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González y el Rey

Los que nunca han perdido el Poder son los mismos. Los protegidos del bipartidismo son los mismos.

Javier Somalo
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Dando por cierto lo expuesto en el digital de José Apezarena, González esgrimió en público la necesidad de una Gran Coalición PP-PSOE después de planteársela en audiencia privada al Rey. Cuentan que el monarca se limitó "a escuchar", cosa que veo harto improbable. Conviene recordar que don Juan Carlos ya avisó en su discurso de Nochebuena: "Hay que actualizar los acuerdos de convivencia".

El caso es que el ex presidente socialista expuso al Rey su argumentación: la muerte del bipartidismo hará España ingobernable. Sin bipartidismo es imposible frenar el acelerón independentista catalán y vasco. El bipartidismo es el mejor escudo de la monarquía, cada vez más impopular según las encuestas. Sobra la sopa de siglas en el menú. El bipartidismo es monárquico. Non plus ultra. Este es el mensaje pero falta por saber si los visitadores sólo despachan con el rey o ya tantean también al heredero. ¿Habrá cumbre de Felipes?

Hasta ahora, la Grosse Koalition sólo ha actuado en la sombra. Pactando silencios y la omisión de deberes. Lo hemos visto en el Caso Faisán y en la política antiterrorista por extensión, en el cerrojazo sobre el 11-M y hasta en el caso Urdangarín-Cristina. Lo que pide, encabeza, protagoniza o se arroga Felipe González –sobre quien, por cierto, también se pactó callar– es la puesta de largo. Y eso ya ha empezado.

Pese a los circunloquios y tácticas electorales, Alfredo Pérez Rubalcaba, Soraya Sáenz de Santamaría, Miguel Arias Cañete y el mismo Mariano Rajoy ya han dejado claro que no es agua de borrajas. Según indaga Pablo Montesinos, una de las claves es que en el PSOE no llegue lo bueno por conocer, porque para el holding necesitan a Rubalcaba. A partir de ahí, dicen que la clave es el tiempo. Este mismo viernes, preguntada por la cuestión, dijo Soraya: "estamos en el momento en el que estamos; las cosas, cada una a su tiempo".

Dicen también que en la rebotica ideológica para "actualizar los acuerdos de convivencia" están hoy el Rey, Felipe González y Miquel Roca, Padre de la Constitución y abogado de la Hija. No se atisba mucha actualización que digamos; convivencia, toda.

Pero mientras llega el momento procesal oportuno, repasemos algunas certezas: Felipe González es el presidente con el que el Rey se ha sentido más a gusto. Veladas en La Zarzuela, continuas visitas fuera de agenda, amplias sonrisas. Como con el primer Suárez. Sin el divorcio, la conspiración ni el olvido que llegaron después. Otra cosa cierta es que si la gran coalición quiere cambiar la Constitución es porque los nacionalistas que ayudaron a la "gobernabilidad" del bipartidismo se han bebido todo el café y quieren una cafetera nueva.

Y falta la gran certeza. Después de cuarenta años de dictadura se llegó con mucho esfuerzo "de la ley a la ley" y, con los años, fue González el que se atribuyó "el cambio", como rezaban sus carteles electorales de 1982. Sí, el tramo más peligroso de la transición se lo trabajaron otros pero fue González, el 26 de julio de 1985, el primero en pasear el Azor sin Franco al timón, el gran cambio, el tabú roto. Como dijo el rey de sí mismo en entrevista con José Luis de Vilallonga, González quiere ser "the right man in the right place at the right moment".

A veces parece que da igual cuál sea el gobierno de turno y lo que haga. Los que nunca han perdido el Poder son los mismos. Los protegidos del bipartidismo son los mismos. Ahora quieren "actualizar los acuerdos de convivencia". González y el Rey.

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