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Jesús Fernández Úbeda

Sesión de control: una burda invitación al suicidio

Sólo destacaría a Mario Garcés, quien ha adelantado a Espinosa de los Monteros por donde vaya a circular el 'plurinacional-pero-ya-no' PP de Feijóo.

Sólo destacaría a Mario Garcés, quien ha adelantado a Espinosa de los Monteros por donde vaya a circular el 'plurinacional-pero-ya-no' PP de Feijóo.
El ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, durante la sesión de control al Gobierno celebrada este miércoles en el Congreso. | EFE

Anda la derecha parlamentaria –y la tuitera– encabronada por el siguiente textual del presidente del Gobierno: "Ustedes –el PP– mandaban piolines a Cataluña y, con nosotros, la selección española de fútbol puede jugar en Cataluña sin ningún tipo de problema o de polémica". Atizan a Sánchez porque, según argumentan, se ha pitorreado de los 2.000 policías y guardias civiles que, cuando el golpe de Estado del 1-O, fueron destinados en la citada autonomía y hacinados en tres cruceros: el Moby Dada y el Rhapsody, ubicados en el Puerto de Barcelona, y el Azurra, sito en el de Tarragona. Igual peco de inocente, pero, en pleno directo, he tenido la sensación de que el líder del Ejecutivo se refería a las propias embarcaciones, y no a los agentes que en ellas malvivían por culpa de Rajoy, Sáenz de Santamaría, Zoido y demás marcas blancas. Muchos de los que hoy se han rasgado las vestiduras han olvidado, como escribió entonces Pablo Planas, aquel "ridículo barco de la risa, con camarotes mazmorra y auténtica comida basura, casi una prisión para sus infortunados y mal pagados habitantes; esa broma de mal gusto que intentaron ocultar con unas lonas verdes y fue peor el remedio".

La sesión de control de este miércoles ha sido una tortura obscena y aburrida, un bostezo con púas. Sólo destacaría la intervención de Mario Garcés, quien, en este escenario, ha adelantado al cada vez más soso y repetitivo Espinosa de los Monteros por el centro-derecha, o por donde carajo vaya a circular el nuevo plurinacional-pero-ya-no PP de Feijóo. El diputado popular dijo a Calviño que confunde "solvencia" con "solbismo", expuso su diagnóstico de la menguante y enfermiza economía patria y hasta se puso eurovisivo: "Tienen menos credibilidad que Irene Montero felicitando a Chanel". La vicepresidenta primera le respondió, sin ruborizarse, que "los ciudadanos españoles sí confían en este Gobierno". Para sorpresa de muchos, en el suelo del hemiciclo no se abrió ningún agujero, ni salieron de él tres o cuatro demonios bailarines, ni se la llevaron al Infierno por mentirosa.

Previamente, Cuca Gamarra preguntó a Sánchez por Paz Esteban, quien, dada la velocidad y la cantidad de los acontecimientos, ya suena a personaje de la Edad de Bronce. Reconozco que sentí una mezcla de vergüenza y de ternura cuando un diputado, al terminar su intervención, le bramó un "muy bien". Fue entonces cuando el presidente soltó lo de los piolines. En el momento, la portavoz del PP no se indignó –lo hizo por ella Ana Belén Vázquez a los tres cuartos de hora– y siguió con su matraca: "Su Gobierno nació de un pacto diabólico". El presidente del Gobierno soltó una coz barcenista y repitió el estribillo de que los genoveses fueron condenados por corrupción. A lo largo de la sesión, no pocos diputados peperos le recordaron que el único partido que luce realmente ese sambenito es el PSOE.

Aitor Esteban sí que acojonó a Sánchez: "¿Dispone la Guardia Civil o la Policía Nacional del programa Pegasus?". "No", respondió el espiado. "Que lo diga usted es importante. Yo, por ahora, tomo nota. Dentro de unos meses, veremos qué pasa. Aunque le hayan dicho esto, le diría que se asegure", le advirtió el portavoz del PNV. El presidente, plañidero: "Yo he sido víctima también". Peperos y voxeros soltaron un sonoro "oooohh" cargado de cachondeo. El killer de la Moncloa ya no impone.

González Terol también preguntó por los "motivos reales por los que ha sido cesada, que no sustituida", la exdirectora del CNI. Robles, desde su planeta, insistió en que "ha sido sustituida" y que "el Gobierno se siente profundamente orgulloso de los 3.000 hombres del CNI". Gil Lázaro, que, cada vez que interviene, parece que va a entrar Pavía –sin caballo, por supuesto– en el hemiciclo y va a dar un golpe de Estado, dijo que la ministra de Defensa "se ha traicionado a sí misma", tildó de "pantomima" aquella rueda de prensa –lo fue– y remató con un campanudo "¡qué vergüenza y qué miseria moral!". Ana Belén Vázquez, a Marlaska: "Si quieren hablar de Villarejo, sin problema. Para el PP son pasado; para usted, son presente. Hablemos de las anotaciones de Villarejo con la fiscal general del Estado. Hablemos de las anotaciones de Villarejo con usted, señor Marlaska". El ministro del Interior le recordó que fue un Gobierno del PP quien llevó "en condiciones indignas a Cataluña" a las fuerzas de seguridad del Estado.

Remató la cutre astracanada Macarena Olona, quien se refirió al "bulo" sobre su "empadronamiento en Andalucía": "Noticia hubiera sido presentar nuestra candidatura fuera de plazo, ¿verdad, señorías de Podemos?". La candidatísima acusó a Bolaños, "el ministro Perejil", de urdir tejemanejes para echarle "de la carrera presidencial". "¿Se imagina que consigue su objetivo? Cada miércoles voy a dedicarle toda mi atención", le amenazó. El titular de la cartera de Presidencia, Memoria Democrática y no sé qué: "Es una candidata paracaidista que incumple la ley y que se jacta de ello. Es candidata de una tierra en la que no ha vivido nunca y en la que, probablemente, no vivirá nunca". En fin, espero que, tras la burda invitación al suicidio que ha sido el debate de este miércoles, nadie se haya abierto las venas y/o derivados.

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