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Borrell y Forrest Torra

Los españoles del 8 de octubre del 17 en Barcelona están tan solos como Felipe VI.

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Josep Borrell, en la gran manifestación antigolpista celebrada en Barcelona el 8 de octubre de 2017 | EFE

Ni Meritxell Batet ni Josep Borrell. El encargado de Pedro Sánchez para los asuntos catalanes ha resultado ser Pablo Iglesias, que se ha presentado este lunes en la Generalidad como embajador plenipotenciario del presidente monclovita para explorar con el president Chistorra posibles "soluciones" a la crisis catalana. ¿Qué puede salir mal?

El hacendado de Galapagar y Herr Torra se han entendido a la perfección. Están de acuerdo en que hay que cargarse el Estado de Derecho y la monarquía parlamentaria, para lo que se requiere un "diálogo sin condiciones" al que según Iglesias está dispuesto Torra. Así se lo va a trasladar al presidente Sánchez, ha dicho el líder morado en el curso de una breve alocución al término del bilateral encuentro. También se ha mostrado optimista sobre el futuro republicano en común de las dos naciones hermanas, Cataluña y España.

Iglesias lo tiene meridiano. Cataluña es una nación y España no. España, según él, es una cosa "plurinacional", un variopinto conjunto de pueblos hermanos en el que hay hermanos y hermanos. El País Vasco y Cataluña son hermanos de primera, los hermanos nación. Luego están los hermanos navarros y los baleares y valencianos de los países catalanes. Después vienen los hermanos tontos y los hermanos pobres. Más los tontos y pobres. Cierran la clasificación los hermanos más desgraciados, que son los españoles que residen donde los primeros y segundos hermanos, a los que se considera "migrantes" aunque no hayan llegado en el Aquarius.

En medios nacionalistas catalanes se aprecia como un gesto muy oportuno que Sánchez haya enviado a Barcelona a Iglesias el mismo día que recibía en Moncloa a Urkullu para abordar los flecos de la factura de la moción. Ya se vio en la inauguración de los juegos de Tarragona. El presidente estuvo afable y encantador con el president, que recién venía de romper relaciones con el jefe del Estado y darse un baño no precisamente de masas con los camisas amarillas del partido lazi que querían reventar la estancia del monarca. Y Sánchez, en vez de advertir al gestor de Puigdemont de que los primeros que tendrían que pedir perdón son los que dieron el golpe de Estado, se dedicó a darle conversación al Forrest Gump catalán.

Los españoles del 8 de octubre del 17 en Barcelona están tan solos como Felipe VI. ¿Borrell? Si estás ahí, manifiéstate.

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