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¿Por qué bailaba Torra tan feliz?

Nadie, ni dentro ni fuera de Cataluña, reparó en el nombre de la entidad que había organizado aquel vistoso acto que contó con Torra como primer bailarín del coro.

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EFE

En el marco de lo que parecía una iglesia pero que en realidad era un salón del Palacio de la Generalitat, el testaferro Torra participando en una coreografía típicamente kumbayá, las manos de todos los partícipes enlazadas unas con otras y las caderas moviéndose rítmicamente a izquierda y derecha mientras de las gargantas de la feligresía nacional-chiruquera brotaban emotivas las estrofas de una cancioncilla de campamento, "La hora de los adioses", que provoca por norma una emoción que con frecuencia acaba en lágrimas entre el público de esas ceremonias grupales tan caras desde siempre al movimiento catalanista. La estampa provocó alguna hilaridad entre los habituales de las redes sociales, que no conocían esa variante entre excursionista y mística del folclore ritual vinculado a las actividades de ocio organizadas y tuteladas por el clero nacionalista local. Twitter y alguna prensa prestó la efímera atención de rigor al involuntario aspecto cómico de la escena, pero nadie, ni dentro ni fuera de Cataluña, reparó en el nombre de la entidad que había organizado aquel vistoso acto que contó con Torra como primer bailarín del coro.

Se trataba de la Fundación Pere Tarrés, una entidad sin ánimo de lucro volcada en la difusión de ese tipo de acampadas juveniles y que celebraba así, en la sede del Gobierno de Cataluña y con la colaboración entusiasta del propio presidente de la Generalitat, su sesenta aniversario. Era, pues, la memoria del beato Pere Tarréslo que en puridad se quería homenajear en aquel acto.

Y es que el cura Pere Tarrés, clérigo de una vida ejemplar desarrollada toda ella en las labores de ayuda al prójimo que lo proyectarían a la antesala misma de la santidad donde ahora se encuentra, constituye uno de los ejemplos señeros en los que el catolicismo catalán contemporáneo quiere reconocerse con orgullo.

Nacido en 1905 en el seno de una muy modesta familia obrera de Manresa, Pere Tarrés i Claret llegaría a ser, gracias a las becas y a su esfuerzo, un importante médico en Barcelona, profesión que compaginó con una militancia católica impregnada siempre de un profundo sentido de la catalanidad. Devoción por Cataluña y por la cruz que le impulsó a fundar en los años treinta la Federació de Joves Cristians de Catalunya, uno de los viveros en su día de las élites políticas catalanas. Llamado a filas por el Ejército Popular de la República, el aún laico Pere Tarrés (tomó los hábitos acabada la guerra) sirvió en distintos frentes durante la contienda, cuentan las muchas reseñas biográficas que sobre su figura se pueden encontrar hoy en las instituciones catalanas. Después, como ya se ha avanzado, llegaría la consagración definitiva a la vida religiosa. Fallecido en 1950, su memoria no ha dejado de crecer y agrandarse desde entonces en el mundo católico local. No obstante lo cual, su única obra literaria, un diario de guerra que redactó en catalán durante su periodo de alistamiento, sigue sufriendo hasta ahora mismo un extraño ostracismo. Al punto de que no ha vuelto a ser reeditado ni por la Iglesia ni tampoco por organismo alguno de la Generalitat. Circulan en algunos ambientes locales, eso sí, las dos últimas páginas de aquella obra suya. Páginas que por su indudable interés histórico paso ahora a traducir y extractar para el lector:

26 de enero de 1939

Son las cuatro de la tarde. Vivimos momentos únicos. Momentos de emoción sublime. Saltaría de gozo. Lloraría de alegría. Radio Zaragoza ha dado la noticia de que Barcelona ha sido totalmente rodeada y que ya han comenzado a entrar. Discursos. Gritos de "Barcelona" y "Cataluña". Barcelona reconquistada para España y para Cristo, Barcelona liberada del infierno rojo. El marxismo, bajo todos sus aspectos, ha sufrido el golpe más decisivo. Cataluña está ya salvada. Horas históricas. Estamos conmovidos. Aquí con la familia Casanelles y con los amigos Pallerols estamos emocionados junto a la radio (...) Dios mío, ¿es posible que llegue la hora de la liberación? (...) ¡Dios mío, Dios mío, gracias por haberme permitido presenciar tanto gozo, la alegría de un pueblo que resucita! ¡Dios mío, Dios mío! Laudare Dominum!

A las cinco de la tarde, en medio de una emoción indescriptible, Radio Asociación de Cataluña ha señalado la entrada del Ejército Nacional libertador de España en las Ramblas. Ha sido algo grandioso. A los gritos de "Arriba España" y "Viva Franco", con la voz fatigada, casi sin aliento, han anunciado a los cuatro vientos la conquista de Barcelona. Las lágrimas casi han asomado a los ojos. La emoción y el entusiasmo populares que se han lanzado a las calles es formidable. Nos abrazábamos en plena calle. La gente te paraba en medio de felicitaciones y gritos de alegría. Abrazos, besos, lágrimas. ¡Dios mío, qué admirable! ¡Ha sufrido tanto Cataluña! ¡Ha llegado la hora de su liberación! ¡Viva la Virgen de Montserrat! ¡Viva la Purísima e Inmaculada Concepción, patrona de España! Me he sentido profundamente español y nunca como hoy me sale del corazón un grito bien alto de ¡Viva España! ¡Viva Cataluña española! Dios mío, ilumina a Franco y los otros dirigentes, para que todos sus actos estén informados por las doctrinas de amor y de paz cristianos, como hasta ahora (...) Los desgraciados de la CNT-FAI están resistiendo todavía. Es cosa de pocas horas. Que Dios se apiade de ellos.

¡Viva Cristo Rey! ¡Viva España cristiana! ¡Viva Cataluña española!

Y pongo fin a mi Diario de Guerra.

Y Torra bailando tan feliz.

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