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EDITORIAL

Ayuso y Feijóo: reconfortante normalidad

Tras la locura vivida en Génova 13 en los últimos años es como mínimo reconfortante ver esa relación de respeto y cercanía entre Ayuso y Feijóo.

El congreso del PP de Madrid que, por fin, se ha celebrado este fin de semana, ha dejado varias claves de futuro que no por más esperadas resultan menos importantes para el futuro de la derecha no sólo en esta comunidad autónoma sino en toda España.

La primera de ellas es, por supuesto, la entronización como lideresa absoluta del PP en la región de Isabel Díaz Ayuso, que no es más que la confirmación a nivel orgánico de lo que es obvio que hace mucho tiempo que era la realidad. Algo que, además, ya le habían dado las urnas con su arrolladora victoria del pasado cuatro de mayo, pero que en cualquier caso es importante que se plasme de forma oficial dentro del partido.

La segunda es la normalidad que se ha podido constatar en la relación de las dos personas que son ya, sin duda alguna, las más importantes del PP: la propia Ayuso y Alberto Núñez Feijóo. De su colaboración, de que ambos cumplan con sus respectivos papeles y de que permanezcan unidos para afrontar las acometidas del régimen y su prensa, depende en buena medida la llegada de la derecha al poder y, más importante aún, el desalojo de Sánchez y sus aliados de Moncloa.

Después de la locura vivida en la plantas altas de Génova 13 en los últimos años es como mínimo reconfortante ver esa relación de respeto y cercanía entre dos políticos que sin duda tienen estilos muy diferentes e incluso puntos de vista distintos sobre muchas cuestiones. Es evidente que generacionalmente, por amistad y por ideas Ayuso estaba más cerca de Casado –al menos de las ideas que él decía que tenía y con las que llegó a la presidencia del PP– de lo que en principio podría estar de Feijóo, pero al abordar ambos su relación con naturalidad, sin locuras ni celos, no sólo se constata que estamos ante perfiles que pueden convivir sin problemas, sino que de hecho cada vez está más claro que son compatibles.

Probablemente, a los más convencidos seguidores de Ayuso no les gusten alguna de las declaraciones o las iniciativas de Feijóo; del mismo modo, los más cercanos al presidente del PP quizá se encuentren incómodos con frases o políticas de la presidenta de la Comunidad de Madrid, pero en la convivencia entre ambos estilos, en la suma de lo que uno y otra representan políticamente puede estar, sin duda, la clave para que el PP, y con él la derecha en su conjunto, sean una alternativa real de poder.

Es reconfortante, en suma, ver que ha llegado a la dirección nacional del PP una persona adulta, que puede que cometa más de un error como cualquier otro político, pero que por fin ha entendido que su única posibilidad de llegar a Moncloa pasa por apoyarse en los mejores activos de su partido y no en provocar problemas allí donde no los había. Atrás queda un cóctel imposible de soberbia, complejos de inferioridad, mentiras, torpezas y comportamientos delictuosos que han estado a punto de darle a Sánchez una nueva legislatura con la que terminar su trabajo de demolición de la nación y las libertades.

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