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Cristina Losada

Verde que te quiero verde Errejón

Los Verdes alemanes han hecho algo impensable aquí: se han coaligado tanto con socialdemócratas como con conservadores y liberales.

Cristina Losada
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Los Verdes alemanes han hecho algo impensable aquí: se han coaligado tanto con socialdemócratas como con conservadores y liberales.
EFE

Con un pequeño gran triunfo de Más Madrid por aquí y unos buenos augurios para los Verdes alemanes por allá, se está armando un número de magia del que Errejón va a salir transformado en Annalena Baerbock, la líder de Alianza 90/Los Verdes que algunos pitonisos ven como próxima canciller alemana. Es ciertamente una comparación muy forzada la que se está haciendo entre unos resultados regionales, que han dejado a Más Madrid fuera del Gobierno regional, y los pronósticos para unas generales de un partido que está desde 1983 en el Bundestag. Ni Harry Potter con la varita de saúco lograría aquella metamorfosis política.

No es la primera vez que se establece parentesco entre el partido alemán, surgido en 1980 de una amalgama de izquierda radical muy específica de la circunstancia alemana de la época, y el partido del que se escindió Errejón hace pocos años. Al calor de los primeros avances podemitas, hubo quien vio allí la semilla de una nueva izquierda al estilo europeo y el germen de unos Verdes, el más exitoso de los partidos europeos abonados al credo ecológico. El tiempo ha dado la razón a quienes se obstinaron en no ver aquel germen y observaron que las referencias de Podemos no estaban en Europa, sino en Sudamérica.

Cuando Errejón se fue de Podemos y montó su propio chiringuito, impulsado por Carmena y, al fondo, por el PSOE, que vio la utilidad de dividir el voto a su izquierda, tuvo que inventarse una nueva identidad. Una parte de la invención, tampoco muy imaginativa, fue recurrir al tono verde, que lleva años en el mercado, oscilando entre unos partidos y otros, siempre en el área izquierda e incapaz de sostenerse por sí solo. El tono verde Errejón no es el que venía de fábrica: fue un arreglo de chapa y pintura para distinguirse del morado que acababa de abandonar. Pero por pintar la carrocería de verde, y hacer suyas, igual que tantos otros, las ya tópicas propuestas ecologistas, ni su partido, ni ningún otro en España, será como los Verdes alemanes. El fermento que dio lugar a los Verdes simplemente no ha existido aquí.

Ya no son los Verdes los radicales alternativos que fueron en los ochenta. Pero, aparte de lo peculiar de su trayectoria ideológica y programática, ocurre que, al contrario que el chiringuito de Errejón, tienen experiencia de gobierno desde hace décadas. Estuvieron en los dos Gabinetes Schröder entre 1998 y 2005, y allí se comieron crisis como la participación alemana en las guerras de Kosovo y Afganistán, con Joschka Fischer en Exteriores, y se tragaron recortes del Estado del Bienestar. Por cierto: Schröder avisaba no hace mucho de que a la actual líder de los Verdes le falta experiencia de gestión y de que el partido con el que gobernó en su día no está en condiciones de dirigir una nación industrial.

Los Verdes alemanes han hecho algo impensable aquí, y tanto para los de la cuerda de Errejón como para sus pares de la izquierda: se han coaligado tanto con socialdemócratas como con conservadores y liberales. La pureza ideológica de las alianzas no es lo suyo. Lo mismo entran en un Gobierno regional con los rojos que con los negros y los amarillos, y forman coaliciones semáforo, jamaica o kenia. Al partido de Errejón le falta más de un hervor para alcanzar esa plasticidad. Los Verdes tardaron dieciocho años en llegar al Gobierno federal, y cuarenta y un años después de su fundación son los primeros en intención de voto. A Errejón hay que decirle: ¡paciencia y barajar! Y de aquí a 2050, año que coincide con el horizonte estratégico que nos va poner Sánchez para modernizar.

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