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Federico Jiménez Losantos

Con Rajoy, ni Rivera nos salva del Frente Popular

El PP va camino de sufrir una derrota a la altura de sus méritos, que son colosales.

Federico Jiménez Losantos
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Las únicas elecciones que puede ganar Rajoy son aquellas a las que no se presente; por ejemplo, las británicas. Pero cualquiera que observe los datos del CIS, que subrayan y actualizan la evolución marcada no sólo por todas las encuestas desde las elecciones europeas, sino aquellos resultados y los de las elecciones andaluzas, tendrá que admitir que el PP de Rajoy va camino de sufrir una derrota en las Generales a la altura de sus méritos, que son colosales. Decir que Cameron ha ganado gracias a la economía, cuando los conservadores -a mi juicio, equivocadamente- han hecho política hasta más allá de la política, por ejemplo promoviendo el referéndum escocés, muestra la mezcla de estupidez y desvergüenza que caracteriza los amenes del PP oficial, a punto de entonar el gori gori del PP real el próximo 24M.

Aunque el día 25M entremos en detalles y matices, la evolución general de la opinión pública es inequívoca: hay dos bloques de electorados comunicantes: PP-Ciudadanos y PSOE-Podemos, y el cambio que parece producirse es que en el bloque de izquierdas Podemos empieza a bajar y el PSOE empieza a recuperarse levemente, lo suficiente para recuperar la primacía; en cambio, el PP no deja de bajar mientras C’s no deja de subir. El resultado es que Podemos ha dejado de tener la victoria electoral al alcance de la mano, como hace apenas tres meses, mientras que Ciudadanos, reacción espontánea a la amenaza de Podemos que el propio PP propició para conseguir el voto del miedo en las Generales, no deja de crecer a costa del PP. Y sí, parece posible que Rivera gane las elecciones.

Pedro Sánchez, el nuevo Zetapé

Sin embargo, a diferencia de Pablo Iglesias, que hubiera llegado a la Moncloa de ganar Podemos, aupado por los votos socialistas, comunistas y separatistas, es casi imposible que Rivera, incluso ganando las elecciones, pueda gobernar, porque la ruina de un PP con Rajoy como candidato hace casi imposible la victoria de un bloque de centro-derecha nacional. Lo que se ve venir, de ahí que el viejo zorro González y el faisán Rubalcaba hayan descartado la coalición PP-PSOE, es un gobierno del PSOE con el apoyo de Podemos, comunistas y separatistas. El neozetapé Pedro Sánchez es el tipo de líder gaseoso idóneo para pactar el desguace del régimen constitucional del 78 con Podemos, Convergencia, ERC, PNV y, por supuesto, la ETA.

Si bien se mira, lo que verosímilmente tenía que acaudillar Pablo Iglesias -tropezando con el separatismo si se empeñaba en la forja de un régimen a la venezolana, con el supuesto patriotismo español como excusa para instaurar el despotismo comunista- puede presidirlo más fácilmente Pedro Sánchez, que, a la vista de sus propuestas, no cree en España, en la revolución, en el socialismo, en la democracia, en la libertad, en la nación ni en nada. Lo suyo sería un sectarismo guerracivilista al estilo zetapoide, con una demolición pactada del régimen constitucional en lo que tiene de Estado Español: la nación española como base de legitimidad y la libertad e igualdad de los ciudadanos ante la ley como base de la Nación.

Ese PSOE, de nuevo abierto a la liquidación del régimen liberal-democrático del 78, no hubiera sido el de Susana Díaz, y por eso la apoyaba Felipe González. Ahora bien, si el precio de llegar al Poder es volver al zapaterismo, nadie dude de que el PSOE estará encantado de pagarlo. Su historia demuestra que, salvo la ruptura de Besteiro con el guerracivilista Largo Caballero en 1933, siempre ha estado dispuesto a aliarse con cualquier fuerza política, por muy comunista o antiespañola que sea, con tal de llegar al Poder. Y si en el camino cae la monarquía constitucional o la república democrática, le da igual. Como los sandinistas y Sendero Luminoso, los socialistas podrían decir: "Salvo el Poder, todo es ilusión". Y sus 130 años de historia de golpismo y oportunismo lo prueban.

