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Pervivencia del caníbal

Una pareja de jóvenes, Natalia y Dmitry, ha sido detenida por comer carne humana en la región de Krasnadar, al sur de Rusia.

Francisco Pérez Abellán
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Una pareja de jóvenes, Natalia y Dmitry, ha sido detenida por comer carne humana en la región de Krasnadar, al sur de Rusia. Ella parece una muñeca rusa, y lo es, con varias capas: la última matrioska mantis religiosa; y él es lo más parecido a un mujik famélico de Dostoyevski. Son presuntos responsables de haber dado muerte a 30 personas, fabricado pasteles con ellas y engullido parte de sus restos. El canibalismo es la última frontera. Siendo una cosa muy antigua, es ahora el crimen más moderno.

Desde la droga caníbal hasta los antropófagos de la vida digital. Los rusos han sido detenidos por una colección de selfiesdescubierta al perder él el smartphone, marca Samsung, toma ya, en los que aparece posando con una cabeza humana arrancada de cuajo. En la colección puede verse otro cráneo cocinado rodeado de mandarinas con aceitunas en los ojos y un limón en la nariz. También hay una foto del propio gourmet posando con la hoz y el martillo símbolo de la Rusia roja.

El móvil fue encontrado por un obrero que trabajaba en el asfalto de la calle y le bastó un minuto para darse cuenta de que no eran montajes sino fotos reales, por lo que ocultó el hallazgo cuando Dmitri apareció en ese instante preguntando si había visto el teléfono que había perdido. El obrero dijo que no y lo entregó a la Policía. Ahora empieza el verdadero horror.

Si no hubiera sido por la ejemplar colaboración ciudadana, la Policía no se habría enterado de que cerca de la comisaría había dos desaprensivos comiéndose a la gente, pese que dos de las víctimas eran del barrio y la última, una camarera de un bar cercano cuya cabeza fue encontrada en un contenedor junto al domicilio de los antropófagos. Él, un barrendero malhumorado, y ella, una enfermera con debilidad por el vodka. Vivían en un recinto militar. Me río yo de la seguridad de los reclutas de ese acuartelamiento, que estuvieron a punto de pasar del avión a la cazuela con uniforme y todo.

Se trata de la Escuela Superior de Aviación Serov, donde los presuntos criminales invitaban a los futuros pilotos a pastelitos con carne, que también vendían a varios restaurantes cercanos. En uno de ellos, Natalia estuvo a punto de ingresar como cocinera y ocuparse del suministro de la carne, pero no fue aceptada porque no tenía certificado de manipulación de alimentos y, sobre todo, porque su aspecto "era muy vulgar". Sin embargo, pese a que la pareja pasaba el tiempo peleándose o consumiendo alcohol, y aunque ella presentaba un aspecto desaseado, han estado actuando con total impunidad, según se sospecha, desde 1999. He aquí la clave del mayor horror: el peor de los comportamientos, pues cualquiera podía acabar apilado en rebanas en el frigo, se desarrolló sin el menor atisbo de que la autoridad se apercibiera ni en el partido, ni en la base militar, ni en comisaría ni en el municipio.

El caníbal de Rotemburgo, cuando fue descubierto, advirtió de que había miles de cofrades en la moderna Alemania capaces de comerse al prójimo, y ser comidos; e Issei Sagawa, el japonés monstruo del Bois de Boulogne de París, que acabó de crítico gastronómico, sigue siendo una celebridad por haberse vuelto loco con la carne de muchacha blanca, pero poco más. En Madrid, el mendigo asesino se comía el corazón de sus víctimas. Y ninguno de estos comportamientos ha merecido un tratamiento especial o una legislación específica. Siempre pasan como asuntos escasamente investigados y peor esclarecidos. En todo momento y lugar estos hechos son tomados como cosa de orates y eventos extraordinarios a pesar de que se repiten perviviendo al margen de la inexistente previsión y adaptándose a los tiempos hasta el punto de que la última víctima de los pasteleros rusos llegó al lugar donde sería descuartizada por medio de un programa de citas de internet.

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