Vaya por delante que impedir que el Congreso de los Diputados pueda votar una enmienda en la que se solicita al presidente del Gobierno que convoque elecciones generales, tal y como ha hecho la mayoría que PSOE y Sumar forman en la Mesa del Congreso, no es muestra de respeto al ordenamiento constitucional sino colosal desprecio a la sede de la soberanía nacional. Y es que una cosa es que el artículo 115 de nuestra Ley de Leyes reconozca, ciertamente, como competencia exclusiva del presidente del Gobierno la convocatoria de elecciones; y otra cosa, muy distinta, que el Congreso, por esa razón, no se lo pueda solicitar. También someterse a una cuestión de confianza es competencia exclusiva del presidente del Gobierno –art. 112 de la Constitución– y eso no impide ni ha impedido en el pasado al Congreso solicitar al presidente del Gobierno que lo haga, tal y como, de hecho, ya ocurrió a principios del año pasado cuando la Mesa del Congreso sí admitió a trámite una proposición no de ley de Junts en la que reclamaba a Sánchez someterse a una cuestión de confianza.
Es más. Hace escasas semanas el pleno del Senado votó favorablemente una moción del PP que, además de reprobar la conducta del Gobierno ante los casos de corrupción que le afectan, instaba al presidente del Gobierno a que convocara elecciones anticipadas. ¿Nos quiere decir la presidenta del Congreso, Francina Armengol, que la Cámara Baja no puede someter a votación lo que sí se puede votar en la Cámara Alta?
A otro perro con ese hueso. Lo cierto es que la presidenta del Congreso, al inadmitir esta enmienda en la que se instaba a Sánchez, a disolver las Cortes y convocar elecciones, es ponerse sectaria y descaradamente al servicio del Gobierno que no quiere que se visualice en el Congreso la ruptura de la relación de confianza entre el Gobierno y la Cámara Baja. Esa enmienda, aunque hubiera sido aprobada, no tenía efecto jurídico; sin embargo, tenía un enorme valor político al dejar en evidencia la debilidad parlamentaria del Ejecutivo.
Dicho esto. No podemos dejar de denunciar la enorme hipocresía de Junts por mucho que esta formación haya planteado esta enmienda en la que se pedía la convocatoria de elecciones anticipadas. Y no lo decimos sólo -aunque también- porque hace escasísimas semanas Junts y PNV se abstuvieran en el Senado ante la moción que reclamaba al presidente del Gobierno el adelanto electoral, sino porque si de verdad Junts quisiera convocar a los españoles a las urnas se sumaría a una moción de censura como la que Feijóo ha planteado con el único objetivo de celebrar elecciones.
Lo que muchos no acaban de entender -y entre ellos, buena y cándida parte de la derecha de nuestro país- es que los golpistas de Junts en el fondo están encantados con que un tipo tan sumamente nihilista como Pedro Sánchez siga en la Moncloa hasta 2027 y, si es posible, más allá. Un gobernante en minoría como Pedro Sánchez, capaz de todo por seguir en la poltrona, es el gobernante ideal para formaciones antisistema como los golpistas de Junts. Cosa distinta es que Junts no quiera que la corrupción que afecta al Gobierno les salpique electoralmente y que, para poder seguir exprimiendo a Sánchez, tenga que hacer, recurrentemente, teatrales numeritos de ruptura. ¿Nos olvidamos que los de Junts anunciaron solemnemente en octubre de 2025 que "rompían relaciones con el PSOE" y que "había llegado la hora del cambio"? ¿Y acaso desde entonces no han seguido exprimiendo al Gobierno y permitiéndole, a veces con la abstención, que siga sacando adelante algunas iniciativas legislativas?
Lo de Junts pidiendo elecciones anticipadas es puro teatro, mero homenaje que el vicio rinde a la virtud, que es como definía La Rochefoucauld a la hipocresía. De hecho, la mayor corrupción moral que ha mostrado Sánchez, por mucho que no tenga reproche penal, pero que explica que sea capaz de perpetrar la que sí pudiese tenerlo, es la que cometió al llegar a la Moncloa no habiendo ganado las elecciones, pero pactando con unos golpistas -algunos, prófugos de la justicia- como los miembros de Junts. Esa corrupción explica todas las demás. Vamos, como para tomarnos ahora en serio a Junts y su teatral rasgada de vestiduras.

