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Daniel Rodríguez Herrera

Mascarillas obligatorias y a la calle

¿Qué son las libertades de los ciudadanos frente al enorme poder que tienen en sus manos mientras dure esto?

Daniel Rodríguez Herrera
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¿Qué son las libertades de los ciudadanos frente al enorme poder que tienen en sus manos mientras dure esto?
Europa Press

Es difícil ser liberal en tiempos de pandemia. Lo es porque como siempre estamos despotricando del Gobierno y de cómo ha avanzado y abusado de su poder invadiendo espacios que debería dejar a la sociedad, cuando llega una urgencia que sí es de su competencia y reclamamos que actúe, para muchos bobos y demagogos nos estamos contradiciendo. Pero la mayoría de los liberales no somos anarcocapitalistas y vemos que el Estado tiene funciones que debe cumplir, y hay literatura de sobra explicando por qué las pandemias son una de ellas. E incluso quienes sí creen que el Estado debería desaparecer por completo saben que ahora mismo es lo que hay, y que por tanto debe tomar medidas similares a las que podrían tomar las organizaciones privadas en su ausencia.

Las restricciones a las libertades en los tiempos del coronavirus son, por tanto, perfectamente justificables desde un punto de vista liberal. Otra cosa es que dichas limitaciones deberían ser las menos y durar lo menos posible. Dado que al Gobierno de Sánchez le parecía mucho más importante celebrar su aquelarre propagandístico del 8-M que reducir el riesgo de que el virus se propagara, actuó tarde, y las limitaciones a nuestras libertades han sido mucho mayores de lo que deberían haber sido. Hemos vivido casi encarcelados y ahora estamos pasando a un periodo de libertad condicional durante al menos un par de meses más por culpa de Pedro Sánchez. Es algo que no olvidaremos jamás.

¿Podría reducirse esa restricción de nuestras libertades? Según va avanzando la pandemia y vamos teniendo más datos parece más evidente aún que las mascarillas son el elemento esencial para contener la epidemia del coronavirus. Al igual que el confinamiento no impiden que se produzcan contagios, pero los dificultan lo suficiente como para frenar la ola y permitir que no se colapse nuestro sistema sanitario.

Los mismos que jamás entendieron cómo funciona una exponencial y que consideraban que el comportamiento de la epidemia no iba a cambiar mucho por unos pocos días más sin tomar medidas, ahora repiten el error pensando que unas pocas semanas más tampoco van a marcar una gran diferencia en la destrucción económica que el confinamiento ha generado. Pero esa destrucción también sigue una función exponencial. Cada día que pasa sin volver a la normalidad es mucho más grave que el anterior. Urge por tanto que volvamos a ser libres. Con algunas restricciones en aquellos negocios que requieran de aglomerar personas en espacios cerrados, sí, y con la obligación de llevar mascarilla en la calle y en locales públicos. Una restricción de nuestras libertades, pero la menor posible que permita controlar la epidemia. Con la mirada puesta en los ingresos hospitalarios, por si hay que echar marcha atrás, pero permitiendo que cada uno viva la vida como prefiera.

Otra cosa es que el Gobierno parece haberle cogido el gusto a gobernar en estado de alarma. Amenazan con meter en la cárcel a sus críticos, avanzan en la aprobación de leyes como la que cerrará los colegios especiales o pasará la investigación de delitos de los jueces a los fiscales dependientes del Gobierno, se tiran un mes sin ser controlados por el Parlamento… ¿Qué son las libertades de los ciudadanos frente al enorme poder que tienen en sus manos mientras dure esto?

Así que, como es natural, el peor Gobierno del mundo no obliga a llevar mascarillas salvo en el transporte público y desde hace unos pocos días. Además, se ha asegurado mediante la imposición de precios máximos de que no podamos comprar mascarillas quirúrgicas, que son las más baratas de entre las que tienen eficacia probada, de modo que sólo podamos tener las que nos den ellos o, si tienes dinero y suerte, las más caras FFP2 o, si no tienes uno ni otro, las higiénicas de supermercado. No hay mascarillas suficientes, así que no pueden obligarnos a llevarlas y nos pueden seguir teniendo confinados y en estado de alarma. Que si no es lo que quieren, lo están disimulando divinamente.

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