Menú

Liga

EDITORIAL

El F. C. Palancas de Roures, Laporta y el separatismo

Esto sería un problema del Barcelona y sus socios de no ser porque las locuras de Laporta y los pelotazos de Roures al final los pagaremos los contribuyentes.

El Fútbol Club Barcelona está en fase de liquidación. La delirante política de fichajes del presidente de la entidad, Joan Laporta, y la venta por paquetes a precio de saldo de activos que se presumían muy valiosos responden a una huida hacia delante de los rectores del club, quienes confían en que una vez consumada la quiebra las administraciones públicas acudan al rescate por ese eslogan publicitario de que es "más que un club". El denominado Barça no sería el primer club que desaparece por los disparates de sus presidentes o de sus propietarios.

Laporta no es el propietario exclusivo del F. C. Barcelona, pero actúa como si lo fuera. Le ayuda sobremanera el hecho de que la demolición en vivo de la entidad azulgrana merece el aplauso generalizado de la prensa catalana, obnubilada por los grandes fichajes de Laporta a pesar de la más que frágil situación económica de la entidad. Tampoco los socios, salvo casos aislados, han alzado la voz.

La última "gran operación" de Laporta ha sido vender por cien millones de euros el 24,5% de Barça Studios –la central que comercializa la producción audiovisual del club– a la empresa Orpheus Media, de la que es administrador su amigo y avalista Jaume Roures. Sí, Roures, el empresario propietario de parte de Mediapro, empresa que controla la emisión y los horarios de la Liga española, así como patrocinador del movimiento separatista y de Pablo Iglesias.

La sociedad con la que negociaba Laporta la última liquidación, el fondo de inversiones GDA Luma, se retiró de las conversaciones ante las dudas sobre su verdadera rentabilidad, por lo que Roures ha sido el comodín de la última apuesta, por el momento, de su colega Laporta.

Según todos los analistas independientes, la situación financiera del Barcelona es de quiebra técnica. Cerró el último ejercicio con unas pérdidas de 481 millones de euros. Ya no pertenece a sus socios sino a fondos extranjeros. Y Laporta está agudizando el desastre económico incubado por las anteriores directivas y agravado por la pandemia con la cortina de humo de las palancas, eufemismo de los saldos que hipotecan al club, y el frenesí de sus fichajes a golpe de chequera.

La plantilla del Barcelona es la más abultada del fútbol profesional de primer nivel y la que más cobra, pero eso no ha sido obstáculo para que Laporta se embarcara en una campaña de contrataciones cuyo único objetivo es salvar su ‘prestigio deportivo’ a costa del futuro de la entidad. Pero ni siquiera el último palo a los intereses de los socios es suficiente para que el club pueda inscribir a todos sus fichajes, a pesar del tradicional trato de favor de los estamentos oficiales y de la Liga al club azulgrana.

Sin embargo, casi nadie pone en duda que en el partido de este sábado contra el Rayo Vallecano, el primero de la competición liguera, los Lewandovski, Koundé y Kessié y el resto de fichajes del gran animador del mercado futbolístico del verano en Europa comparecerán en el estadio del Barcelona como jugadores con la documentación en regla. Puede que algunos no, pero al cierre de la temporada de fichajes, el último día de agosto, todas las nuevas incorporaciones habrán sido inscritas.

Mientras otros clubes han ajustado sus presupuestos, han renunciado a los grandes fichajes y tratan de salvaguardar su futuro y el de la competición, el F. C. Barcelona comparecerá en la Liga con un catálogo de nuevos jugadores que no han salido precisamente de la famosa Masía, la cantera del club, sino que habrán sido fichados por cantidades astronómicas o con la promesa de ganancias estratosféricas. Los valores que preconiza el club que también merece el apodo del "Farsa" sólo son de aplicación para los demás, no para el equipo que Laporta está vendiendo a sus únicos postores.

Todo esto sería un problema exclusivo del Barcelona y sus socios si no fuera porque las locuras de Laporta y los pelotazos de Roures en un club al servicio de los separatistas los acabaremos, sin duda alguna, pagando todos los contribuyentes.

Las maniobras de Laporta, las comisiones a los agentes de los nuevos fichajes, las cláusulas delictivas y todos los desmanes perpetrados con notoria alevosía deberían tener consecuencias penales. Las mismas que Laporta y una gran mayoría de socios exigen para los anteriores presidentes, a los que acusan de haber arruinado el club.

La competición liguera comienza lastrada porque las reglas no son iguales para todos. A un club arruinado se le permite fichar sin control mientras los demás ajustan sus plantillas y tratan de salvaguardar el patrimonio social y su continuidad. Desgraciadamente no es nada nuevo tratándose del F. C. Barcelona, al que aún le queda la palanca "España nos roba".

Temas

En Opinión

    0
    comentarios

    Servicios

    • YoQuieroUno
    • Radarbot
    • Hipoteca
    • Masajeador