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Eduardo Goligorsky

El timo de Poblet

El independentismo catalán se ha convertido en una olla podrida donde pululan enemigos irreconciliables.

Eduardo Goligorsky
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El independentismo catalán se ha convertido en una olla podrida donde pululan enemigos irreconciliables.
EFE

Es archisabido que el independentismo catalán se ha convertido en una olla podrida donde pululan enemigos irreconciliables, como explica sin eufemismos Lola García en "Desorientados" (LV, 26/9). Y a medida que se aproximan la sentencia del juicio a los golpistas y las contiendas electorales de España –y casi con certeza de Cataluña– aumenta el intercambio de navajazos fratricidas en el campo rebelde. Sobre todo porque los cabecillas de las distintas fracciones del levantamiento tienen claro que este se halla en hibernación, y lo que los mueve es el deseo de arrebatar a sus socios transitorios los restos del botín acumulado... mientras esperan el pistoletazo de salida para la nueva etapa.

Supremacistas disfrazados

Las estanterías se llenan de libros donde los estrategas del procés tratan de explicar las razones del fracaso, cargando la responsabilidad sobre espaldas ajenas, al mismo tiempo que siembran, con su habitual trapacería, las semillas de una próxima reincidencia en sus fechorías pasadas mientras aparentan arrepentirse de ellas. Incluso están lubricando la maquinaria para la nueva insurrección. Marcha atrás retórica, pero falsa. "Lo volveremos a hacer", anuncian los más desvergonzados.

La prensa complaciente colabora con la trama rebelde disfrazando a estos supremacistas incorregibles de "nacionalistas moderados". Rezan sucesivos titulares de La Vanguardia (15, 21 y 22/9):

– El nacionalismo moderado pide valor para admitir "el fracaso del procés".

– Nacionalistas moderados piden restablecer el trato fluido con el Estado.

– El nacionalismo moderado diseña un plan posibilista.

¿Moderado este vástago torticero del bloque etnocentrista que está aniquilando el Estado de Derecho y el humanitarismo al implantar el apartheid en Cataluña contra los conciudadanos españoles y castellanohablantes? Los 200 promotores del nuevo movimiento, entre los que predominan veteranos convergentes y socialistas, junto a precavidos buscavidas, se reunieron en el monasterio de Poblet el 21 de septiembre "a puerta cerrada y en medio de un clima de secretismo", según informa el diario citado. Y el dirigente Antoni Garrell sentenció que el proceso que conduce a la independencia "debe repensarse con perseverancia, paciencia y seny, renunciando a la unilateralidad".

El timo de Poblet. Lo dicho: marcha atrás retórica, pero falsa. Repitiendo el insolente estribillo que ya coreaban los alevines pujolistas en los años 1980, mientras su jefe escondía las ganancias millonarias del estraperlo familiar: "Hoy paciencia, mañana independencia".

Viejas querencias

También el marco nacionalcatólico evoca viejas querencias: en 1974 el monasterio de Montserrat fue la cuna de la corrupta y corruptora Convergència Democrática de Catalunya, y ahora el de Poblet lo es del nuevo engendro supremacista. Este ya no es el Poblet ecuménico al que Josep Tarradellas legó su archivo cuando quiso demostrar, con hechos, que repudiaba el sórdido bagaje político y moral de Montserrat.

Las exigencias de los contertulios de Poblet llevan el sello indeleble del irredentismo secesionista (LV, 15/9):

Estatuto del 2006: Recuperación de las disposiciones declaradas inconstitucionales u objeto de interpretación restrictiva por el TC. (…) Más transferencias en educación, lengua, cultura, derecho e inmigración. Garantizar los ámbitos de competencia exclusiva. (…) Nuevo acuerdo que incluya Agencia Tributaria única. Reivindicación de un sistema de relación bilateral con el Estado. Estatuto de participación de Catalunya en la UE. Reconocimiento de un régimen singular y claramente diferenciado para Catalunya. Referéndum acordado.

Y dos huevos duros (Groucho Marx).

Teoría conspiranoica

Aunque La Vanguardia no lo cita entre los asistentes al cónclave, El Confidencial (21/9) presenta a Jordi Amat como el guía intelectual de la plataforma del cenobio. Y Amat, columnista estrella del diario de los Godó, se ha apresurado a publicar un artículo que se ensaña con quienes desenmascaran la campaña antiespañola del Diplocat y del agitprop difamador ("El pacto que vendrá", LV, 22/9). Después de alabar la capitulación del mercachifle Pedro Sánchez ante las bravuconadas de Quim Torra en Pedralbes, saca de la chistera el documento La realidad sobre el proceso independentista, elaborado por España Global, para avalar una insidiosa teoría conspiranoica sobre un pacto latente entre el PSOE y Ciudadanos, urdido contra la cruzada secesionista.

Lo que irrita a este nacionalista moderado de Poblet es el hecho de que el texto en cuestión desmonta, una a una, las mentiras que sus correligionarios pirómanos irradian desde Waterloo, la Generalitat y los centros sediciosos, y evacuan a través de las seudoembajadas mercenarias del Diplocat, para enlodar la imagen de la democracia española ante la opinión pública mundial. Y es precisamente la propensión a amancebarse con el Diplocat lo que traza una de las líneas divisorias entre leales y traidores a España. Lorena Roldán, portavoz de Ciudadanos, acaba de denunciar que Laia Bonet, número dos del PSC, cruzó esa línea hacia el bando de los traidores cuando se incorporó al Pleno del Diplocat en representación del Consistorio de Barcelona (El Mundo, 20/9).

El señor Amat puede dormir tranquilo. El PSC y, con él, el PSOE están de su lado, sirviendo al Diplocat, cuya función antiespañola explica rigurosamente el documento que aborrece Amat. Quien, si damos crédito a su artículo "Incitar al tumulto" (LV, 24/9), también parece aborrecer, al igual que Quim Torra y el resto del conglomerado subversivo, la captura de los presuntos terroristas de los CDR.

Ciudadanos no conspira con el PSOE, como piensan quienes practican estas felonías a diario, sino que está, junto a los restantes partidos constitucionalistas, en el lado opuesto. El lado que salvaguarda la sociedad abierta de libres e iguales en la España constitucional y europea.

PS: ¿De qué lado está el prófugo Carles Puigdemont? Ya sabemos que no del de España y la UE. Toma partido en una entrevista con la agencia rusa Sputnik: "El expresident Carles Puigdemont ha defendido la retirada de las sanciones a Rusia, impuestas tras el apoyo de Moscú a los secesionistas ucranianos y la anexión unilateral de Crimea" (LV, 16/9). La opción del prófugo es, lógicamente, la autocracia rusa, histórico polo de atracción para los traidores a la civilización occidental.

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