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Escalada de violencia separatista en Cataluña

¿A quién se le ocurre ponerse una camiseta de España en Barcelona? Es que van provocando.

Pablo Planas
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El proceso cívico, pacífico y festivo, la revuelta de las sonrisas, el derecho a decidir y todo el mondongo hediondo separatista muestran los colmillos. En un par de meses, los pacifistas de Cocomocho, Cocoliso, el Astuto y las chicas de las copas menstruales se han puesto de los nervios y han vuelto a sus orígenes: el marcaje al disidente, el hostigamiento al refractario, el palo al contestatario. El procés declina y en la misma medida aumenta la violencia, que ya no es simbólica, sino real.

En los dos últimos meses, unos energúmenos con estelada amenazaron con navajas a un grupo de estudiantes de Sociedad Civil Catalana (SCC) que había instalado una carpa informativa en el campus de la Universidad Autónoma. El rector se ha negado a condenar las amenazas. Desde mediados de mayo, otro grupo de separatistas se ha atrincherado en el rectorado de la Universidad de Lérida para exigir que se expulse a la profesora Inma Manso, que a su vez es la subdelegada del Gobierno en la provincia. Prosiguen los ataques y escraches a las sedes del PP y de Ciudadanos en Cataluña, que día sí y día también amanecen con los cristales rotos y pintadas amenazadoras.

Al expresidente de SCC, Josep Ramon Bosch, le han marcado la vivienda con la pintada "Fora fatxes". A un vecino de Vich que tuvo la osadía de colgar una bandera de España en su balcón le lanzaron huevos podridos y pintura negra el pasado jueves. El sábado, cinco individuos, dos de los cuales ya están identificados, pero no detenidos, patearon a dos muchachas ataviadas con la camiseta de la selección nacional en Barcelona y les robaron sus pertenencias al grito de "Putes espanyoles!". Atendían una paradeta en apoyo de la selección nacional de fútbol. La Vanguardia del grande de España Godó (La Bandurria en el argot barcelonés) ha dedicado al suceso seis líneas en un breve bajo el epígrafe Fútbol de su sección de Deportes.

¿Qué más tiene que pasar para que los partidos catalanistas condenen la violencia? Ni Puigdemont, ni su padrino Mas, ni el oso moroso de Junqueras, ni el mentecato Rufián (candidato al Congreso por ERC), ni Mikimoto (gorrón de TV3 y aspirante a senador por el partido del 3%), ni Iceta, el simpático líder que ha retornado el PSC al redil del soberanismo, se han dignado a referirse a la cuestión, ni mucho menos a llamar a la contención. ¿A quién se le ocurre ponerse una camiseta de España en Barcelona? Es que van provocando.

Tampoco las feministas organizadas han dicho ni pío, y eso que las víctimas fueron apaleadas por cinco maromos que les tiraron del cabello y al suelo, les dieron puñetazos y patadas y les insultaron con todo un arsenal de improperios machistas. Pilar Rahola, Carme Forcadell, Anna Gabriel, Marta Rovira y Ada Colau se han callado como arpías o como el epíteto que ustedes prefieran. Da más asco que miedo. El próximo sábado habrá otras dos carpas en Barcelona en favor de la selección. Ahí nos vemos.

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