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RÉPLICA AL PROFESOR PASTOR

Las inconsistencias del nacionalismo lincolniano

El profesor Manuel Pastor ha abundado en el contraste entre su valoración de la figura de Abraham Lincoln y la mía y, de un plumazo, tachado de falaz el punto de partida de mis críticas al primer presidente republicano. Asimismo, ha expulsado al Instituto Juan de Mariana y sus ideas a los anillos de Saturno de lo que se ha llamado movimiento liberal-conservador. Todo esto es, a la vez, sugerente y aleccionador.

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No seré yo quien recoja el guante lanzado sobre la jeta de Juan de Mariana, que en la lectura de Manuel Pastor es un "colectivista y monarcómaco". Pero sí desvelaré al profesor parte del "misterio" de la elección de su nombre para bautizar a la asociación de la que formamos parte muchos liberales españoles. Y es que fui yo, precisamente, quien primero lo sugirió. Pensé en que era español, en que formaba parte de lo que se conoce como Escuela de Salamanca –primera tradición de pensamiento que puede definirse como liberal– y en que su filosofía me parece especialmente coherente.

Por lo demás, el Instituto Juan de Mariana es una plataforma abierta a cualquier corriente que defienda la libertad, de modo que es exactamente como lo ha descrito el profesor Pastor: un culto; pero al revés... Es la antítesis del objetivismo, la filosofía de Ayn Rand –que sí creó un auténtico culto–, que aparece en el artículo de Manuel Pastor como una especie de antecedente mariano. Todo ello sirve al profesor, decía, para expulsar al IJM y a sus integrantes de la casa del liberal-conservadurismo.

Es difícil ver la relación de todo ello con Lincoln; a no ser que parta de estas líneas: "Se explica que sean críticos con Lincoln, ya que son un conjunto de liberales heteróclito y desviado". Lo mismo cabe decir de Thomas DiLorenzo, ese "demócrata sudista y libertario". En mi artículo "Lincoln, Obama y los conservadores", más que contestar a Manuel Pastor, aproveché para dar un repaso a la bibliografía liberal crítica con el 16º presiente de los Estados Unidos, en la cual hay autores del Sur y del Norte (como Charles Adams, quizá el que más me guste de todos).

No sé la razón por la que el profesor Pastor establece un canon ideológico conservador para expulsar del mismo a ciertos liberales y, acto seguido, descanonizar a una corriente historiográfica, la que comenté en mi artículo, que cuenta con historiadores de primer orden, como el propio Adams, Jeffrey Hummel u otros que no he citado por no alargarme, pero que abonan las tesis que defiendo, como el gran Forrest McDonald.

En cualquier caso, y los lectores de Libertad Digital (y, por tanto, de Pío Moa o César Vidal) lo entenderán perfectamente, el hecho de que una corriente esté "desviada de los cánones de la historiografía" (lo que en este caso, además es discutible) no le quita un ápice de interés o veracidad. Si Manuel Pastor quiere hacer ver que sus posiciones son erróneas, lo que tendrá que hacer es mostrar las pruebas.

Algo de eso hay en su artículo "Sobre el legado de Lincoln y otros cultos", publicado aquí hace una semana. Entra, por fin, en materia cargando contra "la falacia de que la soberanía original pertenecía a los estados". Y ofrece estas razones:
[José Carlos Rodríguez] Olvida que en el texto de la Declaración de Independencia (1776) se habla de "One People" (el de las colonias rebeldes), y que el de la Constitución (1787) se inicia con la invocación "We the People" (asimismo, la X Enmienda remite, en casos no delegados a la Unión –y no prohibidos por la             Constitución–, a los estados, y en última instancia "to the People"). Ese pueblo originario, unido, constituido por individuos, es la substancia de la nueva Nación y el sujeto de la soberanía; un pueblo que se independiza y se organiza políticamente, primero como Confederación y finalmente como Unión federal. Los estados eran provincias administrativas, no sujetos de derechos históricos o políticos; por tanto, la secesión unilateral era ilegítima, y con razón Lincoln calificó de anarquía su justificación libertaria.
Para demostrar que los Estados Unidos se crearon mediante la unión de "provincias administrativas", el profesor Pastor necesitaría muchísimo más espacio e ingenio. Pero he de decir que conozco esas razones que alega, y que no me parecen suficientes para sostener tal concepción del origen del país, que recogió Lincoln de Daniel Webster y éste de Joseph Story. Valdrán como pruebas las que él mismo ha ofrecido, y aún otras: La Declaración de Independencia, los artículos de la Confederación y el Tratado de París, "los tres documentos que llevaron a la existencia a los Estados Unidos", según Forrest McDonald.

