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José García Domínguez

Les presento al patriota Pisarello

Su conversión al separatismo catalán no tendría nada que envidiar en rapidez y visceralidad a la del mismísimo Pablo de Tarso.

José García Domínguez
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José García Domínguez - Les presento al patriota Pisarello
Gerardo Pisarello I Wikipedia

Con este Pisarello, el mismo que la Colau se acaba de quitar de encima para que Podemos nos lo coloque en el muy vistoso escaparate de la Mesa del Congreso, uno no sabe bien si estamos ante el prototipo de cierto argentino trasplantado, el que se busca la vida en la madre patria echándole algo de cara y unas cuantas toneladas de retórica florida al empeño, o si por el contrario lo suyo constituye una variante contemporánea de un clásico catalán de todos los tiempos, el siempre tan enternecedor y patético caso del charnego agradecido. Sea como fuere, el independentismo taimado del tucumano Pisarello no resulta demasiado convincente a la luz de su biografía europea. Y es que ese entusiasta soberanista catalán eligió de grado vivir y trabajar en Madrid cuando emigró a nuestro país, allá por el año 2000. En Madrid se instaló, en Madrid obtuvo su doctorado en Derecho, en Madrid puso un pie en la universidad –como profesor asociado de la Complutense– y en Madrid solicitó y obtuvo el supremo privilegio de poder acceder a la nacionalidad española. Si tiempo después Pisarello recaló en Cataluña, solo fue para ocupar una plaza de funcionario vitalicio en la Central de Barcelona merced a uno de esos intercambios de cromos entre catedráticos de la misma cuerda ideológica tan típicos de la nepotista endogamia patológica de nuestra universidad. Por cierto, un impúdico mercado persa para enchufar a amigos y conocidos que hizo posible el tan llorado Rubalcaba con su obscena ley de 1983.

Ya felizmente apesebrado en la Ciudad de los Prodigios, la conversión al separatismo catalán más entusiasta de Pisarello no tendría nada que envidiar en rapidez y visceralidad a la del mismísimo Pablo de Tarso. Al punto de que hay quien cree que se hizo separatista en el trayecto de autobús desde el aeropuerto del Prat hasta la Plaza de Cataluña. Así, en las vísperas del 15-M ya andaba el hombre fundando un partidito independentista, uno de efímera vida que se dijo Proceso Constituyente, en compañía de aquella monja algo extraviada, la Forcades. Embarcado en lo de la monja confluyó el vivo Pisarello con lo de la Colau para, al poco, recalar juntos en el Ayuntamiento. Una vez promovido a primer teniente de alcalde, le faltaría tiempo para instar al consistorio barcelonés a que contratara a su señora, Vanesa Valiño, en calidad de "experta en urgencias habitacionales", cualquier cosa que ello signifique. Un peritaje profesional en urgencias habitacionales de terceros que aún sigue ejerciendo a día de hoy en un despacho de la Plaza de San Jaime. Pero, más allá de esas políticas concretas orientadas al fomento de la cohesión financiera familiar y de sus chuscos forcejeos con Alberto Fernández para tratar de mancillar la bandera del país que le da de comer, lo más memorable del paso de Pisarello por Barcelona fue su muy incondicional apoyo al entonces delegado de la Generalitat para transformar el antiguo mercado de frutas y verduras del Born en un carísimo museo a mayor gloria de la invención y la reescritura de la Historia.

Se trataba de falsificar el relato institucionalizado en torno a cuatro piedras para inventar la impostura arquitectónica de una guerra que nunca existió entre un Estado catalán independiente que tampoco existió jamás y una pretendida potencia extranjera que lo habría invadido y colonizado en 1714, España por más señas. Ese timo de la estampita histórica que sigue escandalizando a todos los estudiosos serios que se acercan a los muros del Born fue diseñado y dirigido por un oscuro, mediocre y fanático periodista provincial llamado Quim Torra. Tan disparatado fue el ejercicio de manipulación del pasado llevado a cabo por Torra en el Born que hasta los responsables de Memoria Histórica del propio equipo de Colau se sublevaron ante lo que allí se estaba haciendo. De ahí que intentaran frenarlo. Algo que hubiesen conseguido de no haber sido por la intransigente oposición del argentino a que nadie molestase a Torra en la labor de fabricar esa gran mentira escénica contra España.

Para que luego digan los suyos en Madrid que solo es el dinero el que no tiene patria.

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