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EDITORIAL

Los delirios talibánicos de Irene Montero

Hágase un favor y hágaselo a las mujeres españolas, señora Montero: dimita y dedíquese a las tertulias, como Pablo Iglesias, sin ir más lejos.

Que Irene Montero esté en el Gobierno es motivo frecuente de escándalo y bochorno, tal como demuestra su última deposición como ministra de Igualdad, viniendo a igualar a España con Afganistán. En todos los países, dice, hay formas de oprimir a las mujeres. "Eso pasa en Afganistán, pero también en España, con unas tasas intolerables de asesinatos machistas", ha declarado sin vergüenza.

Con verborrea incomprensible propia de la extrema izquierda podemarra, Montero se despachó este lunes con un "todas las culturas y todas las religiones tienen formas con diferentes formas de dureza" y abogó por "generar alianzas entre procesos de emancipación para acabar con el patriarcado". O sea, que la fanática iletrada quizá esté proponiendo una especie de alianza de civilizaciones con las afganas para que las propias afganas, ya empoderadas, les digan a los barbudos que las aterrorizan que quieren llegar a casa solas y borrachas, o se pongan a asaltar mezquitas como si fueran niñas pijas despelotándose en una capilla universitaria.

El odio y el desconocimiento, la incultura y el fanatismo hacen que la tóxica ministra sea capaz de cualquier cosa, como comparar a Afganistán con España mientras habla de la condición de la mujer. Es de una insensatez que agota los adjetivos y cae casi fuera de la comprensión humana. Tales palabras la inhabilitan por completo como ministra, y es que ya no es que Pedro Sánchez no pueda dormir con Podemos en su Gobierno, sino que ahora son las mujeres las que no pueden dormir y quienes ven seriamente comprometida la defensa de sus derechos por parte de una sujeta capaz de alcanzar tales simas de relativismo.

Opina también Montero que ninguna intervención militar ha servido para restaurar o reconocer derechos a las mujeres, las niñas o las personas LGTBI. "Esta crisis demuestra que sólo si hay soluciones en el país y del país puede haber soluciones garantistas y de derechos humanos, y esto nos debe hacer pensar en cómo van a ser nuestras relaciones [internacionales]". ¿Pero qué pretende? ¿Acaso establecer relaciones diplomáticas con los talibanes tendentes a que estos reconozcan el matrimonio gay? ¿Que los barbudos criminales adopten en sus fetuas el lenguaje incluso del "todos, todas y todes"? ¿Cabe mayor estulticia?

Hágase un favor y hágaselo a las mujeres españolas, señora Montero: dimita y dedíquese a las tertulias, como Pablo Iglesias, sin ir más lejos. Seguro que en la SER o en la radio del Conde de Godó sus opiniones son apreciadas como grandes aportaciones a la línea editorial. España no se merece una ministra de semejante calaña. Chirría incluso en el Gabinete del Doctor Sánchez.

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