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Indiana deja la presidencia en bandeja a Hillary Clinton

La exsecretaria de Estado es tan mala candidata que Donald Trump es el único rival frente al que gana en todas las encuestas.

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Se esperaba que Trump ganara las primarias de Nueva York y más tarde en todos, o casi todos, los estados del noroeste. El problema es que no ganó. Arrasó. Superó el techo que hasta entonces mantenía en casi todas las elecciones de alrededor de un 40% y empezó a entreverse la posibilidad de que el millonario alcanzara la mágica cifra de 1.237 delegados y evitara así una convención dividida. Las primarias de este martes en Indiana se convirtieron por tanto en la clave. Si no ganaba Cruz, Trump lo tenía hecho. Y no ganó. Se lo llevó el Donald con comodidad, superando el 50% de los votos.

Ted Cruz sabía de la importancia de la cita y por eso decidió hace una semana anunciar que llevaría como candidata a la vicepresidencia a Carly Fiorina. Fue un último intento de que los medios se olvidaran por un rato de la racha triunfal de Trump en el noroeste y se centraran un poco en él. Hasta Kasich se avino a no hacer campaña en Indiana a cambio de que Cruz hiciera lo propio en otros dos estados donde el texano tenía menos posibilidades de plantar cara al líder de estas primarias. Nada ha servido, y tras la derrota Ted Cruz ha hecho lo que debía al ver que no tenía ya posibilidades, que es retirarse. Kasich, que debía haberse retirado hace meses, ha esperado a Cruz para anunciar su propio abandono. Parece claro que la única razón para mantenerse ha sido dividir el voto contra Trump, quizá buscando la vicepresidencia.

Así pues, pese a perder el estado frente a Sanders por unos pocos delegados, Hillary Clinton no sólo tiene garantizada la nominación demócrata, sino que acaba de recibir en bandeja de plata las elecciones en noviembre. La exsecretaria de Estado es tan mala candidata que Donald Trump es el único rival frente al que gana en todas las encuestas. Sólo una reciente de Rasmussen le dio ganador, pero fue una excepción incluso dentro de los continuos trackings de esa misma compañía, y no digamos ya otras encuestadoras: la media da una victoria por 6 puntos a la demócrata.

Además, estos malos resultados se están dando antes incluso de que la apisonadora mediática se ponga en marcha. La máquina demócrata de machacar candidatos está apagada, precisamente con la esperanza de que saliera elegido el millonario neoyorquino. A Marco Rubio le sacaron desde las multas de tráfico de su señora hasta que de adolescente fue detenido unas horas por estar en un parque tras la hora de cierre, porque era el candidato al que más miedo tenían con diferencia, el que no querían que saliera de las primarias bajo ningún concepto. Tampoco esperaban a Trump, pero desde que empezó a tener posibilidades fue su apuesta para poder destruirlo en las generales.

Hasta hora, Donald Trump ha sido un candidato de teflón al que nada de lo que ha hecho o dicho le ha perjudicado; su broma de que podía matar a tiros a un tipo en la Quinta Avenida y aun así ganaría ha resultado casi una profecía. Su última ocurrencia ha sido acusar al padre de Ted Cruz poco menos que de colaborar en el asesinato de Kennedy. Sí, en serio. Y pese a ello ha triunfado entre los republicanos, favorecido por unas reglas que, por mucho que haya protestado, le han venido como anillo al dedo: si cada partido tuviera las reglas del otro, los nominados probablemente hubieran sido Sanders y Cruz. Pero el magnate inmobiliario no tendrá esas ventajas en noviembre.

Se acercan unas elecciones presidenciales con los dos peores candidatos desde que tengo uso de razón. Una celebridad cuyas ideas políticas son ocurrencias de cuñado que cambian cada día y alguien que llegó a la política por ser mujer de un presidente y que está siendo investigada por docenas de agentes federales; si no fuera una Clinton y no tuviese en su mano la nominación demócrata, ahora se estaría enfrentando a una acusación de varios años de cárcel por desvelar secretos oficiales. La casi segura victoria de la corrupta Hillary tendrá consecuencias desastrosas para los republicanos: previsiblemente perderán también el Tribunal Supremo y el Senado ,y podrían incluso dejar la Cámara de Representantes en manos demócratas. Y en un año en que podían haberlo ganado todo. Pero así lo han querido sus votantes.

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