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Eduardo Goligorsky

El Estado y no el Gobierno

La clave del desbarajuste actual consiste en que es ni más ni menos el Gobierno el que embiste contra los pilares del Estado.

Eduardo Goligorsky
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La clave del desbarajuste actual consiste en que es ni más ni menos el Gobierno el que embiste contra los pilares del Estado.
El vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias | EFE

Recuerdo que, en los buenos tiempos en que estaba al frente del Partido Popular de Cataluña, Alejo (entonces Aleix) Vidal-Quadras sostuvo con su habitual desinhibición que cuando circulaba por esta región (que colonizaban el nada honorable Jordi Pujol y su corte de los milagros, agrego yo) y veía una pareja de la Guardia Civil, respiraba tranquilo porque se convencía de que seguía estando en España. Hice mía aquella convicción y no me canso de repetirla cada vez que se presenta la oportunidad, citando siempre al autor como hago ahora. Con un añadido: respiro tranquilo cuando circulo por esta Cataluña aborregada y veo una pareja de la Guardia Civil, o un uniforme o un vehículo del Ejército de Tierra, la Armada, el Ejército del Aire y la Policía Nacional, porque compruebo que sigo estando en España, amparado por su Constitución y sus leyes.

La mano del contubernio

Estas ideas me vinieron a la cabeza cuando se montó un revuelo porque el jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil, general José Manuel Santiago, dio a entender que, como después lo confirmó una circular de dicho Estado Mayor, todas las comandancias debían identificar las campañas de desinformación y bulos "susceptibles de generación de estrés social y desafección a instituciones del Gobierno". ¿La Guardia Civil, que los devotos del sistema constitucional juzgamos una garante insobornable de la ley y el orden, convertida en maquilladora de las taras del contubernio sanchista-comunista y en azote de sus críticos? ¡Imposible! Detrás de la tentativa de adulterar las funciones de la Benemérita se ocultaba, precisamente, la mano de ese contubernio.

Sin embargo, bastaría que en la orden arriba citada se cambiara una sola palabra para poner las cosas en su sitio. Leámosla corregida: todas las comandancias debían identificar las campañas de desinformación y bulos susceptibles de generación de estrés social y desafección a instituciones del Estado. Repito: del Estado. Son las instituciones del Estado las que están amenazadas y no las del Gobierno. Y en ello reside el verdadero peligro que la Guardia Civil debe desenmascarar y contrarrestar.

Pruebas al canto

Peor aun. La clave del desbarajuste actual consiste en que es ni más ni menos el Gobierno el que embiste contra los pilares del Estado. Pruebas al canto. Pablo Iglesias, fiel a una ideología necrófila que se inauguró con las masacres de Rusia y China y que da sus últimos coletazos en el Tercer Mundo, se conjura desde la vicepresidencia segunda del Gobierno contra las instituciones del Estado encarnadas en la Monarquía parlamentaria, estimula la fragmentación del Estado en un mosaico de repúblikas étnicas, socava las defensas del Estado desde el interior de los servicios de inteligencia donde lo ha infiltrado su socio felón, y siembra las semillas de la lucha de clases, de sexos y de generaciones dentro del Estado. Su última andanada contra las instituciones del Estado la ha disparado con el Poder Judicial en la mira.

El trabajo encomendado a la Guardia Civil en la orden del Estado Mayor de la Guardia Civil, corregida y aumentada para investigar y combatir los bulos, la desinformación y las actividades contra las instituciones del Estado –y no del Gobierno, responsable de muchos de estos desafueros– será titánico. Porque al entramado totalitario sanchista-comunista lo acompaña un conglomerado de fuerzas que se han alzado contra España, dentro de sus fronteras, para amputarle esta porción de su territorio llamada Cataluña.

Falacias sin límites

Los enemigos interiores de España son campeones en las malas artes de montar "campañas de desinformación y bulos susceptibles de generación de estrés social y desafección a instituciones del Estado". Es lo que viene haciendo la Generalitat de Cataluña desde 1980 a través del sistema de enseñanza, la televisión y la radio públicas o sobornadas, los plumillas sectarios y las redes sociales propagadoras de odio fratricida.

Las falacias de los caciques ensoberbecidos no conocen límites. Ahí están el president putativo Quim Torra y la portavoz Meritxell Budó fabulando que en una ficticia Cataluña independiente habría habido menos víctimas del coronavirus… cuando los miles de ancianos muertos por desidia en las residencias que debía supervisar la Generalitat pesa como una lápida sobre esos dos timadores y su entorno sedicioso.

Y Pere Aragonès, vicepresidente del Govern y esperanza blanca de los embaucadores de ERC, alardea (LV, 26/4):

Los independentistas catalanes no renunciamos a la independencia de Catalunya para acordar medidas de reconstrucción. (…) Ahora tenemos mejores razones para poder decidir como un Estado. (…) La centralidad política de Catalunya pasa por el independentismo y la defensa de la autodeterminación. Eso no cambiará.

Presas tentadoras

Los enemigos del Estado contra cuyas agresiones debemos precavernos pueden estar incrustados en el Gobierno, como hemos visto, con la intención explícita de sustituir la Monarquía parlamentaria por una dictadura comunista, o pueden aprovechar esta subversión para desmembrar España y convertir una franja de su territorio en un bantustán étnico. Pero hay que ser muy ingenuo o muy corrupto para no reconocer que son muchos los buitres que miran con codicia estas presas tentadoras administradas por rufianes de tres al cuarto. Un ejemplo (LV, 27/4):

España detecta 200 acciones de desinformación bajo la alarma – El origen de la mayoría de los bulos se encuentra en servidores rusos.

Enric Juliana rescata (LV, 22/4) una reflexión muy apropiada para el día de hoy, que formuló la entonces ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, cuando se celebró la Pascua Militar del 2018:

La lucha contra la desinformación es el nuevo campo de batalla. La proliferación de desinformación y noticias falsas distribuidas de forma masiva buscan manipular la percepción del ciudadano para orientarla a favor de intereses de terceros, divergentes de los nuestros. No debemos llamarnos a engaño: esas injerencias externas solo pretenden desestabilizar los países y llevarlos al clima más propicio a intereses geopolíticos y geoestratégicos que no son los propios de las naciones afectadas. Este será uno de los retos más importantes que tendremos que abordar.

Nada que ocultar

El reto lo están abordando la Guardia Civil y los organismos de ciberseguridad con que cuenta el Estado para defenderse de los ataques que le asestan sus enemigos internos y externos. Nada que deban ocultar nuestros protectores o de lo que deban disculparse.

Y, volviendo al comienzo, cuando nos crucemos con una pareja de guardias civiles en Cataluña, la Comunidad Vasca y Navarra, respiraremos tranquilos: estamos en España.

En España

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