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"Pepe no, por favor, si no te importa me llamas José"

El tiempo corre hacia atrás en el cuerpo del entrenador, pareciendo más joven ahora que en 2007.

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José Bordalás. | EFE

Nunca pensó en llegar tan lejos cuando empezó a entrenar en su Comunidad Valenciana, testigo de logros significativos. Un playoff a Segunda A con un Alicante, casi en formación, otro con el Alcoyano tras lograr que el equipo fuera el mejor de la categoría en 2009. Después, una fase de ascenso, esta más meritoria, con el Elche a Primera, frustrada por el Granada de Fabri en una noche loca en el Martínez Valero. A José Bordalás (Alicante, 1965) nunca le asustaron los retos. Por eso, y tras ser destituido en el equipo ilicitano, se transformó. Se volvió más exigente consigo mismo y cruzó la línea. Había que asumir retos ilusionantes.

La llamada del Alcorcón en 2012 no le alteró. Se tomó con calma una experiencia fuera de casa, lejos del hogar, muy exitosa. El equipo alfarero logró meterse en el play off a Primera, pero sucumbió ante el potente Girona de Rubi. Después ayudó al equipo a salvarse cómodamente del descenso. Se marchó sin hacer ruido pero dejando la sensación de ser uno de los entrenadores que marcó al equipo en la historia reciente.

Sus dos últimos destinos no han podido ser mejores si de resultados se trata, que en el fondo, fuera de poesía, es lo que cuenta. En los últimos cuatro años, ascenso con el Alavés, con el Getafe, temporada majestuosa con los azulones en Primera (octavos el año pasado) e historia viva del fútbol moderno la que escribe este año. Bordalás tiene al equipo cuarto, en zona de Champions.

Dicen de él, los que le conocen bien, que es un tipo extraordinario, serio pero risueño, trabajador. Fuera del estereotipo que vemos en las ruedas de prensa. Distante con los medios, quizá por timidez, me cuenta un íntimo amigo suyo, pero no por desdén hacia la prensa. Sin embargo ha dejado claro en algún post partido que, precisamente, las cosas las dice claras, que no es tibio. Bordalás no se calla, si tiene que discutir discute, se enfrenta, mira retador al que tiene enfrente.

En una ocasión, cuando entrenaba al Hércules, me concedió una entrevista. Fueron diez minutos de altibajos. Contestaciones cortas alternadas con lecciones de fútbol. Me acuerdo que en aquella ocasión ya me dijo una frase que se me quedó marcada. "Mis equipos trabajan, están juntitos, y eso, a lo mejor, es la forma que tenemos de jugar bien. Yo considero que juego bien si consigo minimizar al rival". Este Getafe tiene mucho de eso. En un momento de esa charla, al referirme a él como Pepe, me dijo muy serio. "Pepe no, por favor, si no te importa me llamas José". Ahí ví que yo tenía las de perder, asumí que él tenía el mando. Tuve que tragar saliva con la respuesta, pero la conversación, afortunadamente, siguió adelante.

Ahora Bordalás está en un buen momento. Incluso el físico le acompaña en un cambio brutal experimentado desde hace 12 años. Tanto que parece que el tiempo corre hacia atrás en el cuerpo del entrenador, pareciendo más joven ahora que en 2007. Asume todo lo que le está pasando con calma, sabe que está haciendo historia, escribiendo la página más bonita de este club desde que subió a Primera en 2004. El Getafe luchará, si no pasa nada raro, por Europa, pero es verdad que le pueden venir mal dadas en una fase de la temporada exigente. El otro día le decía a Rubén Cañizares en ABC que "la salvación es el objetivo". Se conseguirán más cosas si no vas por la vida creyéndote superior. Él sabe que este es el camino.

Daniel Blanco es subdirector de El primer palo

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