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Echeverría, víctimas y héroes

Fue asesinado por plantar cara a los terroristas en lugar de correr, esconderse y llamar a la Policía.

Pablo Planas
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Ignacio Echeverría no se escondió ni llamó a la Policía. Testigos del último atentado de Londres afirman que corrió a defender a una mujer, que se enfrentó a un terrorista y que la última vez que lo vieron estaba tendido en la acera. Las autoridades británicas han tardado más de tres días en confirmar que es una de las víctimas mortales de los tres asesinos islamistas que el pasado sábado por la noche salieron de caza en nombre de Alá.

Tras el atentado de la sala Bataclan en París, los diversos servicios de seguridad británicos concordaron un protocolo de actuación basado en tres principios: run, hide, tell; corre, escóndete, llama. Es la recomendación del ayuntamiento de la capital británica en el caso cada vez más recurrente de ataque terrorista. Ignacio Echeverría no hizo caso o, mejor dicho, sólo cumplió el primer precepto, pero en dirección contraria y en defensa ajena. Corrió para salvar una vida en vez de salvar la suya, huir, agazaparse y, tras garantizarse el resguardo, avisar a la Policía, tal como aconsejan las fuerzas de seguridad del Reino Unido.

Echeverría era un abogado de 39 años que trabajaba en la City para el HSBC como experto en prevención de blanqueo de capitales. Regresaba a su casa tras hacer deporte cuando fue asesinado por plantar cara a los terroristas en lugar de correr, esconderse y llamar a la Policía. Mientras este hombre luchaba, otras personas conseguían escapar de los criminales y la Policía ganaba tiempo en su carrera hacia al lugar de la matanza.

Hasta ayer, una de las frases de camiseta en inglés más populares era "Keep calm and carry on", pero no es cierto que las calles de Londres estuvieran empapeladas con carteles llamando a la calma y a seguir adelante como si tal cosa cuando la aviación alemana arrojaba bombas sobre Inglaterra en la Segunda Guerra Mundial. Esa campaña propagandística se quedó en un cajón y no fue aireada y viralizada hasta principios de este siglo.

La flema inglesa tiene mucho de leyenda urbana, si bien es cierto que Churchill habló en la Cámara de los Comunes de sangre y sudor en su discurso de investidura tras sustituir a Neville Chamberlain días antes del desastre de Dunkerque. "I have nothing to offer but blood, toil, tears and sweat", dijo. "Nada puedo ofrecer más allá de sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor". Dado que esfuerzo y sudor son lo mismo y la eufonía suele responder a la lógica, la destilación de la frase fue "sangre, sudor y lágrimas", fluidos corporales en orden de su importancia para la existencia.

Ante la contraseña churchilliana, el "corre, escóndete y llama a la pasma" de esta Tercera Guerra Mundial no es un golpe del terrorismo islámico al corazón de las sociedades libres, sino en su cerebro, en su conciencia y moral; un insulto a la memoria de los muertos en ataques terroristas, a quienes se maltrata como víctimas cuando muchos de ellos merecerían el recuerdo de héroes.

Theresa May se enfrenta este jueves a las urnas tras casi un año de premier y seis como ministra de Interior de la Gran Bretaña. A primera vista, el balance en los ámbitos de su competencia es un desastre. Ni siquiera ha sabido acuñar una frase. Convocó elecciones porque las encuestas le otorgaban una gran ventaja frente a su rival, el laborista Jeremy Corbyn, y quería reforzar su figura para negociar el Brexit.

Igual que David Cameron cuando convocó el referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea, May creía que anticipar las elecciones convenía a su posición. En medio de la batalla, es incapaz de distinguir un soldado de una víctima. Su rival, el laborista Jeremy Corbyn, tampoco, pero no es el responsable de la catástrofe y denuncia que los conservadores han reducido la plantilla policial en veinte mil efectivos. Inglaterra resume el drama de Occidente. Unos recomiendan llamar a la Policía y otros se quejan de que falta policía mientras se comprueba si el cuerpo de Ignacio Echeverría se corresponde al cuerpo de Ignacio Echeverría.

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