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Pablo Molina

El planeta, a la espera del discursazo

Zapatero va a pedir más intervención pública y a poner el ejemplo español como modelo de transparencia en las relaciones financieras entre los Gobiernos y los bancos, que ya es tener humor. Y lo mejor de todo es que lo dice completamente en serio.

Pablo Molina
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Después de una legislatura completa, de cabo a rabo, sin pisar la Casa Blanca, por fin Zapatero va a visitar la sede de la presidencia norteamericana, que es algo así como La Moncloa pero más grande y con salón oval, llamado en los tiempos de Clinton "oral", vaya usted a saber por qué.

El partido popular ha batallado en la medida de sus posibilidades para que Zapatero cumpla uno de sus sueños, que es algo que tenía en un sinvivir a D. Mariano, dispuesto siempre a ayudar al Gobierno de España, aunque no es seguro que el PSOE hubiera hecho lo mismo en las circunstancias contrarias. Quiero decir que no es probable que si Rajoy fuera presidente del Ejecutivo y Obama su colega norteamericano, los socialistas hubieran intercedido para que el gallego se diera un baño de grandeza rodeado por los hombres más poderosos del planeta. No por falta de ganas ni por la deslealtad con que los socialistas se han conducido siempre en cuestiones de Estado, que también (recuérdense en este punto las campañas brutales que hubo de sufrir Suárez cuando el PSOE vio posibilidades de desbancarle, o las más recientes contra Aznar a cuenta del Prestige y la Guerra del Golfo II), sino porque Barack Hussein Obama vive muy feliz sin saber quiénes son Caldera, Blanco, Pajín o Moratinos, y además, Rajoy nunca hubiera hecho una estupidez infantil que ofendiera al pueblo norteamericano y le cerrara las puertas del 1.500 de la Avenida Pensilvania, como le ha sucedido con toda justicia a Rodríguez Zapatero.

Sea como fuere, lo cierto es que Zapatero estará en la cumbre financiera y además dispondrá de siete minutos, siete, para diseccionar los males que han causado la actual crisis mundial, a saber: Reagan, Thatcher y Aznar, y no necesariamente por ese orden. Le ha faltado incluir a Juan Pablo II, que algo tuvo también que ver en las relaciones internacionales de la época, pero es que el laicismo anticatólico impide a quien lo padece el mencionar a los papas o a los curas, ni siquiera para insultarles.

Según las primeras filtraciones, por supuesto interesadas, Zapatero va a pedir más intervención pública y a poner el ejemplo español como modelo de transparencia en las relaciones financieras entre los Gobiernos y los bancos, que ya es tener humor. Y lo mejor de todo es que el tipo parece que lo va a decir completamente en serio, algo que podría tener un pase si ocurriera durante un mitin en una localidad del agro extremeño, pero de dudosa eficacia en un auditorio formado por los primeros ministros de las principales potencias del mundo.

Y por otro lado, tenemos la factura que con toda seguridad nos va a pasar Francia por cedernos una "sarkosilla" (FJL dixit). Acostumbrados desde el Siglo XVIII, con los primeros borbones, a pagar facturas al vecino del norte, la broma de Washington seguramente nos va a salir por un pico a los contribuyentes españoles. Ni siquiera sacando a hombros a Zapatero después de su discurso y nombrándole presidente del planeta Tierra amortizamos la inversión, ya lo verán. Y eso, claro, si es que la voluntad de transparencia total anunciada por ZP permite que algún día conozcamos el dato.

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