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Aznarator II

Aznar vuelve como Terminator y parece que quiere salvarse del pasado con una nueva resurrección.

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Tras una arrancada alonsina en la tele de Lara, el vigoroso expresidente Aznar ha ofrecido en el Club Siglo XXI una demostración de implacables derechazos, imitando a los de Nadal. Como muestra de su rigor y falta de complejos ideológicos (los oyentes Soraya, Soriano y Soria podrían tomar nota), su discurso contó con una reflexión importante y definitiva: "Hemos creado un Estado que a veces tiene intereses que no son los de los ciudadanos".

Al oportuno aserto le sobra la locución adverbial a veces y le falta definir la autoría, que corresponde al filósofo británico Roger Scruton ("un Estado poderoso busca su propio beneficio, no el de la sociedad civil"). No hay duda de que el cuarto presidente del juancarlismo lee a los pensadores liberales contemporáneos y no se queda en el Marca. Aznar enfoca muy bien su vuelta a la política activa pero se olvida de que tiene ante sí un partido populista, lleno de barones y taifas y donde cualquier atisbo de pensamiento liberal-conservador es una rareza (véanse él y Aguirre). Por otra parte, ese discurso que ahora defiende con tanta lucidez se contradice en muchos aspectos con su praxis política durante sus ocho años de mandato, porque ¿dónde encajan el pasteleo que hizo con el PSOE para politizar el poder judicial, su genuflexión ante el hipócrita nacionalismo o el descontrol de las autonomías, cuando el ministro y ahora presidente por su dedazo, Mariano Rajoy, repartía competencias y duplicidades por doquier?

Aznar vuelve como Terminator y parece que quiere salvarse del pasado con una nueva resurrección. El guión es inmejorable (menos Estado), pero la puesta en escena carece de un estilo definido.

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