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Privilegio y epitafio de Pablo Iglesias Turrión

Que un profesor de la UCM, cuyo partido financian Venezuela e Irán, hable de los "privilegios que he disfrutado" yo, supera mi capacidad de asombro.

Pablo Iglesias Turrión, candidato a la Presidencia del Gobierno de España bajo las siglas de Podemos, partido-franquicia de la dictadura venezolana, ha hecho unas declaraciones en Onda Cero, una de las cadenas de radio del imperio mediático más favorecido por el PP, el de Atresmedia-La Sexta, cuya política de apoyo al partido comunista bolivariano y filo-etarra de Iglesias se resume en la consigna, denunciada por el director de uno de los periódicos más importantes de España, de un director general de A3TV: "Podemos por la mañana, Podemos por la tarde y Podemos por la noche".

La propaganda totalitaria de la cadena D´Agostini–Bertelsman-Planeta en favor de Podemos ha respondido a razones comerciales –subir la audiencia con mensajes polémicos y revolucionarios- y también políticas –que su padrino Rajoy se presentara como salvación del peligro que A3TV ayudaba a crear. De esa estrategia, que promovía la ruina de la democracia española para vender su posible salvación, se ha beneficiado Podemos.

Pero Iglesias Turrión no esperaba sentado la oportunidad que no han tenido otros partidos como UPyD y Ciudadanos y que le ha brindado, por las sórdidas razones expuestas- el duopolio televisivo creado por Zapatero y Rajoy. Antes, ya había conseguido fondos de la dictadura venezolana y la tiranía iraní para promover su figura política y su partido, tan dependiente de su imagen televisiva que en las únicas elecciones a que se ha presentado con sus siglas, el logotipo de Podemos era precisamente la cara de Iglesias.

Es imposible, por tanto, desligar a Iglesias de su continua promoción por los todopoderosos Mediaset (Tele 5- La 4) de Berlusconi y Atresmedia (A3TV/La Sexta) de D´Agostini Planeta, amén las emisoras de radio que, como los ocho canales de TV -incluidos los de HD adjudicados por Rajoy a Atresmedia y Mediaset- son concesiones del Gobierno o las Autonomías. Y, repito, nadie se ha aprovechado tanto del control político de los medios de comunicación en España, como Pablo Iglesias y los líderes de Podemos.

Desde que Pablo no musita, Podemos desbarra

Antes de ser favorecido por la estrategia diabólica de Rajoy –cuanto peor sea la alternativa, mejor para la continuidad del PP-, Pablo Iglesias se prodigaba en medios como Intereconomía TV, donde yo lo encontré un par de veces y tuve ocasión de replicar a la demagogia que entonces presentaba en forma de susurro. Porque tras recibir un curso de telegenia –pagado con dinero venezolano, según se publicó y no desmintió el aventajado alumno- en una academia paralela de profesionales de RTVE, Pablo Iglesias había aprendido a presentar su enmienda a la totalidad del régimen constitucional del 78 en voz baja, como al oído de una vieja pecadora en el confesionario.

Más alto hablaba Iglesias cuando en dúo plañidero con Willy Toledo ofició en un teatro madrileño el funeral de su ídolo Chávez, al que llamaba "demócrata con agallas". Tampoco hablaba bajo en la herriko taberna en que elogió a la ETA –"izquierda abertzale", en terminología batasuna- por ver "antes que nadie" lo despreciable del "Papelito del 78", es decir, de la Constitución votada por una inmensa mayoría de los españoles. Y tampoco bisbiseó el Iglesias que capitaneó el "escrache" contra Rosa Díez en la Complutense. En esos casos le salió el estridor aflautado que tanto le cuesta disimular, ahuecando la voz y buscando un tonito grave al estilo cumbayá.

Pero acaso instruido por su jefe de comunicación García Ferreras, el jefe de informativos de la SER cuya autoría en el golpe mediático del 13M pretende compartir, Iglesias ha vuelto de a lo que su colega en la Complu Antonio Elorza ha descrito como una propensión irrefrenable al discurso del odio y la apología de la violencia, algo tan bolivariano como leninista.

Isabel Gemio excita el celo chequista

Así, cuando Isabel Gemio le hace escuchar frases mías, de Eduardo Inda, Isabel San Sebastián, Esperanza Aguirre o Aznar, dice: "Losantos, Inda, Isabel San Sebastián... revelan el pasado de este país, un pasado oscuro, una cosa que yo no quiero para el futuro." (…) "estoy convencido de que los padres y madres de nuestro país no querrían que en el futuro sus hijos identificaran como creadores de opinión a personajes como estos" (…) "representan lo peor de la historia de nuestro país. Ese país que oprimía a las mujeres, que estaba en contra de las libertades, frente a una España nueva que quería ser democrática".

