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La derecha miope y Cataluña

Ni conocen Cataluña. Ni saben lo que dicen. Peste de tecnócratas.

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RADIO GALEGA

Uno de los exponentes más paradigmáticos de la mentalidad de derecha política española contemporánea, el presidente gallego Feijóo, acaba de asomarse a las páginas del diario de cabecera del establishment catalanista, La Vanguardia, para complacer a sus lectores con el siguiente titular:"El PP tiene que ocupar el espacio que ha dejado vacante CDC en Cataluña". Un prejuicio apenas sustentado en el puro y duro desconocimiento, ese consistente en creer que la vieja CDC habría representado la antítesis razonable, posibilista, sensata y moderada de los extravíos irredentos y asilvestrados de los actuales dirigentes del movimiento catalanista, del que no solo participa Feijóo, sino que, bien al contrario, resulta ser dominante entre amplísimos estratos de las capas rectoras del Partido Popular. Feijóo, como tantos de sus iguales dentro del PP, por lo general altos cargos institucionales cooptados en su día desde el escalafón funcionarial y que conciben la política como muy poco más que una extensión de ese mundo administrativo del que proceden, lee la realidad catalana, tan distinta y tan distante, a través del prisma sesgado de ese origen.

Igual en el fondo que Rajoy, Feijóo cree que Cataluña es como su Galicia natal, un territorio peculiar adornado por ciertos rasgos singulares de contenido más o menos folclórico y controlado por unas élites que alimentan una suerte de populismo antropológico en beneficio propio. Un modelo grosso modo equiparable al suyo y que únicamente habría descarrilado por la inesperada irrupción en escena de un par de locos incontrolados, Puigdemont y Junqueras. Huelga decir que nada que ver con el avatar catalán. Y es que en la praxis extremista e intransigente del último Gobierno de la Generalitat no hubo ruptura alguna, sino todo lo contrario, con el programa de acción establecido por CiU al inicio mismo de la Transición, cuando se restableció la autonomía. Ninguna. A fin de cuentas, el procés no ha sido otra cosa más que el desenlace natural y lógico del largo intervalo de reconstrucción nacional que asumió CiU como su primera y principal señale identidad política.

Y eso es lo que la derecha española de hoy, tan pegada siempre a la pantalla del televisor pero tan huérfana de lecturas profundas y de genuino conocimiento histórico, no ha conseguido aún comprender. Aquella difunta CiU que tanto añoran fue la incubadora política, intelectual, sentimental y moral del 1 de Octubre. Todo lo que viene sucediendo de un tiempo esta parte aquí, en Cataluña, no ocurre a pesar de lo que fue CiU, sino gracias a lo que fue CiU. Todo, absolutamente todo. Porque fue CiU, su amada CiU, su añorada CiU, quien sacó de las cloacas de la marginalidad a la doctrina indigenista que predica la existencia conflictiva dentro del territorio catalán de dos etnias enfrentadas e incompatibles, la escoria intelectual que constituye el sustrato último del fundamentalismo separatista. Y Feijóo viene a decirnos que aquel espacio político, el de la hipocresía desleal y falsaria volcada en la cotidiana labor de termita para demoler el consenso social en torno a la idea de la nación española, es el que debe aprestarse a ocupar ahora el PP. Ni conocen Cataluña. Ni saben lo que dicen. Peste de tecnócratas.

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