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Cristina Losada

La estratosfera del PP

El PP nacional tiene necesidad de buenas noticias que le reafirmen que va por el buen camino, sea cual sea la senda en cuestión.

Cristina Losada
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El PP nacional tiene necesidad de buenas noticias que le reafirmen que va por el buen camino, sea cual sea la senda en cuestión.
Pablo Casado y Alberto Núñez Feijoó | Álvaro Ballesteros (Europa Press)

Las mayorías absolutas del PP gallego de Fraga no se celebraban como se ha celebrado ésta de Feijóo. Y eso que tres de las que tuvo don Manuel fueron verdaderamente estratosféricas, por usar el término de Feijóo para referirse a la suya. Superaron el cincuenta por ciento del voto. La primera de esas dimensiones, en 1993, batió el récord de todas las elecciones, tanto generales como autonómicas, realizadas hasta aquella fecha. Pero no constan recibimientos y ovaciones como los dedicados a Feijóo en la Ejecutiva Nacional. Un entusiasmo que, visto fríamente, que es como hay que ver los estados de entusiasmo políticos, aparece como signo de un estado de necesidad. El PP nacional tiene necesidad de buenas noticias que le reafirmen que va por el buen camino, sea cual sea la senda en cuestión.

El ovacionado se congratuló de que no hubieran entrado en el Parlamento los extremos, ni de izquierda ni de derecha, lo cual nos deja la duda de si el Bloque Nacionalista Galego está, a su juicio, en la virtuosa moderación. Bueno es saber, en todo caso, que el segundo triunfador de la noche será separatista y albergará a comunistas, pero no acampa en el territorio del extremismo, según el mapa de Núñez Feijóo. Tiene lógica, no obstante, que esté satisfecho con el regreso a un Parlamento de tres partidos. Es el reparto acostumbrado. Son, por así decir, los tres partidos del régimen. Y ese tripartito no se ha instalado sólo por obra y gracia de los votantes, sino por un cambio legal que, a principios de los 90, subió del 3 al 5 por ciento el mínimo para obtener representación. Esta barrera también impide la entrada de moderados en la Cámara, pero conviene a los favorecidos.

Desde la estratosfera se habrá celebrado, seguramente, que el Bloque supere al PSdG por segunda vez en la historia electoral gallega. Pasó en 1997, con Beiras al frente del nacionalismo izquierdista. Y ahora como antes, al PP gallego le satisface este sorpasso. Lo ha promovido en más de una ocasión para mantener a raya al rival más preocupante. Pero el descenso de los socialistas a tercera no debería llevar al PP a hacer una fiesta. Pinchan en las autonómicas, sí, pero en las dos últimas generales, primero superaron a los populares y después empataron con ellos. Cuando antes el PP se hacía tranquilamente con bastante más de la mitad de los escaños gallegos en el Congreso. Claro que hay que ser muy aguafiestas para pensar en estos contratiempos en plena celebración.

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