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¿Quieren los jueces ser independientes?

Si la independencia que demandamos ya no la reclaman ni los jueces –o sus decanos– están claras las razones.

Javier Somalo
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Catalá acude a la reunión de jueces decanos | EFE

Cuando a un problema se le intentan buscar cientos de soluciones suele ser para esquivar el verdadero remedio. Ahora tan de moda están la corrupción como sus antídotos y prueba de ello ha sido la XXIV Reunión Nacional de jueces decanos clausurada el pasado jueves en Valencia de la que dio cumplida cuenta informativa el diario El Mundo, amén de un editorial concurrente.

Los allí presentes, en su calidad de decanos, representan a buena parte de los jueces que ejercen en España y son elegidos por ellos. De hecho, hoy por hoy, lo único que eligen algunos jueces es a sus decanos. Del resto ya se encargan los políticos.

En esta ocasión el asunto estrella de la jornada estaba claro: la corrupción. Y los decanos propusieron hasta 57 medidas para perseguirla con ahínco. ¿Tanto ha de actualizarse la Justicia para combatir la perversión más común y ancestral de la condición humana? Es verdad que muchas de esas medidas son de sentido común, como la ampliación del plazo de prescripción, la revisión drástica de los aforamientos –o sea, de los privilegios– o la reducción de los tiempos de instrucción de sumarios, a veces previos a la publicación de best sellers. Aceptemos también que hay que dotar de más medios a la Justicia y hasta que hay pocos jueces en España. Todo está muy bien. Pero al menos en la doble página, más portada, más editorial, más columna del diario El Mundo no he conseguido leer nada sobre la separación de poderes. Nada. ¿Han estado hablando sobre corrupción durante tres días "los jueces decanos de los tribunales de toda España" –así encabeza Victoria Prego su columna– y no han mencionado la independencia del Poder Judicial?

La separación de poderes va en contra del Poder absoluto y, claro, si eres una parte del todo no eres nada. El político marca al juez y el juez quiere ser, fue o será político. Este círculo protector lo inauguró el PSOE en 1985 y lo perpetuó el PP de Gallardón añadiendo a IU a la fiesta de los vocales del CGPJ. Esa fue la gran reforma realizada diez minutos después de abjurar de la promesa que habría supuesto un cambio histórico en España, una auténtica regeneración, de hecho, un renacimiento de la legalidad democrática. Hoy, las medidas expuestas y la solución callada por los decanos coinciden con las de Mariano Rajoy, genio del artificio y el rodeo, adalid del derecho a decidir… a los jueces que han de perseguir la corrupción.

Pues el círculo seguirá girando y en algún momento, muy pronto, habrá que echar cuentas para que Pablo Iglesias también pueda –en el mejor de los casos– sentar a algún justiciero proletario en el Consejo.

Bonito día para celebrar la Constitución. Que posen los presidentes vivos de la democracia, incluido aquél del que a duras penas se obtuvo una foto granulada, furtiva de su visita al Tribunal Supremo con los GAL en la picota. Si la independencia que demandamos ya no la reclaman ni los jueces –o sus decanos– están claras las razones. In dubio pro causa. Política, claro.

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