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EDITORIAL

Rajoy sigue sin entender nada

Rajoy confía en que el temor a la caótica revolución de los antisistema le sirva para apuntalar el decadente 'statu quo'.

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Si bien el presidente del Gobierno ha asegurado este martes "entender" a las personas que en su día les dieron su confianza y ahora se la han retirado, el resto de su primera declaración pública tras el 25-M delata claramente que sigue sin hacer la menor autocrítica y sin entender nada de las razones por las que, por primera vez, más de la mitad de los participantes en unas elecciones han negado su voto a los dos grandes partidos. Prueba de ello es el empeño del presidente por hacer equiparable el sano bipartidismo que impera en Alemania o en Estados Unidos con la degradación de PP y PSOE, que nunca han renunciado, incluso cuando han gozado de mayoría absoluta, a llegar a acuerdos con formaciones separatistas o de extrema izquierda que están en los antípodas de todo lo que tenga que ver con la "moderación".

Buena prueba de que Rajoy sigue sin entender a los que le han retirado su confianza es su empeño en afirmar que en las "grandes cuestiones" no se están equivocando, o su "esperanza" en que la gente comprenda al final que no han tomado "decisiones caprichosas ni que respondieran a prejuicios ideológicos", sino pensadas para "defender los intereses generales en una situación muy difícil".

Lo que Rajoy debería entender es que lo que le reprocha esa parte de su electorado que ahora se ha abstenido o votado a otras formaciones no es que haya actuado con "prejuicios ideológicos", sino que lo haya hecho con absoluta deslealtad al programa y a los principios que tradicionalmente enarbolaba el PP. Lo que le reprochan es que el Gobierno del PP haya utilizado la ciertamente "difícil situación" como excusa para emular y en ocasiones, incluso, superar al del PSOE. Lo que le reprochan es que apele a unos "intereses generales" para apuntalar un sobredimensionado sector público y justificar una subida de impuestos que no sólo traiciona lo que Rajoy despectivamente llama “prejuicios ideológicos” del centroderecha, sino que es responsable del retraso y la debilidad de la recuperación económica. Lo que le reprochan es que predique pero no practique las reformas y que, en nombre del “interés general”, el PP haya blindado con el PSOE la politización de la Justicia, el despilfarro autonómico, la cesión como forma de apaciguar a ETA, la renuncia a combatir ideológica, financiera y judicialmente a las formaciones nacionalistas que abiertamente apuestan por romper España. Es esta percepción de la continuidad del zapaterismo bajo siglas del PP en las “grandes cuestiones”, en las que Rajoy cree no haberse equivocado, lo que ha llevado a muchos a no votar al PP o a hacerlo a otras formaciones con aspiraciones regeneracionistas. A este electorado incomprendido por el presidente del Gobierno no le sorprenden los elogios que Rajoy y Arriola han dirigido a Rubalcaba.

Rajoy no entiende ni quiere entender a quienes en su día le dieron su confianza y ahora se la han retirado. Lo que le interesa es recuperarlos simplemente por el temor a una izquierda radicalizada nutrida por quienes dieron en su día su confianza al PSOE y ahora se la han retirado. Rajoy confía en que este temor a la caótica revolución de los antisistema le sirva para apuntalar el decadente y degenerado statu quo. Conviene que esto lo entienda todo el mundo.

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