Ingreso Mínimo Vital… y universal
Según el Gobierno, la economía española va como un cohete. Escuchando los discursos de Pedro Sánchez y sus ministros se diría que el cuerno de la abundancia se ha derramado sobre España y, como se dice popularmente, atamos los perros con longanizas. Es lo que podría pensar también un observador no muy informado que viese cómo la recaudación de impuestos sube sin parar, récord tras récord, año tras año.
La realidad, y cualquiera que salga a la calle puede verlo, es muy diferente: la economía española tiene problemas muy serios, el paro sigue siendo de los más altos de la UE incluso a pesar del maquillaje al que el Ejecutivo somete a las cifras, la productividad es muy baja, los salarios se han estancado y, con ellos, con la inflación y con la insoportable y creciente carga fiscal –que es la verdadera explicación de esos récords recaudatorios–, el poder adquisitivo de todos se ha desplomado, especialmente el de las clases medias.
Paradójicamente, las propias políticas y medidas del Gobierno descubren la verdadera situación de España. Es el caso, por ejemplo, de los enormes paquetes de subsidios que cada día reciben más personas: cerca de 3,4 millones de españoles cobran ya rentas, pagas y subvenciones para las que no han cotizado, como desvelaba este jueves Libre Mercado.
El caso paradigmático es el del llamado Ingreso Mínimo Vital (IMV): un subsidio de subsistencia cuyo fin se supone que es ayudar a las familias a superar crisis, pero que en realidad se paga cada vez a más personas y cada vez durante más tiempo. Lo curioso es que el Gobierno está tan desnortado económica y moralmente que presume de la expansión de esta prestación, es decir, de que cada vez haya más pobres.
Si el Ejecutivo de Pedro Sánchez no fuera una colección de inútiles como no se han visto nunca en las cercanías del poder –lo de su categoría moral mejor lo dejamos para otro día– podría pensarse que su política económica tiene como fin precisamente eso: crear una base lo suficientemente grande de pobres dependientes del Estado como para asegurarse el poder de forma indefinida.
Lo cierto es que personajes de la talla intelectual de Yolanda Díaz, Óscar López o Diana Morant –por poner sólo tres ejemplos– no parecen capacitados para un plan tan sofisticado como empobrecer poco a poco a un país, sin generar un rechazo visceral en la mayoría de los ciudadanos y sin que la situación estalle en una gran crisis que sí tenga consecuencias políticas.
No obstante, tampoco les minusvaloremos: al fin y al cabo esa ha sido la política de todos los socialistas desde que el primero de ellos llegó al poder, es decir, que el plan está más que ensayado y, viendo la historia, tampoco parece tan difícil.
De lo que no queda ninguna duda es de que, de seguir Pedro Sánchez y los suyos en el poder unos cuantos años más como pretenden, podemos dar por seguro que el IMV llegará a ser universal y nos habremos convertido en otro de esos paraísos socialistas en los que todos –menos los políticos en el poder, claro– seremos iguales: igual de pobres.

