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Visca Poldavia lliure!

'Estupidez y Parlamento en la era de internet: el drama catalán'. ¡Menudo superventas!

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Cuarenta y un senadores franceses, mayoritariamente izquierdistas, totalmente ignorantes del asunto catalán, se han atrevido a denunciar la "represión" contra los dirigentes separatistas "encarcelados o forzados al exilio por sus opiniones". "No se puede detener a la gente por sus convicciones", han declarado sus señorías. Difícil llevarles la contraria. Pero vulnerar varios artículos del Código Penal, con el grave riesgo de desatar un baño de sangre, no tiene nada que ver con opiniones ni convicciones. ¿Qué pasaría en la République, Une et Indivisible si a los gobernantes de uno de sus departamentos se les ocurriese azuzar a las masas contra la Policía para dar un golpe de Estado y declarar la independencia? ¿Protestarían estos senadores por el procesamiento de los golpistas "por sus opiniones"? Pasma tanta incompetencia en unos próceres que deberían haber tenido un poco más de prudencia y un poco menos de soberbia antes de dar lecciones sobre unos hechos que ignoran totalmente.

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Pero estos parlamentarios franceses no han hecho más que seguir la tradición inaugurada hace noventa años por algunos predecesores suyos que hicieron el ridículo al denunciar, desde su mayestática tribuna parlamentaria, unos hechos horribles que estaban sucediendo en otro país europeo. Pero con el pequeño inconveniente de que ni aquellos hechos horribles ni aquel país existían.

Efectivamente, en 1929 unos militantes de Action Française, dirigidos por Alain Mellet, se burlaron de numerosos parlamentarios al convencerles de la existencia de un país imaginario: Poldèvie (en español se tradujo como Poldavia). El gamberro de Mellet se dirigió a varios diputados de la izquierda rogándoles su apoyo a la causa nacional poldava ante la Sociedad de Naciones:

Honorable Señor Diputado:

En pleno siglo XX, de las Luces y del Derecho, cerca de cien mil infortunados poldavos, esclavos modernos, sufren bajo el yugo de algunas decenas de grandes terratenientes. Mujeres, ancianos, niños (porque los hombres trabajan en las fábricas de otros países) llevan una miserable vida de bestias. ¡No recibirán ninguna ayuda si no es de la conciencia mundial que buscamos en su corazón! Evidentemente, no somos amigos de las repúblicas soviéticas, sobre todo de la Ucrania de la que tantos sufrimientos hemos recibido, aunque es cierto que semejante estado de cosas ya no sería posible desde la revolución. Ayúdenos, honorable Señor Diputado. No le pedimos dinero sino sólo su eminente apoyo moral mediante una carta para el dosier que queremos presentar el mes que viene a la tercera subcomisión de la Comisión de los Derechos de las Minorías de la Sociedad de Naciones (…) ¡La Francia de 1793, que con su espada flamígera pisoteó a los tiranos y los reyes, puede salvarnos de las garras de los grandes propietarios sedientos de sangre poldava! ¡Oh! ¡Gracias, Honorable Señor Diputado, por su respuesta, que irá a Ginebra junto con las de los demás colegas suyos del Parlamento de la grandiosa Francia de la Revolución!

Firmado: Lyneczi Stantoff Lamidaëff.

Antes de continuar, aclaremos que Lyneczi Stantoff Lamidaëff es una divertida alteración de L’inexistant ami d’A. F., el inexistente amigo de Action Française. Respondieron cuatro diputados. El socialista Armand Chouffet escribió:

Estoy, en la medida de mis posibilidades, a su entera disposición para ayudarles en su noble tarea. Nada es más hermoso que la devoción de quienes se dedican a librar a sus hermanos de la servidumbre, y es triste constatar que hoy, en el siglo XX, se puede todavía hablar de esclavitud.

Su camarada Charles Alfred Boutet también ofreció su apoyo:

Respondo a su dolorosa llamada diciéndoles que el socialista que hay en mí está con las víctimas de la opresión. Mi corazón sangra ante el pensamiento de que hombres que debieran ser libres y felices se inclinan bajo el yugo de las bestias y sufren en su ser físico y en su ser moral. Añadan mi protesta a todas las que reciban a favor de los poldavos.

Dos semanas después llegó una segunda carta del Comité de Defensa Poldavo a los buzones de los parlamentarios.

