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Leticia Dolera, machista recalcitrante

El estandarte del feminismo en España, en cuanto tuvo la capacidad de tomar decisiones, se comportó como el más desalmado de los empresarios.

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La activista feminista Leticia Dolera | Gtres

Una actriz medianamente conocida, tras haber debutado en la dirección, con resultados reguleros de recaudación y un 6,1 en Filmaffinity, decidió hacerse portavoz del feminismo en España. Pese a que no se había leído ni El segundo sexo, escribió un manual de la buena feminista que se vendió muy bien y la catapultó al estatus de imagen del feminismo actual; una imagen, todo hay que decirlo, bastante más atractiva que la de Irantzu Varela o la de Barbijaputa, que sigue prefiriendo el anonimato. El libro, como cabía esperar de alguien dedicado al mundo del espectáculo, nutría al lector más de eslóganes que de argumentos con peso, e incluía barbaridades como que se ocultan los síntomas de los infartos en las mujeres porque la cultura es machista, o algo así.

Subida en la cresta de la ola, fichó para hacer una serie de ficción feminista, y entre las actrices que escogió se encontraba Aina Clotet. Poco después de ser confirmada su participación, Clotet supo que iba a tener un hijo y Leticia Dolera, la feminista, se vio obligada a despedirla porque "iba a estar muy embarazada en ciertas secuencias" y eso hacía imposible que interpretara "[ese] personaje en concreto". El estandarte del feminismo en España, en cuanto tuvo la capacidad de tomar decisiones, se comportó como el más desalmado de los empresarios.

Leticia Dolera ha intentado ofrecer todo tipo de excusas: que otras mujeres involucradas en la producción estaban igualmente embarazadas, que intentó hacer un plan de rodaje para rodar las escenas de Clotet antes de que se le notara el bombo pero le resultó imposible, que había escenas de sexo, que si hubiera sido un papel de monja igual sí habría sido posible disimularlo más... Todas ellas pueden ser muy razonables, y los que en el fondo somos gente razonable podemos entenderlas perfectamente. El problema es que Dolera jamás ha atendido al contexto cuando los acusados son otros. Así, por ejemplo, justificó el despido de las azafatas de la Fórmula 1 porque qué más daba si al final las terminarían echando por motivos como... quedarse embarazadas. Los encargados de contratarlas eran culpables, malísimos y machistas de tomo y lomo; las circunstancias y el contexto no importaban nada, tampoco la voluntad de las principales afectadas.

El problema del feminismo tóxico en el que milita Dolera es que se trata de una ideología heredera del marxismo más rancio y de ánimo esencialmente totalitario, en el sentido de que pretende que todo esté en la ideología y que la ideología explique todo. Por tanto, si a cualquier empresario le da por hablar de la faena que supone que una trabajadora valiosa quede embarazada y esté de baja un tiempo considerable, con el riesgo añadido de que pida reducción de jornada, es un machista desalmado que desprecia a la mujer y sus derechos. El contexto no importa; las circunstancias de empresario y trabajadora, tampoco. La ideología ya lo explica todo, y ante ella no caben matices ni peros.

Leticia Dolera podría haber actuado de otra manera. Podría haber intercambiado los papeles de Clotet y alguna de las actrices más secundarias, por ejemplo. Sin duda, eso habría afectado, al menos a priori, a la calidad del producto final, pero eso nunca sería excusa si el jefe que tomara esa decisión fuera un hombre y si el negocio fuera uno menos progre que el audiovisual. "Vivimos momentos en los que la verdad no te puede arruinar un buen titular. El feminismo da mucho morbo y este tema era morboso. ¡Yo no he podido hacer nada!", alega. El problema no es el morbo. El problema es que, según los criterios que ella aplica a los demás, Leticia Dolera es una machista recalcitrante. Como buena militante del feminismo tóxico que es, nunca se le ocurrirá que quizá los demás también pueden hacer cosas que parecen machistas pero que, atendiendo al contexto y a las circunstancias, no lo son. Eso jamás. Los malos siempre son los otros.

Post Scriptum: Tras publicarse esta columna, basada en las explicaciones de la propia Leticia Dolera, la actriz afectada ha roto su silencio. Resulta que sí se le ofreció un papel menor como alternativa, pero la versión de Clotet deja en mucho peor lugar a la directora, como por otra parte era de esperar. Y además todo ello se hizo sin informar nunca a Movistar+, que ahora se enfrenta al problema de tener que ofertar un producto invendible: ¿cómo vas a convencer a los espectadores de ver una serie feminista que aborda los problemas a los que se enfrentan las madres en el mundo de hoy, cuando lo que conoce todo el mundo de esa serie es que despidió a una actriz embarazada?

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