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AMERICAN VERTIGO

Charla francesa de sobremesa

American Vertigo plantea un desafío, por no decir un problema, que es término más llano y trivial, al lector español. Bernard-Henri Lévy (a partir de aquí BHL), el conocido ensayista francés, lo publicó primero en inglés, en una editorial norteamericana, traducido del francés, como es natural. Así, los norteamericanos pudieron comprobar la visión que un francés "anti antinorteamericano", como se define el propio autor, tenía de su país.

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Le agradecieron que no los tratara con el desprecio que suele ser común entre europeos y le manifestaron su agradecimiento por la curiosidad demostrada, pero no se reconocieron en el retrato.
 
No es para menos. En 2003 BHL había escrito un libro, que provocó alguna polémica, sobre el asesinato –por parte de los yihadistas– de Daniel Pearl, el periodista del Wall Street Journal. Entonces, la revista Atlantic Monthly decidió hacerle un encargo: que volviera sobre las huellas americanas de Tocqueville y escribiera un ensayo, un libro de viajes sobre la experiencia. Era una propuesta irresistible para quien, como BHL, siempre ha manifestado su simpatía por al menos una parte de la gran herencia liberal francesa, en particular por Tocqueville. BHL convertido en BH…T, ahí es nada.
 
Al final, el viaje no siguió con demasiada precisión los pasos del autor de esa magna obra titulada La democracia en América, lo cual es una pena. Pero es que además BHL tiene una actitud muy distinta de la de Tocqueville. Éste era muy joven cuando hizo su único viaje a Estados Unidos. Estaba intrigado por aquel experimento, completamente inédito en la historia de la humanidad, de una república democrática. Así que se sumergió en lo que para él era casi inconcebible: una sociedad democrática, compuesta de individuos libres e iguales, con las mismas oportunidades.
 
La profundidad del análisis de Tocqueville procedía de una actitud carente de prejuicios ante los dos sentidos del término democracia: el político (las elecciones, etc.) y, sobre todo, el social, que el joven escritor caló como pocos lo han hecho desde entonces. Milagrosamente, Tocqueville se coló en la intimidad de un país y de una sociedad que le eran totalmente ajenos. Y los retrató con la seriedad de un clásico.
 
BHL, a pesar de su simpatía por la "democracia americana", no muestra la misma actitud, ni parece tener gran interés en comprender desde dentro la mentalidad norteamericana. Apunta aquello que a un europeo, y en particular a un francés, más le llama la atención. No está mal, pero en general se queda en el espectáculo: alguna megaiglesia, algún mall, las grandes convenciones de los partidos, los mormones, los amish, un jefe indio, una conversación con Hillary Clinton en la que, obviamente, es más importante el entrevistador que la entrevistada… De impresiones que se adivinan confusas, poco o mal informadas, saca conclusiones a veces finas, a veces extravagantes y las más de ellas divagatorias, como mucho ensayo francés escrito en los últimos años.
 
Bernard-Henri Lévy.Total, que a los norteamericanos no les interesó demasiado esta colección de anécdotas y ocurrencias, bastantes de ellas pretenciosas. A los franceses, la cosa les resultó más previsible. Se conocen bien a su BHL y saben lo que pueden esperar. La visión de Estados Unidos, aunque va a contracorriente de la aplastante conciencia de superioridad que suelen tener muchos de nuestros vecinos con respecto a "l'Amérique", corrobora en buena parte los tópicos que desde Francia se suelen cultivar al respecto. Y también lo que piensan de BHL, promotor extraordinario de su marca.
 
A estas alturas, Tocqueville y cualquier posibilidad de reflexionar sobre la evolución de la democracia en América desde aquel viaje pionero no es ya más que un recuerdo, un simple pretexto para una charla de sobremesa parisina. Así que queda por dilucidar lo que de interesante pueda tener American Vertigo (no cabe título menos tocquevilliano, dicho sea de paso) para un lector español. Pues bien, una vez suprimida la verborrea y las ocurrencias con pretensiones queda… un francés en Estados Unidos. Pero no un francés cualquiera, uno de los muchos que están huyendo al otro lado del Atlántico para salir del asfixiante intervencionismo de su país como otros huyeron antes de la opresión religiosa, sino uno que parece no tener nada que perder escribiendo una cosa o la contraria.
 
Hay buenas anécdotas, que BHL cuenta con gracia. La del policía fanático de Tocqueville que le perdona una multa cuando el autor le cuenta lo que está haciendo en Estados Unidos vale el volumen entero. Pero otros libros, como el Ciao, America! del periodista italiano Beppe Severgnini, resultan mucho más entretenidos y, sin tantas ambiciones, proporcionan más información. Los hay que, como los ensayos de Julián Marías, demuestran mayor clarividencia. El primero debería ser traducido, y los segundos reeditados con urgencia. A ver si Amando de Miguel, que ahora anda por allí, se anima a escribir un libro con más enjundia.
 
 
BERNARD-HENRI LÉVY: AMERICAN VERTIGO. Ariel (Barcelona), 2007, 360 páginas.
 
Pinche aquí para acceder a la página de JOSÉ MARÍA MARCO, autor de LA NUEVA REVOLUCIÓN AMERICANA.
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