Yo entiendo que Iglesias se moleste cuando me oye decir que uno de sus programas de televisión lo emitía en Hispan TV, cadena de la teocracia iraní, cuyo régimen ahorca en público a los homosexuales y discrimina salvajemente a las mujeres. Su problema es que lo que yo digo es verdad. Y lo que dice él, que represento al "pasado a la España que se oponía a los derechos de las mujeres y a la democracia" es mentira y él lo sabe. A lo largo de casi cuarenta años de vida intelectual y periodística, he defendido siempre la democracia, el liberalismo, la nación española y a las víctimas del terrorismo. Desde Lo que queda de España hasta el último programa de esRadio pasando por treinta y cinco años como columnista de Diario 16, ABC, El Mundo o Libertad Digital.

Por el contrario, Iglesias ha despreciado siempre la democracia, el liberalismo y a las víctimas del terror; más aún: ha mantenido contacto directo la banda asesina –según El Mundo con Herrira, la red de control de los presos etarras, pero basta ver a quién apoya en Navarra-. Iglesias es cómplice de una de las teocracias islámicas más machistas y homófobas del mundo: la iraní. Y a diferencia de mí y de los que cita Isabel Gemio, víctimas del terrorismo o con escolta desde hace años, Iglesias nunca ha defendido la democracia, sino la teoría liberticida de la ETA –véase el vídeo de la herriko taberna-. Y se niega a condenar el asesinato de jóvenes en Caracas o los juicios-farsa de Maduro.

Tal vez porque, como dice Elorza, no consigue controlar su discurso de odio y violencia, Iglesias embiste así a la muleta de Gemio: "¡Cómo nos odian! ¡Los que no saben más que odiar se les nota en el timbre de voz!". Se ve que no se escucha, la criatura, en los mítines de estos últimos meses. Pero donde Iglesias alcanza el límite de la ridiculez para alcanzar el de la amenaza de muerte es cuando, azuzado por la Gemio, dice que, en realidad, no le odiamos a él "sino a la gente humilde. Creo que no soportan que un chico de Vallecas pueda ser presidente del Gobierno". Hemos "disfrutado de privilegios" (…) "son lo peor de este país. Son un epitafio. Forman parte del Pasado. Forman parte de algo que estudiarán los historiadores".

Para privilegios, los de Podemos

Ningún partido ha demostrado en menos tiempo que Podemos tal apego al nepotismo cuando no a la cleptocracia familiar o tribal. Desde los familiares de los ayuntamientos podemitas de Madrid, Barcelona o Cádiz –padres, novios, sobrinos, colegas y okupas- a timadores como Errejón, cuya beca de investigación black, consistía en averiguar la ventanilla una vez al mes (el becador ha sido agraciado por el becado con un puesto en las listas) sin olvidar al tesorero podemita Monedero, cuyos cientos de miles de dólares venezolanos ocultados al Fisco han sido perdonados por Montoro. No hay ventaja que no hayan aprovechado, inventado o autoadjudicado. ¡Y viene Pablo Iglesias el eurodiputado marmota, hablando de privilegios!

La verdad, que el hijo de un alto funcionario, profesor de universidad –miembro, pues, de la casta más corrupta de todas las castas de España-, becado en Cambridge por la Bankia de Blesa, cuyo partido financian las dictaduras venezolana e iraní, hable de los "privilegios que he disfrutado" yo, supera mi capacidad de asombro. ¡Yo, hijo de un zapatero y una maestra, nacido en un remoto pueblo de la sierra de Teruel, que estudié con beca desde los diez años –nota media sobre 7- y que, peleando con todos los gobiernos desde hace veinte años, he ido creando diversos medios de comunicación que pagan puntualmente más de cien nóminas al mes! ¡Y lo dice él, que lo poco que ha pagado es con dinero sangriento o robado!

Si no fuera por la amenaza que en un chequista vocacional, amigo de etarras, supone la palabra epitafio, le agradecería a Iglesias la ocasión de presumir, aunque sea de pobre. Porque al lado de Orihuela del Tremedal, Vallecas es Nueva York. O Chicago, si hablamos del Leninín de la Morgue de la Complu, único candidato a la Moncloa que lleva su epitafio a cuestas.

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