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Llega el Partido Único Catalán

Los restos del naufragio de la vieja CiU, el PDeCAT, serán quemados ritualmente en la pira del olvido.

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El congreso importante que se va a celebrar este fin de semana, el de ese sietemesino ya agonizante que respondió en su efímera vida por el anodino alias de PdeCAT, ha suscitado en Madrid la recurrente fantasía del catalán bueno. Otra vez. El mítico catalanista sensato e imbuido de un discretísimo sentido del Estado que caería del cielo para resolverles a ellos el problema que llevan más de un siglo sin saber como atajar. La leyenda urbana del catalán bueno es un clásico de ayer, hoy y mañana que va cambiando de nombre con el paso del tiempo, pero que en la quimérica ingenuidad de su formulación primera sigue eternamente igual a sí mismo. Así, el germinal catalán bueno de esa historia fue Cambó, que hasta se pago una hagiografía a golpe de chequera para consolidar la plaza en propiedad.

Pero después llegaron otros. Tarradellas, sin ir más lejos, que fue el único medianamente sincero en el desempeño de ese oficio. Tras él, apareció en escena el Gran Ladrón para ejercer de Español del año por obra y gracia de la derecha tonta de la villa y corte. A Duran Lleida, aquella inanidad pretenciosa de la Franja de Poniente, igual se le postuló para el puesto durante un breve interinaje. Y ahora los adictos mesetarios a esa fantasía cansina se acaban de inventar a una don nadie dentro del universo mental separatista, Marta Pascal, como el último clavo ardiendo al que anclar su cuento de hadas inventadas. Lo que sea, todo, con tal de seguir sin querer ver la realidad catalana de frente. Pero la realidad, ya se ha dicho, es que la Pascal no es nadie dentro de la comunión separatista. Nadie más allá de la última rémora testimonial del difunto catalanismo pactista, un anacronismo de museo desde que el otoño pasado el nacionalismo local en bloque cruzó, y ya para siempre, el Rubicón.

El parto del Movimiento 1 de Octubre, que es la marca que ya tiene registrada Artadi para la nueva criatura ( Juntos por la República es otra posibilidad que también se maneja a estas horas) recuerda mucho a aquel crepuscular congreso peronista que presidió Héctor Cámpora en Buenos Aires mientras que el propio Perón todavía permanecía exiliado en su residencia madrileña de Puerta de Hierro antes de volver en loor de multitud a la Casa Rosada. El racista Torra es, de hecho, el Cámpora del Payés Errante. Puigdemont, un Perón con barretina que asienta su poder incontestado entre las bases del movimiento en la dimensión carismática de su errática personalidad. La don nadie Pascal puede apelar a la razón, una herramienta herrumbrosa por el desuso en la Cataluña contemporánea. El Payés, como el otro caudillo, el de la Pampa, moviliza emociones. ¿Y quién puede frenar a una emoción estúpida cuando su momento ha llegado? Ganará el Payés. La Pascal volverá a la nada. Los restos del naufragio de la vieja CiU, el PdeCAT, serán quemados ritualmente en la pira del olvido. Cámpora-Torra jurará lealtad eterna a Perón-Puigdemont. Y el siguiente paso será presentar una OPA hostil contra la Esquerra para fundar el Partido Único Catalán con el que siempre ha soñado esa gente.

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