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Marcel Gascón Barberá

De barcos y yates: 'El País', Yolanda y Feijóo

El titular en cuestión lo ha firmado Sonia Vizioso y encabeza una noticia que habría ruborizado al más entusiasta redactor del órgano de prensa del Partido Comunista Rumano.

Marcel Gascón Barberá
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El titular en cuestión lo ha firmado Sonia Vizioso y encabeza una noticia que habría ruborizado al más entusiasta redactor del órgano de prensa del Partido Comunista Rumano.
Yolanda Díaz | Europa Press

Entre los muchos pecados veniales del periodista destaca a mi modo de ver el del exceso de entusiasmo. Uno entrevista a alguien carismático y escribe la crónica del encuentro como si hubiera tenido delante a Rafi Eitan recién llegado a Israel con Eichmann. O va a un partido de la primera división rumana y disfruta tanto que escribe como si acabara de ver desde el banquillo del Madrid al Madrid conquistar la Séptima. Eso está bien para los blogs, pero no puede ser en los periódicos, que se dirigen a un público amplio y tienen por lo general vocación de equilibrio, de medida en la magnitud de las cosas. Para evitar que esto pase en los periódicos están los editores, gente a menudo fastidiosa que ve la realidad a distancia y aporta a lo que se publica sobriedad. Una sobriedad que a menudo frustra a quien, cargado de adrenalina y fumándose un cigarro después de la acción, ha escrito de una manifestación de pensionistas cabreados en Lugo, o en Lugoj, como si acabara de asistir al linchamiento de Maduro en la toma de Miraflores.

Además de la exaltación ambiental, del calor de una noche de verano de disturbios y el subidón de verlo publicado contado con tu firma y el retratito que te ponen al lado de falso corresponsal mal pagado y freelance, detrás de este tipo de emoción periodística están a menudo, si es que no son lo mismo, la educación sentimental y la formación ideológica. Estos tres factores (o dos, según se mire) parecen haber dado lugar a uno de los titulares más impresionantes que ha publicado la prensa española desde que con once o doce años empecé a ser su abnegado lector diario.

El titular en cuestión lo ha firmado Sonia Vizioso en El País y encabeza una noticia que habría ruborizado al más entusiasta redactor del órgano de prensa del Partido Comunista Rumano, Scânteia. No por el grado de pasión por el líder, que también se practicaba sin medida en Scânteia, sino por la efusión de telenovela caribeña con la que lo expresa la periodista. Desde el titular y hasta la última coma, la noticia segrega la ardorosa adhesión juvenil al líder que desde la Revolución Francesa ha sido palanca de los movimientos totalitarios en todos los lugares donde han triunfado. Algo que no les ha parecido un problema, si es que lo han identificado, a los editores del periódico del establishment en España.

Pese a tener menos de diez palabras, el titular condensa dos principios definitorios del totalitarismo mesiánico: la unidad popular y los milagros. Es decir, la unanimidad en el apoyo del pueblo a su salvador y el carácter milagroso, mesiánico, del salvador.

Aunque no sea tarea fácil, el texto que sigue al título conserva hasta el final su tensión totalitaria. Lo consigue con el testimonio de un pueblo que "brama" por su heroína, por una heroína que al fin puede salir a abrazarse con la clase humilde a la que pertenece. A abrazarse con los suyos pese a la pandemia, porque el amor de la gente por Yolanda –que sabe cómo se hacen las cosas: se lo ha enseñado Ferrol– es más fuerte que el temor al virus. Y a abrazarse con los suyos después de tres meses sin poder hacerlo. De tres meses de sacrificio "encerrada" en despachos enmoquetados que jamás hubiera pisado si no fuera porque era lo que tocaba para hacer el bien, para salvar al pueblo del "mayor golpe al empleo que se recuerda en España". El pueblo es consciente de ello y ahora le "brama" su cariño y la "achucha" en las calles del Ferrol, para darle las gracias por esos ERTE que parece que Yolanda paga de su bolsillo y hasta que se los hubiera inventado ella y no la pepera Fátima Báñez.

"El otro día en un hotel de Vigo las trabajadoras me agarraron llorando y dándome las gracias por los ERTE", cuenta Yolanda, que dice que está "impactada", que no está "acostumbrada a esto". Yolanda es, según la periodista, la madre y la principal figura de un "espacio de unidad popular" que ha pagado cuatro años de peleas internas que la ministra, "la mejor ministra que ha tenido nunca el Estado español", como les dicen a las nietas sus abuelas, atribuye a una forma de hacer política "en masculino" que "no es lo que la gente quiere de nosotros". Pero pese a que la gente parece decantarse de momento por la forma (¿femenina?) de hacer política del pepero Feijóo, Yolanda y su movimiento siguen representando la unidad popular para la periodista y su periódico. Señal de que a Feijóo no le vota el pueblo sino una colección de burgueses decadentes que explota a los que "hacen barcos" para poder ir en yate.

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