Honorable Señor Diputado:

Hace quince días que nos permitimos agitar su conciencia para protestar contra las infamias que sufre la Nación Poldava. Lamentablemente, los acontecimientos se han precipitado. La revuelta ha estallado ya en dos distritos. Como represalia, la Bolsa de Trabajo de Tcherchella ha sido incendiada por sanguinarios como los fascistas de Italia. Un centenar de nuestros pobres hermanos esclavos han muerto acribillados por la soldadesca de los verdugos terratenientes. Hasta se ha violado a muchachas. ¡Y todo ello sin juicio! ¡Sin juicio! ¿Qué agencia de noticias ha contado todo esto en Francia? La Francia refugio de los perseguidos parece estar bajo el yugo malvado del partido reaccionario. Nuestro pueblo, sin embargo, no fue un desconocido para la gran Francia de otros tiempos. Recuerde las cartas de Voltaire a Constance Napuska... Ante la alta conciencia del gran pensador, siempre a favor de los débiles contra los poderosos, depositamos nuestra angustia. ¡Ah!, estamos verdaderamente abandonados. El obispo poldavo no ha hecho nada. ¡Se diría que ni existe! Sólo sus honorables colegas Planche, Boutet, Chouffet y Cazals respondieron a nuestra primera carta. ¡Qué buenos son! ¡Y cómo les manifestaremos bien pronto nuestro reconocimiento! ¡Pero cuatro son pocos para detener el derramamiento de sangre! ¡Por favor, ayúdenos! ¡Sálvenos! ¡No queremos dinero, pero envíenos su protesta para nuestro dosier para la tercera subcomisión de la Comisión de los Derechos de las Minorías de la Sociedad de Naciones! ¡Hay que detener el derramamiento de sangre poldava! ¡Gracias! ¡Gracias!

Aunque nada de ello hubiera sucedido más allá de la imaginación de los bromistas y aunque Voltaire jamás escribiera carta alguna a ninguna Constance Napuska, esta vez enviaron su apoyo al pueblo poldavo cinco diputados más. El radical-socialista Paul Courrent afirmó:

La exposición de los sufrimientos que soporta la nación poldava no podría dejar indiferente a un hombre sensible. Numerosos, espero, son los que protestan, con vosotros, contra las injusticias y las iniquidades que se abaten sobre vuestros infortunados hermanos. Permitidme que me una a los que protestan y desear que llegue el día en el que los derechos de los débiles y los oprimidos sean por fin respetados. A los poldavos víctimas injustas de una opresión que no es de este siglo, y al Comité de Defensa, les envío mi más viva simpatía.

El socialista Louis Besnard-Ferron envió la siguiente petición:

Camarada: añada, por favor, mi nombre a la gente de corazón que protesta contra las torturas infligidas a los niños de la nación poldava. Es una vergüenza, en el siglo en el que estamos, ver renovarse los crímenes que han manchado a la humanidad.

Su compañero de partido Léon Castanet también se adhirió tras haberlo comentado con sus colegas en el hemiciclo:

Puesto que han llamado mi atención sobre los sucesos sangrantes de los que es víctima la nación poldava, con mucho gusto uno mi protesta indignada a la de mis otros colegas del Parlamento y les aseguro mi total entrega a la obra de justicia que están realizando.

Como un diputado pidió más documentación sobre el asunto, Mellet y compañía remitieron una larga carta inventándose la historia de un país con todo tipo de disparates, entre ellos una capital llamada Tcherchella (que se pronuncia como la palabra francesa para "búscala") y unos parlamentarios llamados Khôns (que se pronuncia como con, "idiota" en francés).

Tras recibir esta información, enviaron su apoyo cinco diputados más. Rémy Roux escribió:

Todos los hombres de corazón están con vosotros para protestar con indignación contra los atentados de los cuales es víctima la infeliz población poldava. Espero que seáis escuchados y que podáis conmover la conciencia humana.

El comunista Émile Béron ofreció su apoyo a los poldavos a la vez que barría para casa:

Tengo el honor de recordarles que el grupo comunista en el Parlamento ha denunciado más de una vez la opresión de las minorías nacionales. Les envío mi más viva simpatía.

Finalmente, el socialista Albert Forcinal escribió estas sentidas líneas al Comité de Defensa Poldavo:

La conciencia humana se revuelve ante el maltrato al que están sometidos hoy vuestros hermanos, los infortunados poldavos. Vuestro grito de alarma no puede dejar indiferente a un miembro del Parlamento Francés, veterano de la Gran Guerra, descendiente de los gloriosos ancestros de la Revolución que proclamaron al mundo los Derechos imprescriptibles del Hombre y del Ciudadano.

Los guasones de Action Française no se privaron del placer de publicar todas las cartas en un volumen titulado Inteligencia y Parlamento: el drama poldavo. Ni uno solo de los timados tuvo la decencia de dimitir. La farsa poldava se conservó fresca durante un tiempo, sobre todo entre la extrema derecha. Cinco años después, en su historieta El loto azul, Hergé, que escoraba a estribor, situó en un fumadero de opio de Shanghái a un pintoresco cónsul de Poldavia.

Sus sucesores del siglo XXI los han superado. En primer lugar, por prestar atención al cónsul de la imaginaria Catalandia en Waterloo. Y en segundo porque, siendo muy magnánimos, a aquellos parlamentarios de los años 20 quizá se les pudiera conceder la excusa del engorro que les hubiera supuesto consultar algunos libros para comprobar la historia de Poldavia antes de meter la pata tan estrepitosamente. Pero en nuestros días, en los que tenemos el mundo entero a la distancia de un clic…

Estupidez y Parlamento en la era de internet: el drama catalán. ¡Menudo superventas!

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