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Federico Jiménez Losantos

55 días para apuntalar el rajoyismo

El rajoyismo tiene 55 días para apuntalarse y sobrevivir como un tinglado de Poder embalsamando al Inmortal Cadáver o coronando a la Sepulturera Jefa.

Federico Jiménez Losantos
El rajoyismo tiene 55 días para apuntalarse y sobrevivir como un tinglado de Poder embalsamando al Inmortal Cadáver o coronando a la Sepulturera Jefa.
EFE

Va a ser, muy probablemente, la campaña electoral más triste de la democracia. Ni siquiera quedará, como en la de Diciembre, el temor o el temblor, según se mire a Izquierda y Derecha, de que pueda cambiar algo. Los tres partidos constitucionales y el Frente Popular Separatista van a ir a mantener los resultados, esperando el fallo del contrario más que el acierto propio, el desfondamiento del enemigo –no habrá adversarios- más que la victoria. Los tres partidos y Podemos saldrán a no perder, ninguno a ganar. Primero, porque no se puede. Segundo, porque no se quiere creer otra cosa.

Ciudadanos ha escarmentado y no creerá más encuesta que la de las urnas. Por otra parte, su trabajoso pacto de Gobierno con el PSOE ha sido para los novatos de Rivera una escuela de realismo sobre lo que seguramente será la política española de los próximos años: un trabajoso equilibrio de decepciones para no perder del todo las ilusiones. Si no vuelven a caer en la tentación juvenilista, tan cara a su líder –y a todos los líderes totalitarios o populistas del siglo XX- su propuesta sólo puede aspirar a mantener los votantes conseguidos el 20-D y acrecentarlos en lo posible por la buena fe y el empeño en conseguir ese Gobierno que querían los españoles y no querían los que podían impedirlo: PP y Podemos.

Si C´s tuviera la presencia mediática de la mara de Iglesias, podría explicar bien en televisión lo que ha hecho, que es algo más que pactar con el PSOE, y lo que quiere hacer, que es algo más que pactar con PSOE y PP. Temo, sin embargo, que como en la pasada campaña, el enemigo único del PP va a seguir siendo Rivera. Y temo que Rivera no se atreverá a hacer la campaña contra Podemos, la ETA y el separatismo que no va a hacer el PP. ¿Porque es de izquierdas? En absoluto. Porque es tan de derechas –laico y aseado, pero formal- que el maricomplejinismo es en él una segunda piel.

Ciudadanos y la bandera de España

Si Rivera se atreviera a levantar la bandera de España que Rajoy ha abandonado, haciendo el discurso contra la corrupción pero sobre todo contra la corrupción de la soberanía nacional española, podría lograr, creo yo, ese millón de votos más que lo convertirían en clave del nuevo centro derecha y de todas las combinaciones de gobierno posibles tras el 26-J. Sin embargo, el otro día decía Gustavo Bueno, que simpatiza con Rivera, que le había parecido "un jugador de ajedrez". Y esta campaña, que parece tan forzosamente táctica, exigiría más sturm und drang que cálculo razonable.

La razón no es que la política premie el riesgo -a veces sí y a veces no- sino que la única manera de resistir una campaña tan brutal como la que va a padecer la formación naranja es no encerrarse en la propia área, presionar la salida del balón, no dejarles mover la pelota… en definitiva, descomponerlos. Sólo mediante un discurso contra Podemos y el reproche al PP de ser su aliado objetivo –que lo es- puede poner al PP a la defensiva. Y sólo si el PP está demasiado ocupado defendiéndose de Ciudadanos por la derecha no lo machacará por la izquierda, presentándolo, como ya hace, como "el partido que ha pactado con el PSOE". ¡Como si el PP no hubiera intentado hacerlo! Pero la desconfianza, sembrada en los medios de forma sistemática, será el gran enemigo de Rivera. Y no va a ganar sonriendo ni esperando a que se cuenten los votos el 26D. O sale al ataque o le irá mal.

Porque el rajoyismo se lo juega todo a la carta de estas elecciones. Ha prescindido de cualquier programa político y económico, ha abjurado de la defensa de España como una nación de ciudadanos libres e iguales y lo fía todo a la desconfianza en el centro y al pánico a la extrema izquierda, sus movimientos van a ser estrictamente destructivos. La rendición ante el separatismo catalán, solemnizada por Soraya y Junqueras esta semana, es tan grosera, su voluntad de vendernos como inevitable el tributo anual a los golpistas de la Generalidad es tan obvia que Ciudadanos podría atacar ese flanco sin piedad. Pero temo que el éxito de Arrimadas haya hecho mucho más conservador a Ciudadanos, justamente allí donde su radicalismo en favor de la libertad y la Nación los ha legitimado como partido nacional. Me gustaría equivocarme, pero lo que veo o entreveo no me gusta nada.

En realidad, el "sorpasso" de Podemos-IU al PSOE depende de cómo esa política de supervivencia a toda costa del rajoyismo se concrete en los medios de comunicación, donde por primera vez un Gobierno del PP tiene en su mano, mediante buenas y malas artes, delitos y concesiones, guiños y apaños, una mayoría mediática aplastante. Evidentemente, como el PP de Rajoy renunció desde 2008 a la batalla de las ideas, su dominio mediático no supone una derechización de los contenidos, que, sobre todo en TV, administran periodistas de izquierda y nacionalistas. El último caso de "fuego amigo" ha sido el de Telemadrid, donde el PP y C´s han liquidado la única televisión regional que todavía plantaba cara a la dictadura progre.

Prietas las filas mediáticas

Pero si nunca veremos a los comunicadores favoritos de Soraya –los cebrianes y otras star-oils qataríes- defender nunca en la televisión, rara vez en la radio y pocas veces en la prensa una sola idea liberal, sí pueden hacer algo con un resultado electoral semejante: marginar al PSOE dando trato de favor a Podemos e ignorar a Ciudadanos en beneficio del PP. Y en los últimos días se multiplican los signos que anuncian que ese prietas las filas mediáticas se ha producido ya. Esos intereses creados van a apostar por Rajoy hasta el 26j. Ni un día más, pero ni un día menos.

El rajoyismo tiene, pues,55 días en Pekín, o sea, Madrid en la extravagante producción de Bronston (Rajoy no será Charlton Heston, pero Soraya bien podría ser la favorita Yan Kwe-Fei) para apuntalarse y sobrevivir como lo que es, un tinglado de Poder, sea embalsamando al Inmortal Cadáver, sea coronando a la Sepulturera Jefa como Reina del Sepelio Popular. Porque lo seguro es que, sea cual sea el resultado electoral, la Derecha que hemos conocido desde la Transición ha muerto. Y con ella, muchos de los valores que durante muchos años representó. No está claro si, tras la defección de la Izquierda del campo nacional, a esta voladura controlada de la Derecha podrá sobrevivir la idea misma de España como régimen constitucional. Ni si entre el PP de ayer, hoy hecho pedazos, y el Ciudadanos de mañana podrán acometer la dura e ingrata tarea de resucitarla.

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