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Cataluña es un bumerán

Cuanto más aparezca Cataluña en los labios de Casado y Rivera, más exponencial será el crecimiento de VOX en las próximas citas electorales.

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Cordon Press

¿Y si toda esa hiperbólica sobreactuación tremendista con la que Partido Popular y Ciudadanos vienen presagiando un crepuscular escenario apocalíptico a cuenta del asunto catalán acabase volviéndoseles en contra? De vez en cuando conviene leer a los politólogos, ese gremio al que la prensa desprecia tanto porque, en lugar de intentar hacer metáforas ingeniosas y (mala) literatura, ocupa su tiempo en el análisis de muy prosaicas tablas estadísticas. Y en esas tablas, los politólogos, tanto los de aquí como los de fuera de aquí, han identificado un par de pautas comunes al electorado de los países europeos de nuestro entorno que ratifican la absoluta pertinencia de la pregunta que encabeza este artículo. La primera de ellas viene a constatar que, contra lo que ordena el lugar común posmoderno, las clases sociales todavía hoy siguen siendo un factor determinante a la hora de elegir la papeleta de uno u otro partido en la cabina electoral.

La segunda, sin embargo, acusa recibo de otra evidencia empírica que parece marchar en sentido contrario. Y es que cuando los mensajes programáticos y la comunicación política giran de modo prioritario en torno a la cuestión de la identidad nacional, entonces la determinación económica desaparece del primer plano en las mentes de los votantes, dando así lugar a confluencias sociológicamente muy heterogéneas bajo unas mismas siglas partidarias. Pero esas siglas-imán, las capaces bajo ciertos entornos de excitación emocional vinculada a confrontaciones identitarias de mezclar el agua con el vino en las urnas, resultan ser, y en toda Europa, única y exclusivamente las que ahora se suelen llamar de "derecha populista" con inequívoco deje peyorativo. Una marca que en España responde por VOX.

Sensu contrario, habría un escenario alternativo al que ahora mismo monopoliza la vida política española que resultaría fatal para las ambiciones de crecimiento e implantación rápida en todo el territorio del partido de Santiago Abascal. Y ese escenario, el que primase el debate en torno a las cuestiones económicas, es justo el que PP y Ciudadanos han decidido descartar tras la investidura de Sánchez. Porque el único cordón sanitario efectivo que se podría tender en torno a VOX sería el que retrajera a un segundo plano la cuestión nacional. El único. En las salas de máquinas del PP y de Ciudadanos todavía no parecen ser muy conscientes de que un partido germinal con las características de VOX tiene, siempre que se dé un entorno proclive, el potencial de disputar la partida tanto en los caladeros tradicionales de la derecha clásica como en los de la izquierda. Puede competir por el favor de los pequeños propietarios y de las clases medias tradicionales, la clientela habitual de las formaciones de centro-derecha convencionales, pero también por el de las capas populares autóctonas de las periferias de las grandes ciudades, ahora sometidas a la competencia y el choque cultural con nuevos sectores de población inmigrada. Cuanto más aparezca Cataluña en los labios de Casado y Rivera, más exponencial será el crecimiento de VOX en las próximas citas electorales. Cataluña es un bumerán.

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