Las dos resoluciones favorables al sanchismo y al separatismo emitidas por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) sobre la malversación y el terrorismo en la ley de amnistía son un escándalo de una gravedad sin precedentes. Un juez belga llamado Koen Lenaerts ha sido el encargo de leer las conclusiones de la "Gran Corte": que la malversación no afectó a los intereses financieros de la UE, que el terrorismo es amnistiable y que el derecho europeo no se opone a la ley de amnistía ni la ley de amnistía al derecho europeo. Probablemente uno de los mayores atentados judiciales contra la propia justicia, la democracia y la unidad de España perpetrados en la Unión Europea.
Para la justicia europea, la amnistía es un intento de "reconciliación", una interpretación en la que se omite con un descaro prevaricador el hecho de que la ley fue redactada por los golpistas y Pedro Sánchez pagó ese peaje para ser investido presidente. En definitiva, que se pisoteó la democracia, la igualdad entre españoles, el resultado de las urnas y lo que hiciera falta para que Sánchez siguiera en la Moncloa tras haber perdido las elecciones del 23 de julio de 2023 mientras que unos delincuentes condenados e indultados decidían venderle sus votos a cambio del olvido penal y la impunidad absoluta.
Partiendo de esa ocultación deliberada de la verdad, los dos fallos del TJUE son un incentivo para que los golpistas vuelvan a intentar imponer su voluntad a la mayoría de la población utilizando para ello los fondos públicos, los impuestos de todos los españoles y también fondos europeos. Pero no sólo eso. El terrorismo también está contemplado y será amnistiado a menos que se cause "voluntariamente" una "violación de los derechos humanos". La proposición es tan vaga y las interpretaciones tan amplias que los promotores del "Tsunami" que asaltó el aeropuerto y bloqueó por carretera toda la región así como los CDR tienen un vasto campo de actuación de cara a la próxima vez.
Un Gobierno decente habría salido en tromba contra la decisión de una justicia europea que se desentiende de la unidad de uno de sus Estados miembros, pero este Gobierno desconoce el significado de esa palabra y es rehén de los separatistas, de modo que sus primeras figuras han celebrado con alborozo el atropello judicial del TJUE. Estaban más contentos ministros como Óscar Puente y Félix Bolaños o el presidente de la Generalidad, Salvador Illa, que los propios separatistas. Y es que los magistrados del TJUE han blanqueado el golpe en curso con su aval a la amnistía.
Queda claro que en la justicia europea están más preocupados por los tapones de las botellas de plástico y por las mamarrachadas verdes que por los golpes de Estado en el interior de las fronteras comunitarias. Una evidencia más del deterioro de las instituciones de la Unión.

