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Nuestra debilidad es su fortaleza

Nadie en su sano juicio puede sentarse a negociar ya nada con el gobierno de Cataluña.

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Quim Torra en una fotografía reciente | EFE

Como era previsible, a pesar de la interesada ceguera de algunos para justificar sus ambiciones políticas, hemos llegado dónde sabíamos que íbamos a llegar: al punto de no retorno en Cataluña. El independentismo ha quemado todas sus naves, y nadie en su sano juicio puede sentarse a negociar ya nada con el gobierno de Cataluña; sería la negociación de la ignominia. La apelación al conflicto civil del presidente, todavía, del gobierno autonómico catalán, es la conclusión de una serie premeditada y llevada a efecto de rebelión contra Cataluña y, por ende, contra España.

Como siempre pasa cuando hay inflamación, parafraseando al presidente y a su, cada vez más, imitador Pablo Iglesias, no se trata de dar antiinflamatorios sino antibióticos para extirpar las bacterias; y eso es ya lo único que puede hacer el gobierno de España. Actuar con fortaleza y con prontitud.

Aunque muchos quieren ocultar la realidad, lo que se vive en Cataluña es una insurrección dirigida y apadrinada por el gobierno que administra las cárceles y a la policía autonómica que ya actúa al margen de la Ley como un cuerpo militar de ocupación del territorio español.

No es que toque aplicar el 155; es que el gobierno debe aplicar la Constitución en su conjunto para devolver la normalidad, el orden y la seguridad a Cataluña. No tiene otra opción que decretar en Barcelona el próximo día 21 de diciembre, el artículo 155, la suspensión de la autonomía, la toma del control de las instituciones por el gobierno de Madrid; realizar las investigaciones necesarias para depurar todas las responsabilidades penales, y restaurar la democracia en Cataluña; la única región de Europa donde la policía no está ya para cumplir la ley; donde sólo unos tienen derecho a manifestarse o a expresarse; donde se marcan escaparates como se hacía en Bruselas con los judíos en los años treinta, precisamente lo hacían los amigos de Torra y del independentismo que ahora asilan al prófugo Puigdemont.

Europa ya asiste con clarividencia a la rebelión política y del terror que Torra pretende imponer en Cataluña, en contra de una mayoría de catalanes que desean una convivencia pacífica. ¿Se va a inmolar el señor Torra para la independencia de Cataluña, o pretende que los muertos los pongamos los demás?

Todo lo que ha pasado en estos meses es consecuencia de que han perdido el miedo a la ley, a la autoridad, y se sienten fuertes porque tienen agarrado por salva sea la parte a un presidente que no dudó en subirse a este carro para ser presidente. ¿Tan malo era Rajoy para preferir aliarse con estos instigadores de guerras civiles?

No nos equivoquemos, el 155 se aplicará, pero que no piense Pedro Sánchez que él está legitimado para hacerlo, porque él es parte del problema y no de la solución. Ya no hay tácticas electorales, ni lavados de imagen; ya toca actuar, formar un gobierno de concentración nacional liderado por otro líder socialista que crea en España como patria y nación indivisible, o un independiente, y resolver este problema, si no queremos que la solución eslovena acabe en la croata o serbia.

Ya no puede haber equidistancia, ni pretender justificar que existe un conflicto entre Cataluña y el resto de España; ese pretendido conflicto ha sido asesinado por Torra, al estar dispuesto a llevarnos a las trincheras. Cataluña se ha deslegitimado para hablar de conflicto, ni de secesión, ni de referéndum pactado ni de reforma del estatuto.

Esto sólo tiene un camino; unas nuevas elecciones y el abandono por los partidos que pretendan concurrir a esas nuevas elecciones de la independencia como objetivo político fuera del marco de la Constitución que nos hemos dado los españoles. Ya es hora de terminar con los abusos a los que se somete a los catalanes para un futuro mejor independiente. ¿Los catalanes de verdad quieren ser gobernados por los CDRs? ¿De verdad que quieren a un presidente que se va como un eremita a hacer la dieta de navidad a Montserrat mientras amenaza con echar a los funcionarios que cumplen con la Ley?

La Cataluña de Pla, Maragall, Tarradellas, y tantos otros ya no existe, ¿Tanto daño les ha hecho el resto de España, que no ha hecho otra cosa que ceder y ceder, para satisfacer una ambición que es ilimitada?

El tiempo se acabó. Aplicar la Ley no es una opción; el orden y la autoridad tampoco. Al igual que hasta ahora nuestra debilidad ha sido su fortaleza, cuando el gobierno haga lo que tiene que hacer y muestre su fortaleza, que es la de todos los españoles y la mayoría de los catalanes, se volverán débiles y desaparecerán.

No se trata como algunos afirman, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, de acabar con Cataluña, su riqueza, su historia y su tremenda especificidad. No se trata de revertir el Estatuto, ni de acabar con el régimen de libertades; se trata precisamente de todo lo contrario, de aplicar la Ley para salvar la autonomía y a Cataluña de sus enemigos que no están ni en Madrid ni en Andalucía sino en la Plaza de Sant Jaume y en las tropas de asalto del independentismo, los CDR´s. Si quieren saber quién no quiere a Cataluña, no busquen fuera, mírense dentro de sus instituciones y comiencen a andar de nuevo por el camino del que nunca debieron separarse. Será bueno para Cataluña y para España. Y con la razón, con la ley, con el seny que les caracteriza, quién sabe si algún día alcancen sus objetivos en el marco de la Constitución; pero a las bravas, ahí estamos todos jodidos, ustedes y nosotros.

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