hasta completar las sesenta y cuatro. La cantidad era tal, que no había trigo suficiente en el mundo para pagar al avispado inventor.

Nuestro avispado Mas engaña doblemente a los ciudadanos de Cataluña. Porque la secesión los dejaría automáticamente fuera del club europeo y el ingreso exige dar más de dos mil pasos, siempre amenazados por posibles vetos. Esto, según cálculos publicados en el diario El País, que han hecho recapacitar al vicepresidente Almunia. Basta comprobar cuánto tardaron en recorrer ese calvario los países que lograron superarlo. Croacia, por ejemplo. Solicitó el ingreso en 2003, tres años después se abrió el primer capítulo de negociaciones, en 2011 se cerró el último de los 35 capítulos, y el 1 de julio del año próximo será un Estado miembro. Total, diez años entre la presentación en ventanilla y el acceso. ¡En veinticuatro horas, decía Mas!

Sólo hay un problema que se ahorraría una Cataluña independiente. Es uno, y muy serio, que se ha planteado en Escocia: el destino de la pareja de osos panda que vive en el zoo de Edimburgo por un acuerdo entre el Gobierno británico y el chino.

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