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Iglesia

Leonardo Boff
LEONARDO BOFF CONTRA JUAN PABLO II

En clamor de santidad

Para poder amar a alguien es necesario conocerlo y para poder conocerlo hay que amarlo. Quien se forja una imagen idealizada de alguien no puede amarlo porque lo mutila y deforma: hay que amar a las personas en la totalidad de lo que son. A Juan Pablo II también hay que amarlo así, con toda su grandeza y, en ella, con sus defectos, errores e incluso pecados. Pero el que tuviera sombras, todos los grandes hombres, varones o mujeres, y los santos las han tenido, es algo que solamente es posible ver en su grandeza y desde ella. Por ello, en medio de un clamor mundial de católicos y no católicos, me han llamado la atención quienes han puesto más el acento en lo que ellos consideraban negativo.
Capilla Sixtina, en la que se eligirá el nuevo Papa
EN LA ESPERA DEL CÓNCLAVE

In medio Ecclesiae

“Sígueme”. Habrá otro, sin duda, cuyo nombre y rostro todavía desconocemos, que escuchará de nuevo esta invitación de Jesús a Pedro evocada por el cardenal Ratzinger durante la homilía de las exequias de Juan Pablo II. Lo escuchará bajo el imponente espectáculo de los frescos de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, “entre el día de la Creación y el día del Juicio”. Aquel que sea llamado a colgar de su cinto las llaves del Reino, sentirá muy pronto que éstas tienen un peso muy singular, que responder a ese “sígueme” supone afrontar una aventura sin otro mapa ni otra brújula que el amor de Cristo presente en el cuerpo de la Iglesia.
VEREMOS

El despertar de la Iglesia

La Iglesia ha despertado en las almas. Son las miles de páginas en los periódicos, las horas de programación especial en radios y televisiones, el más nítido reflejo de la necesidad que los hombres y las mujeres hemos sentido de expresar la sorpresa y la admiración ante tanta gracia encarnada. La Iglesia ha despertado en las almas con los centones de preguntas sobre las causas, los motivos, la razón, de este clamor universal de aplauso por la vida de Juan Pablo II.