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Emilio Campmany

Sólo saben prohibir

Nuestros políticos no saben qué hacer, y como fumar está mal visto, se prohíbe fumar y se transmite la falsa impresión de que se hace algo.

Emilio Campmany
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Nuestros políticos no saben qué hacer, y como fumar está mal visto, se prohíbe fumar y se transmite la falsa impresión de que se hace algo.
Alberto Núñez Feijóo | Ana Varela

Nos cuentan los medios que España es el país que más rebrotes padece. Entre los políticos y los periódicos nos añaden que la culpa la tienen las reuniones familiares y las de jóvenes cuando se llevan a cabo multitudinariamente y sin ninguna precaución. En muchos países someten a cuarentena a quienes llegan de España y nos tratan como apestados. De modo que algo hay que hacer. ¿Y qué se les ocurre a nuestros políticos? Prohibir. En este caso, fumar en la calle y en terrazas, que no tiene nada que ver con la que dicen ser la causa principal de los nuevos contagios.

Nuestros políticos han prescindido de todo esfuerzo de investigación. La vacuna rusa despierta los más serios recelos, pero al menos lo intentan y no se olvide que su PIB no es superior al nuestro. Cuando se generalizaron los contagios, entre otras cosas por culpa de unas manifestaciones a las que nadie se opuso, impusieron el confinamiento más duro de Europa, eso sí, desaconsejando el uso de mascarillas, que es la única medida de eficacia probada, porque no se habían preocupado de abastecerse de ellas. Por eso tenemos el mayor número de muertos por millón de habitantes, por la total falta de previsión de nuestros políticos, los del Gobierno y los de las comunidades autónomas. Y a ellos, como siempre, lo único que se les sigue ocurriendo es prohibir, prohibir y prohibir.

El veto a los fumadores puede parecer todo lo razonable que se quiera, pero no tiene más fundamento científico que el que obligaría a prohibir otras actividades que, sin embargo, están permitidas. Evidentemente, no se puede fumar con la mascarilla puesta, y es razonable prohibirlo mientras se deambula por la calle, ya que en este caso es obligatorio llevarla en todo caso. ¿En todo caso? No. Cuando se corre, al deportista se le permite no llevar mascarilla, y es obvio que, debido al esfuerzo, vierte en el ambiente que le rodea más gotículas que si se limitara a ir andando. Esta actividad de evidente riesgo para los demás no está prohibida. Al contrario, está tan tolerada como si no hubiera virus. En las terrazas es igualmente obvio que no se puede comer o beber con la mascarilla puesta. Y es evidente que esta actividad suele ir acompañada de una animada tertulia. Las gotículas salen del que habla con la misma facilidad que del que fuma, y sin embargo no está prohibido hablar mientras se comparten unas croquetas con una cerveza.

No por casualidad, la medida es pionera. Nadie en Europa ha impuesto una prohibición semejante. ¿Por qué lo hacemos aquí? Pues porque nuestros políticos no saben qué hacer, y como fumar está mal visto, mientras que hacer deporte o comer y beber en una terraza gozan de buena prensa, se prohíbe fumar y se transmite la falsa impresión de que se hace algo. Y lo peor es que tantísima gente lo aplaude porque la que se cercena es la libertad de los demás y no la propia. Y encima el pistoletazo de salida lo ha dado un líder del PP, un partido supuestamente liberal-conservador. Mamarrachos todos.

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