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David Vinuesa

¡Qué Atlético-Liverpool nos perdimos!

Con un ambientazo de noche grande, el choque fue un espectáculo en la primera parte, pero en la segunda todo cambió.

David Vinuesa
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Con un ambientazo de noche grande, el choque fue un espectáculo en la primera parte, pero en la segunda todo cambió.
¡Qué Atlético-Liverpool nos perdimos! | Cordon Press

La experiencia me dice que algunos temas, llevados al extremo y repetidos una y otra vez, son como llenarse el estómago de comida basura, es decir, te sacia, te gusta en el momento en el que lo haces, pero luego acaba habitualmente con una digestión pesada. Por eso no voy a dedicar más de tres o cuatro líneas a la polémica arbitral en el Atlético-Liverpool. Mi resumen, que por supuesto algunos compartirán y otros no, es que nos perdimos una segunda parte colosal por el doble rasero nacional e internacional que los colegiados imponen a su voluntad y, cómo no, siempre protegidos por la "interpretación" del reglamento. Penalti tonto de Hermoso, penaltito a Giménez con el protocolo haciendo piruetas y roja excesiva a Griezmann. A partir de aquí, fútbol.

Fue una pena lo que pasó en la segunda parte, porque estaba siendo un Atlético de Madrid-Liverpool de museo. Un servidor llegó al partido con tiempo de sobra para ver el estadio llenarse poco a poco, pero ya en el metro, y antes de llegar a los aledaños del Metropolitano, se podía intuir que algo grande se estaba fraguando. Es de esos contextos en los que gusta estar. De esas situaciones en las que da igual las veces que hayas ido a un campo de fútbol. Mires donde mires hay algo destacable. Los hinchas del Atlético hablando de lo que puede ser el partido. Los del Liverpool, siempre cerveza en mano, cantando y haciendo guiños al rival hablando de Fernando Torres. El padre con el hijo. El abuelo arreglando la camiseta de la nieta. El amigo llamando al resto con el "ya estoy aquí, ¿dónde voy?" de siempre en los aledaños de un estadio. Lo que nos quitó el covid en su día estaba al 100% en el ambiente. Tocaba disfrutarlo y, lo reconozco, me lo pasé estupendamente.

Tras una previa de las que se echaban de menos, la primera parte del partido fue una delicia ofensiva. Primero dominó el Liverpool de Klopp, pero claro, dominó con un matiz importante ya que pudo arrollar al cuadro local porque fue precisamente el Atlético el que sigue sin creerse que pueden ser ellos los que den miedo. Simeone no se atrevió y su plan de juntar a jugones, que perdiesen pocos balones y saliesen como aviones a la contra, se difuminó por sus temores. Si juntas a Joao, Griezmann, Koke, De Paul y Lemar para tener el balón… coge el balón. En los primeros 20 minutos no lo hizo y cual funambulista rozó la caída mortal y una goleada de tomo y lomo a manos de los ingleses. Eso sí, ojo al momento en el que el Atlético se atrevió. ¡Lo que juega este Atlético de Madrid cuando se atreve! Si el Liverpool pudo machacar en el asalto inicial, los rojiblancos hicieron lo propio bailando al equipo de Anfield con las batutas de Lemar, Joao Félix y Antoine Griezmann. ¡Lo que jugaron estos tres anoche! Controles, asistencias, triangulaciones, oportunidades, llegadas, combinaciones con Carrasco y De Paul… el Atlético se lo creía y cuando el Metropolitano lo vio y, sobre todo, lo sintió, les aseguro que ya eran más de 60.000 jugando contra once.

Fue tal el aluvión de fútbol del Atlético que Simeone, teniendo preparado a Lodi en la banda para pasar a otro sistema, canceló el cambio y no quiso sacar al brasileño porque tocar en pleno vuelo a un caza te cuesta perder la mano. El Cholo paró el cambio porque el Liverpool no podía parar a su equipo y no era momento de tocar lo que de repente se había desatado. 1-2, 2-2, oportunidades para el 3-2… ¡Champions, señoras y señores, Champions! El Atlético se dejó de miedos y en vez de esperar para atacar, atacó sin esperar.

Con una primera parte maravillosa en las retinas, la segunda se quedó en un espectáculo muy descafeinado. La roja a Griezmann cambió todo y, a pesar de que un Atlético en inferioridad llegó a ser superior durante varios minutos al Liverpool, los Lemar, Joao Félix y compañía se vieron obligados a contemporizar de nuevo. Fue ahí cuando revivió el equipo de Klopp y fue ahí cuando el Atlético empezó a cometer errores más allá de lo que pasó con el colegiado. Por ejemplo, Mario Hermoso. Es incomprensible que con Llorente, Correa y Lodi esperando en la banda, el cuadro rojiblanco no dejase salir el balón para ganar aire, piernas y volver a empezar de nuevo. Durante casi 4 minutos, el Liverpool asedió la portería de Oblak y nadie fue listo para mandar el balón a Parla de un patadón y que entrasen los cambios. Con poco oxígeno en el cerebro por el cansancio, el Atlético se deshizo y Hermoso cometió un penalti tan tonto como claro. Salah marcó y la derrota quedó sellada.

La derrota escoció, lógicamente. Todas deben serlo para un Atlético que debe aspirar a todo. Aún así, poco favor se haría el cuadro colchonero si prioriza hablar de colegiados y no de valentía. Si prefiere lamentarse y castigarse a volver a ver lo que Lemar, Joao Félix o Griezmann pueden hacer. Con 11 y con 10, pero sobre todo con valentía, el Atlético dejó en nada al Liverpool. En eso es en lo que tienen que centrarse. El domingo llega la Real Sociedad al Metropolitano. ¡Atrévete Atleti, atrévete de nuevo!

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