La Declaración de Independencia comienza con una exposición breve, precisa y casi poética de la teoría de John Locke según la cual los ciudadanos tienen derechos inalienables; y "cuando cualquier forma de gobierno se convierte en destructiva a tales fines, es derecho de las personas alterarla o abolirla e instituir un nuevo Gobierno". Constituyeron trece. Y si se unieron (de ahí el nombre del país) fue, precisamente, porque antes estaban separados e independientes.

Pero no adelantemos acontecimientos. En la Declaración, los firmantes son muy claros: "Nosotros, por tanto, los representantes de los Estados Unidos de América, en el nombre y por la autoridad del buen pueblo de estas colonias, hacemos público que nos declaramos solemnemente (...) Estados Independientes y Libres"; Estados Independientes y Libres que, como tales, "tendrán todo el poder de declarar una guerra, firmar la paz, formar alianzas, establecer el comercio y las leyes y actos a que puedan tener derecho los Estados Independientes". El sujeto de "los Estados Unidos" va siempre en plural.

Los artículos de la Confederación, firmados por "los Estados de New Hampshire, Massachusetts Bay, Rhodeisland" y demás, declaran que cada uno de ellos retiene su "soberanía, libertad e independencia", así como todo derecho que no delegado "expresamente" por la Confederación". Una Confederación que consistía en "una firme liga de amistad".

El Tratado de París es, igualmente, muy importante, ya que es el que reconoce la independencia de las colonias, ahora instituidas en Estados. "Su Majestad Británica reconoce a los dichos Estados Unidos, es decir, New Hampshire, Massachusetts Bay" y demás, la condición de "Estados libres, soberanos e independientes".

De modo que quienes constituyeron la norma suprema de EEUU todavía en vigor fueron los Estados, que se instituyeron como independientes y soberanos. Como tales, cada uno de ellos fue reconocido por la antigua metrópoli, formaron una confederación, la rompieron y conformaron una federación.

La Constitución fue una creación de la gente, y de hecho recoge las palabras, recordadas por Manuel Pastor, "We the people of the United States". Pero, como explica Madison en el 39 del Federalista, "no como individuos que componen una nación entera, sino como formando parte de Estados distintos e independientes, a los que (...) pertenecen". El acto de formar una Constitución, por tanto, "no es un acto nacional, sino federal".

La Décima Enmienda, citada también por el profesor Pastor, recuerda el carácter federal de la Constitución. Los Estados crearon la Constitución, y ésta concedió ciertos poderes al Gobierno federal. Pero esos poderes de la oficina central eran "delegados" por parte de los Estados. Y, como dice literalmente la Enmienda,
los poderes no delegados a los Estados Unidos por la Constitución, no prohibidos por ella a los Estados, se reservan respectivamente a los Estados o al pueblo.
Pero no al pueblo nacional, que aún no existía, sino al pueblo de cada Estado, como explicaba Madison. Éste añade, también en el Federalista que la jurisdicción del poder federal se extiende "sólo a ciertos objetos enumerados", y que el resto queda en manos de la soberanía "inviolable" de los Estados.

La idea de que hubo un pueblo unido, una nación primigenia que creó la Constitución y una Constitución que dio lugar a ciertas divisiones administrativas llamadas "Estados" ni siquiera se barajó cuando se redacto la ley fundamental norteamericana. Es inconsistente con lo que dicen literalmente los documentos fundacionales y la misma historia del país. La única razón por la que esta idea ha tenido algún predicamento es que la invocó Abraham Lincoln para justificar la invasión de unos Estados que, como habían hecho con la Confederación, decidieron deshacer la unión que mantenían para formar una nueva.

Lincoln nunca tuvo la historia o la justicia de su lado.
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