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El aficionado ya no existe para nadie

Esta semana hemos visto ejemplos claros. Hemos visto a Kepa y a Thibaut Courtois.

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Courtois en el Vicente Calderón. | Archivo

Las ilusiones se van acrecentando año tras año, pagan religiosamente un abono anual que no es nada barato en la mayoría de los casos. Se hacen fuertes ante la adversidad de una derrota de su equipo, se alegran tras una victoria como si les fuera la vida en ello. Son el motor del fútbol, son el alma de un deporte cada vez más aburguesado. Es la gente que mueve todo el circo, pero este circo, a su vez, les ha abandonado, les toma como títeres con la continua connivencia del jugador, cada vez más alejado del sentimentalismo. Hay que asimilarlo y cuanto antes lo hagamos, mejor. El fútbol abandona poco a poco a la gente que lo quiere.

Esta semana hemos visto ejemplos claros. Hemos visto a Kepa abandonar el Athletic, el club de su vida, tras sólo 54 partidos en la élite. Eso sí, dirección Chelsea y para convertirse en el portero mejor pagado de la historia. 80 millones de claúsula. Ganan todos, el Athletic porque tiene un dineral que, es verdad, casi nunca gasta, pero que le viene bien para posturear con su muy buena economía. También gana el equipo inglés porque se lleva al portero de moda del fútbol español, al que la Premier le viene de maravilla. Todos ganan, menos uno, el aficionado del Athletic, que se queda sin su portero. Es evidente que saldrán adelante, siempre lo han hecho, pero no es menos cierto que los únicos que mantienen el corazón en vilo por los colores son los que se sientan cada semana en su butaca. Eso es la fidelidad.

También hemos visto a Courtois, el portero belga que militaba en el Chelsea, siendo presentado esta semana en el Real Madrid. Este tipo espigado, grandísimo portero de fútbol, se hizo mayor en el Atlético, el eterno rival, pero resulta que, sin saberlo, era madridista desde pequeño. Son las cosas que tiene este mundo, que algunos jugadores creen que somos imbéciles. Courtois ganó una Liga, una Copa, una Europa League y una Supercopa de Europa con el club rojiblanco, saltó desesperadamente gritando el famoso "salta, salta pequeño canguro..." en una celebración colchonera y recibió un mecherazo en el Bernabeu de la afición madridista aquel 17 de mayo de 2013 cuando todo se giró en la capital. El día en que el Atlético ganó la Copa y demostró que podía hacerle frente al portaviones blanco. Luego, al volver con el Chelsea al Metropolitano se emocionó al oír los cánticos atléticos y se hizo una foto con su placa en el estadio. Pero Courtois, qué cosas, es del Madrid toda la vida.

Este artículo no es para demostrar que sigue pasando lo que ha pasado siempre, pero sí sirve para dar una visión de que el fútbol se va por el desagüe si esto continúa así. El sentimiento del jugador ya no existe, no forma parte de la forma de vida del futbolista medio. El abonado sufre, al jugador le da todo igual, salvo excepciones que se cuentan con los dedos de la mano. Canteranos o raras especies que, sorprendentemente, siguen existiendo.

Que no os vendan otra cosa que la que realmente existe. Seguidores del Athletic están indignados con lo que ha hecho Kepa. Los habrá que no, por supuesto, pero un alto porcentaje no lo comprende. Al igual que los seguidores rojiblancos que están tan contentos con Jan Oblak, pero que les hierve la sangre por la cara dura de Courtois, por el poco agradecimiento al equipo que te hizo crecer.

El fútbol ya no es del hincha, es una mentira dentro de este mundo. El aficionado está maltratado de manera casi macabra y, para muestra, lo último de la Liga, el organismo que todo lo consiente. El lunes 20 de agosto a las 22.00 h hay un Athletic – Leganés de Liga. Pregunten a las peñas del equipo pepinero si han podido organizar un viaje digno para los suyos para un encuentro tan especial en la Catedral o a los del nuevo inquilino de la primera División, el Huesca, que viaja al mismo estadio el lunes 27 a la misma hora. Este fútbol moderno de ahora, incomprensible, de locos.

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