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CAÍDA DE LA MONARQUÍA

Los espías del PSOE dentro del Estado monárquico

El veloz derrumbe de la Monarquía en abril de 1931 no se explica únicamente por la osadía de los republicanos y la cobardía de los monárquicos, también por una inteligente labor de espionaje dentro del Estado desarrollada por el único partido que en esos meses cruciales estaba organizado: el PSOE y su sindicato la UGT.

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La proclamación de la II República debe servir para comprender que ningún movimiento popular es espontáneo, porque detrás hay un pequeño grupo que lo organiza y dirige. En los libros de memorias escritos por los protagonistas de esos días, como Miguel Maura y el conde de Romanones, éstos insisten en la importancia de su comportamiento para conseguir los fines que cada uno se proponía. Maura subraya que él sacó de su casa poco menos que a rastras a la cúpula de los conspiradores republicanos, socialistas y masones y la encaminó al Ministerio de Gobernación, mientras que el cacique de Guadalajara presume de que persuadió al rey de la necesidad de que huyese de España para evitar que él y su familia acabasen asesinados como los Romanov en Rusia.

La historia la hacen los individuos y no un mecanismo invisible (económico, por lo general) que conduce a los hombres en una dirección determinada. Todo lo que ocurrió entre el 12 de abril, día de las elecciones municipales, y el 14, cuando el rey Alfonso XIII abandonó España, no podría entenderse sin recurrir al carácter de un puñado de hombres. La mayoría de los concejales elegidos fue monárquica, en una proporción de cinco por cada republicano, pero eso, los grandes números, no frenaron a los golpistas. Y entre éstos hemos de incluir a los espías del Partido Socialista Obrero Español y de su sindicato, la Unión General de Trabajadores, introducidos en la red de comunicaciones.

Ya los revolucionarios soviéticos habían insistido en la importancia de controlar los teléfonos y los telégrafos para estar al tanto de los planes de los gobernantes.

El general Mola, al frente de la seguridad

Los distintos libros del general Emilio Mola no suelen ser usados como fuentes por los historiadores pro-republicanos, quizás por rechazo a quien estuvo al frente de la Dirección General de Seguridad durante unos meses, entre febrero de 1930 y abril de 1931, y planeó en 1936 la sublevación contra el Frente Popular, pero son unos textos no sólo interesantes, también amenísimos (mucho más que las memorias de Niceto Alcalá Zamora, por ejemplo).

En la noche del 12 al 13 de abril, cuenta Mola en El derrumbamiento de la Monarquía, se reunió con "una persona" que en distintas ocasiones le había prestado "excelentes servicios". Este informador, que estaba en contacto con los conspiradores, le anticipó los planes de éstos de movilizar a sus partidarios para forzar la marcha del Rey. Mola anota que él no creía que el Comité Revolucionario hubiera decidido esa operación la noche del 12 de abril, pero las palabras de su informador que añade a continuación tienen mucho interés:

En esta labor han de ayudar de una manera eficaz no sólo las masas obreras, sino también muy especialmente el personal de los Cuerpos de Correos y Telégrafos, en los cuales existe un número extraordinario de funcionarios antimonárquicos: las comunicaciones de España puede decirse que están en manos de los enemigos del Gobierno.

El telegrama de Sanjurjo, interceptado

El informador de Mola tenía razón: los socialistas habían captado a numerosos funcionarios del Cuerpo de Correos y Telégrafos y los habían incorporado a su conspiración. En esos días, esos funcionarios incumplieron sus juramentos y compromisos legales y descifraron telegramas secretos que luego entregaron al comité revolucionario. Así ocurrió con el famoso telegrama que el general José Sanjurjo, director general de la Guardia Civil, remitió a las comandancias el día 13.

El dirigente socialista Gabriel Mario de Coca cuenta en su libro El Anti-Caballero lo siguiente:

El mismo lunes [13 de abril], a las nueve de la noche, el general Sanjurjo , director general de la Guardia Civil, proclamó virtualmente la República, mandando remitir desde el Palacio de Comunicaciones el siguiente telegrama circular dirigido a todos los jefes de los tercios de la Guardia Civil:

"Disponga usía las órdenes convenientes para que las fuerzas de su mando no se opongan a la justa manifestación del triunfo republicano que pueda surgir del Ejército y del pueblo".

El despacho, que iba con clave, fue descifrado por los funcionarios de Comunicaciones y produjo enorme revuelo. El martes, 14 de abril, los funcionarios de Telégrafos izaron en el Palacio de Comunicaciones la primera bandera republicana que ondeó en Madrid, y esto influyó mucho en que se precipitaran los acontecimientos políticos.

El contenido del telegrama debió de circular sólo entre los jefes socialistas, ya que los republicanos burgueses (Alcalá Zamora y Maura) no lo mencionan.

En la mañana del día 14, Sanjurjo se presentó en la casa de Miguel Maura y, de manera teatral, dio un taconazo y declaró que estaba a sus órdenes. Cabe sospechar que Sanjurjo enviase el telegrama sabiendo que podía ser interceptado y descifrado para animar a los golpistas, aunque quizás sea un comportamiento demasiado astuto para un hombre caracterizado por su vehemencia y estupidez. ¡Se sublevó contra la República que él había traído en agosto del año siguiente!

Sanjurjo.La Guardia Civil no entró

En el libro citado, Mola describe las banderas tricolores que ondeaban en el Palacio de las Comunicaciones esa misma mañana. El director general de ese departamento, el barón de Río Tovía, le dijo que tenía parte del personal "en franca rebeldía" y que había solicitado el envío de un destacamento de la Guardia Civil, lo que, visto el comportamiento de Sanjurjo, equivalía a pedir ayuda contra un incendio a un pirómano.

Según cuenta el general Mola, el destacamento "no llegó a penetrar en el edificio por haber amenazado los funcionarios con la paralización del servicio si llegaban a poner los pies en él".

Unas horas después, en ese mismo día, se constituyó un gobierno provisional republicano en la sede del Ministerio de Gobernación.

Tiempo más tarde, Mola explicó que la actitud de los funcionarios de Comunicaciones "se debió al conocimiento que tuvo de lo que iba a suceder por los telegramas que se cursaron a provincias".

Los conspiradores estaban mejor informados de lo que ocurría que el responsable máximo de la seguridad del reino, porque éste estaba limitado por las leyes monárquicas, mientras que aquéllos practicaban la deslealtad y la traición.

La deslealtad de los funcionarios adictos al PSOE

En resumen, la Monarquía cayó no sólo por la estupidez y la cobardía de sus defensores y cortesanos (los generales Berenguer y Sanjurjo, el almirante Aznar, el conde de Romanones, el propio rey), también por los espías de que disponían los conspiradores dentro del Estado.

Esta tradición de que muchos funcionarios del Estado socialistas sirvan antes al partido que a sus jefes administrativos o a la Nación se mantiene en nuestros días. Baste un único ejemplo. El periodista Pedro J. Ramírez ha contado (sin ser desmentido) que José Luis Rodríguez Zapatero le llamó horas después de los atentados del 11-M y le dijo que en los tres se habían encontrado restos de uno o varios terroristas suicidas y que el Gobierno del PP los ocultaba. A la pregunta lógica: "¿Estás seguro?", el secretario general del PSOE replicó:

Es una información que nos llega de dentro. Oye, hemos gobernado durante 13 años y tenemos gente dentro.

Y encima a esa gente el sueldo se lo pagamos los demás.

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