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Pablo Molina

Un éxito Redondo

La cumbre España-EEUU celebrada al trote a lo largo de un pasillo es otro hallazgo surgido del inagotable cerebelo del jefe de gabinete de Su Persona.

Pablo Molina
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La cumbre España-EEUU celebrada al trote a lo largo de un pasillo es otro hallazgo surgido del inagotable cerebelo del jefe de gabinete de Su Persona.
Iván Redondo. | EFE

La cumbre España-EEUU celebrada al trote a lo largo de un pasillo es otro hallazgo surgido del inagotable cerebelo del jefe de gabinete de Su Persona. Ignoramos cuánto tuvo que esperar el asesorado para asaltar al pobre Biden camino de una reunión, y si el encuentro se produjo al relance o recibiendo, suertes ambas ciertamente irregulares pero, sobre todo la segunda, de corte espectacular. Sea como fuere, lo cierto es que la entrevista se produjo. Lo han contado hasta la saciedad los telediarios, adornando el abordaje inmisericorde de Sánchez como una proeza diplomática que el resto del mundo no tendrá más remedio que admirar.

El fervorín mediático con esta gesta sanchista deja aquel encuentro planetario anunciado por la Pajín en la etapa ZP como el pobre relato de un entierro de tercera. Fueron dignas de admirar las piezas de los telediarios relatando los pormenores de esta reunión al más alto nivel entre los dos mandatarios, mientras las imágenes en bucle (29 segundos no dan para mucho) mostraban simplemente a un vivales correteando al lado de un anciano que, con toda seguridad, se estaría preguntando cómo es que el servicio secreto había dejado aproximarse tanto a un tipo tan raro. Pero ¿a quién van a creer los espectadores? ¿A sus ojos o a los locutores de TVE? Pues entonces. Carta blanca y a guardar las imágenes para ilustrar el próximo éxito internacional de Sánchez, no sea que no consiga sobrepasar de nuevo el medio minuto.

Nos hemos echado unas risas con estas cosas de Sánchez y su vicario Iván Redondo, que es algo que no hacíamos ni con ZP. Por mal que caiga el personaje, es bien triste ver al presidente de tu país hacer el ridículo en el extranjero, porque, en gran medida, representa a todos los españoles. Pero Sánchez ha conseguido derribar también ese tabú y al verle hacer el indio por esos mundos de Dios nos carcajeamos sin el menor cargo de conciencia.

Más allá del cachondeo, el episodio de la OTAN es muy revelador del grado de desesperación en Moncloa para recuperar la imagen de un presidente cada vez más despreciado. Como a los dictadores de medio pelo, a Sánchez le han preparado también un encuentro internacional para lavar su imagen, aunque el resultado haya sido peor aún que si Biden no le hubiera hecho ni caso.

El asesor de Sánchez sabe que su líder necesita a vida o muerte ganar popularidad, por eso sigue dando la matraca tratando de convertir un ridículo espantoso en un éxito de alta política mundial. Al primer tapón, zurrapas.

Pero a los dirigentes izquierdistas siempre les queda el comodín del Vaticano. Paquito I no es Biden, pero una reunión con el Papa de Roma puede quedar muy bien, sobre todo con las risas y los abrazos que el Santo Padre dispensa a los peores enemigos de la Iglesia. No tardarán en anunciar el evento planetario, ya lo verán.

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