La experiencia de UCD y AP

El PSOE ha respetado las reglas del juego cuando enfrente ha tenido una fuerza política lo suficientemente sólida para obligarle a respetarlas. Hasta hace unos meses, con el PP de Rajoy y la fuerza complementaria y en ascenso de Ciudadanos, esa fuerza existía. De hecho, podía decirse que era mayoritaria en el electorado y podría forjar alianzas de Gobierno. Pero la ley electoral y la propia dinámica de disolución de un partido nacional, llámese UCD, PSOE o PP, acarrea la derrota de su bloque político-social. En 1982, la UCD en el Gobierno se negó a pactar con la AP de Fraga, que ya le había ganado en las elecciones regionales de Galicia y Andalucía. En apenas cuatro meses, del Mundial de fútbol al mes de Octubre, UCD pasó de tener "absolutamente seguros" 60 escaños a 13. El PCE, autor de la Transición con UCD, quedó también deglutido por el PSOE, que llegó a los 202 escaños frente a los 106 de Fraga. Pero con los dos millones y pico de votos de UCD unidos a los 6 de AP y medio millón regionalista de derecha frente a los diez millones de votos del PSOE habría habido nueve. Y no hubiéramos padecido trece años de hegemonía aplastante de izquierdas.

El hundimiento del PSOE con Almunia y Rubalcaba facilitó las mayorías absolutas del PP en 2000 y 2011. Pero la Izquierda y el nacionalismo siguió teniendo una presencia en la opinión pública mucho mayor que su representación parlamentaria, gracias a una hegemonía en los medios que no ha dejado de aumentar desde 1982. Si la Izquierda política pierde, la izquierda social no queda desamparada. Si la derecha política pierde, antes ha dejado desamparada a la derecha social. La traumática derrota de 2004 pudo resistirla la derecha española durante la primera legislatura de ZP gracias a la COPE y El Mundo, que se enfrentaron a la alianza del PSOE con los separatistas y la ETA, amén de facilitar –la COPE sobre todo- gigantescas movilizaciones en la calle que permitieron la recomposición del PP en 2007. Tras la derrota de 2008, Rajoy prefirió salvarse a costa de destruir el PP. Y pese a que ZP le sirvió en bandeja la mayoría absoluta de 2011 nunca se ha recuperado el PP de aquella traición, que llevó aparejada la persecución de medios y periodistas que por haberle ayudado tanto en los peores años éramos testigos indeseables del cambiazo.

Lo ocurrido en la COPE y El Mundo va de la mano de la privanza absoluta de PRISA con el Gobierno de Rajoy, en especial su vicepresidenta y protodelfina. Si el predominio audiovisual de la izquierda es aplastante, es gracias al PP. La espectacular irrupción de Podemos se produjo en la televisión por la propia naturaleza del medio y el respaldo del Gobierno. La de Ciudadanos, respuesta espontánea al auge de Podemos, ha sido idéntica, gracias a un líder architelegénico. Pero el PP, con la excepción de Aguirre, no tiene nada parecido. Su forma es como su fondo: nulidad. No "comunican" porque nada tienen que comunicar, salvo las ganas de seguir en el Poder. ¿Para qué? Para administrar la economía, como el Opus en el franquismo. Pero Montoro y de Guindos no son López Rodó, y Rajoy, obviamente, no es Franco. Sin jugársela, ya le hubiera gustado, pero no.

En resumen, con Rajoy en el PP, ni Rivera nos salva del triunfo del Frente Popular. Ciudadanos puede neutralizar el peligro podemita. Lo que no puede es cambiar el rumbo suicida del PP. Y con él, del centro derecha que es lo único que garantiza, electoralmente, la supervivencia del régimen constitucional. Algo mucho más importante que el PP y Ciudadanos juntos.

Director de Es la Mañana de Federico.

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