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Anna y los himnos

Mas y la princesa antisistema que le tiró a la papelera de la historia, la ya mítica Anna Heidi Gabriel, coinciden en sus argumentos.

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EFE

La proclamación de la república catalana fue una broma y lo que pasa es que el Estado no sabe aguantar una broma. Va Artur Mas a la radio del conde de Godó y dice que ha dicho en el Supremo lo que todo el mundo ya sabe, que la cosa fue "simbólica", una "exageración", postureo mero. ¿República? ¿Qué república? A Mas no le importa un pijo tomar por gilipollas a más de la mitad de la población de Cataluña y ante la duda se ríe en la cara de los pánfilos de los dos bandos provocados por las cositas simbólicas que montó a partir de 2012 con las manifas del 11-S, el tricentenario de la Guerra de Sucesión, la asamblea catalana, el consejo de la transición nacional, aquel referéndum del 9-N y la pera limonera del derecho a decidir, entre otras. No se ríe, se deshueva, pero de unos más que de otros. ¿Qué le va a decir al juez? ¿Que le detengan? Por favor.

Esto es lo que hay y el que quiera república que se moje el trasero porque el tema era una cosa que salía del pueblo, de abajo arriba y tal. Mas y la princesa antisistema que le tiró a la papelera de la historia, la ya mítica Anna Heidi Gabriel, coinciden en sus argumentos. El antecesor de Puigdemont chulea de que el 1-O sí que fue real y ella funge de perseguida política en Ginebra por haber votado a escondidas aquel día.

Pero si era una broma. En las filas de la CUP no cunde la decepción porque ni se imaginan que la estancia de Gabriel en el país de los capitalistas sin fronteras sirva para blanquear la deriva psicópata del catalanismo de las cuentas andorranas. Son tan ingenuos como peligrosos. "Els carrers seran sempre nostres" gritaron hasta los empleados de banca de la Lliga Regionalista al lado de la alianza de nietos y abuelas de los Comités de Defensa de la República (CDR). Es la burbuja de la república catalana, que no se desinfla.

Las huestes separatistas y los tontos útiles de las confederaciones ibéricas aceptan Bruselas y Ginebra como barricadas de la democracia y si les quieren escribir, tercera brigada mixta, primera línea de fuego en Helvecia. ¿Estrequé? ¿Soto lo cualo? Son un público entregado. Unos se plantean no comer nada en público, otros comer sólo alimentos amarillos y todos ellos apoyar un gobierno republicano en Waterloo y otro regional en Barcelona.

Sus aliados progres en el resto de España se llevan las manos a la cabeza por que le caigan dos años y medio al rapero que propone asesinar a todo dios en nombre de la Eta y el Grapo mientras procesan en la Sexta de Évole a otro desgraciado que especuló con prenderle fuego a una presentadora de izquierdas. Y si no están en eso es que andan defendiendo la sumisión lingüística en los Països Catalans o atacando a la cantante Marta Sánchez por ponerle letra al Himno Nacional. Prefieren Els Segadors, que llama a afilar las herramientas de rebañar gargantas españolas, o las letrillas del rapero que berrea "a la mierda la palabra, viva el amonal".

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